.

 

 

• Matthew 7:24-27

 

El Evangelio de hoy nos desafía a actuar ante la Buena Noticia. ¿Sobre qué precisamente está edificada toda tu vida? Tu corazón o alma son tu centro, el lugar donde eres más auténtico y profundamente tú mismo. Ese es tu punto de contacto con Dios. Allí encontrarás la energía que afianza y conforma todas las otras áreas de tu vida: física, psicológica, emocional, de relación y espiritual. Como tal, es la dimensión más importante y elusiva de quién eres.

Si estás enraizado en Dios al nivel de tu corazón y alma, entonces estarás siguiendo las intenciones y mandatos de Dios, y puedes soportar cualquier cosa. Pero esto no quiere decir que si seguimos los mandatos de Dios, las tormentas y borrascas no vendrán.

En la parábola de Jesús, ambos constructores —el que sigue los mandatos de Dios y el que no— experimentan la lluvia y las inundaciones que simbolizan todas las pruebas y tentaciones y dificultades del exterior de tu vida. Si en el mismo centro de tu vida estás vinculado a Dios, las tormentas y borrascas vendrán, pero no te destruirán.

Y nuestra vida también puede ser así, cuando mis cimientos no son fuertes. Viene la tormenta -y todos tenemos tormentas en la vida, todos, desde el Papa hasta el último, todos- y no podemos resistir. Y muchas dicen: “No, voy a cambiar de vida” y piensan que cambiar de vida es maquillarse. Cambiar la vida es cambiar los cimientos de la vida, es decir poner la roca que es Jesús (…) No podemos construir nuestra vida sobre cosas pasajeras, sobre apariencias, sobre pretender que todo está bien. Vamos a la roca, donde está nuestra salvación. Y allí todos seremos felices. Todos. (Homilía de Santa Marta, 5 de diciembre de 2019)

 

 

Eloy, Santo

Obispo, 1 de diciembre

Martirologio Romano: En Noyon, de Neustria, san Eloy, obispo, que siendo orfebre y consejero del rey Dagoberto, edificó monasterios y construyó monumentos a los santos con gran arte y elegancia, y más tarde fue elevado a las sedes de Noyon y Tournai, donde se dedicó con gran celo al trabajo apostólico († 660) .

Breve Biografía

El hijo de Euquerio y de Terrigia parece que desde el comienzo de su existencia estuvo bajo el signo de la predilección divina. Así lo asegura la leyenda de su vida. Despierto de inteligencia y hábil en el empleo de sus manos. Aprendiz de platero de los de antes, es decir, de los que tienen que martillear el metal para sacarle de las entrañas la figura que el artista tiene en su mente.

Tanta destreza adquirió que el rey Clotario II, su hijo Dagoberto luego y su nieto Clovis II después, lo tuvieron como propio en la corte para los trabajos que en metales preciosos naturalmente necesitan los de sangre azul que viven en palacios y tienen que solventar compromisos sociales, políticos y hasta militares con sus iguales.

Pero lo que llamó poderosamente la atención de estos principales del país galo no fue sólo su arte. Eso fue el punto de arranque. Luego fue el descubrimiento de su entera personalidad profundamente honrada. Un hombre cabal. De espíritu recto. Cristiano más de obras que de nombre. Piadoso en su soledad y coherente en la vida. Prudente en las palabras y ponderado en los juicios. Un sujeto poco frecuente en sus tiempos atiborrados de violencia.

El rey Dagoberto, considerando los pros y contras, pensó que era el hombre ideal para solucionar el antiguo contencioso que tenía con el vecino conde de Bretaña, lo envió como legado y acertó en la elección por el resultado favorable que obtuvo. No es extraño que Eloy o Eligio pasara a ser solicitado como consejero de la Corona.

Aparte de sus sinceros rezos privados y del reconocimiento de su indignidad ante Dios —cosa que le dignificaban como hombre—, supo compartir con los necesitados los dineros que recibía por su trabajo. Patrocinó la abadía de Solignac, a sus expensas nacieron otros en el Lemosin y, en París, la iglesia de San Pablo.

No es sorprendente que al morir el obispo de Noyon y de Tournay, el pueblo tuviera sensibilidad para desear el desempeño de esa misión a Eloy y, menos sorprendente aún, que el rey Clovis pusiera toda su influencia al servicio de esa causa. Casi hubo que forzarle a aceptar. Ordenado sacerdote y a continuación consagrado obispo, se dedicó a su misión pastoral con el mejor de los empeños en los diecinueve años que aún el Señor le concedió de vida. Fueron frecuentes las visitas pastorales, se mostró diligente en el trato con los sacerdotes, se tiene por ejemplar su disciplina de gobierno y esforzado en la superación de las dificultades para extender el Evangelio allí donde rebrotaba la idolatría pagana o echaban raíces los vicios de los creyentes. Hasta estuvo presente en el concilio de Chalons-sur-Seine, del 644.

Este artífice de los metales nobles y de las gemas preciosas que no se dejó atrapar por la idolatría a las cosas perecederas ha sido adoptado como patrono de los orfebres, plateros, joyeros, metalúrgicos y herradores. Ojalá los que asiduamente tienen entre sus manos las joyas que tanto ambicionan los hombres sepan sentirse atraídos por los bienes que no perecen.

 

 

Edificada sobre roca

Santo Evangelio según san Mateo 7, 21.24-27.

Jueves I de Adviento

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Jesús, gracias por este momento que me regalas para estar en tu presencia. Vengo ante ti cargado de muchas cosas. Tú sabes por dónde caminaron mis pies. Conoces muy bien las heridas que hay en mi corazón. No quiero ocultarte nada. Deseo derramar todo mi pasado en tus manos. Todo lo que he sido, soy y seré, lo pongo en tu corazón. Tú me amas así como soy. Dame la gracia de experimentar ese amor que me tienes de tal manera que Tú me conviertas en un signo viviente de tu amor por los hombres. Amén.

Evangelio del día (para orientar tu meditación)

Del santo Evangelio según san Mateo 7, 21.24-27

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «No todo el que me diga: ‘¡Señor, Señor!’, entrará en el reino de los cielos, sino el que cumpla la voluntad de mi Padre, que está en los cielos.

El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica, se parece a un hombre prudente, que edificó su casa sobre roca. Vino la lluvia, bajaron las crecientes, se desataron los vientos y dieron contra la casa; pero no se cayó, porque estaba construida sobre roca.

El que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica, se parece a un hombre imprudente, que edificó su casa sobre arena. Vino la lluvia, bajaron las crecientes, se desataron los vientos, y dieron contra aquella casa y la arrasaron completamente».

Palabra del Señor.

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

Muy querida alma:

Te he dicho que quien escucha mis palabras y las vive, es como quien construye su casa sobre roca.

No te he dicho que quien escucha mis palabras y las practica no tendrá ninguna dificultad y será como una casa mansión de película donde siempre brilla el sol y nunca cambia el clima. No. Sé de sobra que la vida es difícil y hay momentos duros en donde las aguas se desbordan y todo parece estar en tu contra.

No temas. Ven a Mí. Haz de Mí tu roca, tu soporte. Confía en Mí. Por más terribles que parezcan los vientos, por mucho que crezcan las aguas, no dejes de confiar en Mí, de escuchar mi voz y de encarnarla en tu vida diaria. Te amo. Nunca dejaré de hacerlo. NUNCA. No te dejaré solo… yo he estado, estoy y estaré contigo… si tú me lo permites…
Ven. Aquí te espero.
Att. Jesús.

«Dios no es un ser lejano y anónimo: es nuestro refugio, la fuente de nuestra serenidad y de nuestra paz. Es la roca de nuestra salvación, a la que podemos aferrarnos con la certeza de no caer; ¡quien se aferra a Dios no cae nunca! Es nuestra defensa del mal siempre al acecho. Dios es para nosotros el gran amigo, el aliado, el padre, pero no siempre nos damos cuenta. No nos damos cuenta de que nosotros tenemos un amigo, un aliado, un padre que nos quiere, y preferimos apoyarnos en bienes inmediatos que nosotros podemos tocar, en bienes contingentes, olvidando, y a veces rechazando, el bien supremo, es decir, el amor paterno de Dios. ¡Sentirlo Padre en esta época de orfandad es muy importante!». (Homilía de S.S. Francisco, 26 de febrero de 2017).

Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Hoy buscaré vivir la caridad en mi vida cotidiana ayudando a alguien de manera oculta.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

 

 

¿Se puede vivir hoy el Reino de Dios?

Fueron sólo doce los que cambiaron la historia de la humanidad ¿Cómo es posible que los cristianos no podamos cambiar el mundo de hoy?

 

En el mundo tecnológico e individualista de hoy, ¿es posible meter la nariz en el Reino de Dios? Parecería que era más fácil en aquel mundo de aquella Galilea que caminó Jesús.

A Jesús no le importaba lo que el pagano de su tiempo pensaba de ÉL, si le importaba saber lo que pensaban los que le seguían. Sus palabras sembraban admiración en los que lo seguían y también odios en los que no creían. ¿No ocurre lo mismo en el día de hoy?

No será, que igual que en aquellos tiempos, hay demasiados licenciados que solamente creen viable su saber y lo que se puede tocar o paladear?

Ya que hablamos de cantidad, bueno será recordar que fueron doce los que cambiaron la historia de la humanidad. Hoy en el mundo son casi dos mil millones los cristianos, ¿cómo es posible que no se pueda cambiar el mundo de hoy? ¿No será que hemos complicado el vivir el Reino de Dios?
En aquellos tiempos la vivencia era lo que desparramó la fe. Aquellos doce vivían lo que creían, los que veían lo que vivían, creían también y esto explicaría en donde está la diferencia. Un puñado de personas en pocos decenios fue capaz de transformar el mundo conocido.

Recordemos que los cristianos de hoy seguimos alimentándonos de la alegría de aquellos cristianos que morían cantando mientras un león se les zampaba una pierna. Hoy no hay leones como aquellos, pero sigue habiendo cristianos que mueren cantando en países del medio oriente, en África ayudando a enfrentar el Ébola. Son los leones de hoy, son diferentes, pero sigue habiendo leones.

No podemos pretender que todos tengan esta sublime entrega por lo que creen, pero para estar en el Reino de Dios hay muchos caminos. Cada uno de nosotros puede descubrir en qué nivel estás, ¿en qué peldaño de tu fe estás? Todos pueden ser testigos de lo que creen.

Si un cristiano, vive en cristiano, su luz ilumina a todos, incluso a aquellos que no conocen la gramática para hablar con Dios.

Ayudando, participando, estando, es un hablarles de Dios, sin decir una sola palabra. Viviendo haciendo el bien es una manera de llenar el alma. No hay nada que pese tanto como un cuerpo con el alma vacía.

¿Qué les decía Jesús cuando les explicaba que el Reino de Dios, ya había llegado? El Reino de Dios es todo aquello que tú hagas por el otro. Por eso les decía que ya había llegado el Reino. Todos podían ser parte del Reino.

¡Cómo cambiaría el mundo si solamente una parte de los casi dos mil millones de creyentes, estuvieran dispuestos a estar en el Reino de Dios!

Hay que imitar al Papa Francisco en su humildad y sencillez y volver a las fuentes del nacimiento del cristianismo: hay que meter la nariz en el Reino de Dios, hay que querer estar. ¿Cómo? Mirando a tu alrededor. No es necesario irse lejos. Tu barrio también te necesita.

Es muy buen negocio prestar atención a lo que necesita ayuda:

Las últimas investigaciones en la Universidad de Harvard están demostrando que la mejor y única manera de obtener la felicidad, es buscar la felicidad de los otros, en lugar de la propia.

 

 

Los románticos se equivocaron en casi todo. Fue un error su instinto por buscar en la soledad la inspiración de todas las cosas importantes, en lugar de buscar la innovación resultante del contacto con los otros. (Eduardo Punset autor de “Viaje al amor”)

Y sigue lo bueno de esta actitud: Para estar alegre no hay nada mejor que ayudar a otros, nos dice Javier Iriondo ex pelotero vasco que desde las cenizas de su existencia, renació a la vida.

¿Tu vida está llena de tristeza? Sigue el consejo de Iriondo.

Su actitud encaja a la perfección con aquellas palabras del Pobre de Asís: es dando que uno recibe.

 

Seguro que encontrarás algún dolor que aliviar, alguna situación que podrás contribuir a moderarla, un consejo que dar, un apoyo que ofrecer, una presencia que reconfortará. El Reino de Dios es tan amplio y abrazante que todos tienen cabida. Cada uno debe encontrar el cómo, con quién, cuándo y dónde.

Y si quieres hacerlo más sencillo y no quieres mirar alrededor tuyo, limítate a decirle al Señor, que simplemente te atreverás a decirle “si” y el mismo Dios pondrá delante de tu nariz el donde y con quién.

Dios no manda cosas imposibles, sino que, al mandar lo que manda, te invita a hacer lo que puedas, pedir lo que quieras y te ayudará para que puedas. (San Agustín)

 

Y cuando esto suceda y siempre sucede, piensa que si Dios te lo pone por delante, es que puedes y que donde tú no llegues, Dios siempre termina arreglándolo a su manera, que para eso es Dios.

Y no me vengas a salir con alguno de los tantos “peros” frecuentes que usan múltiples creyentes: pero yo no sirvo, pero yo nunca lo hice, pero yo no sé, pero yo no tengo tiempo, pero yo no podré. El mundo está lleno de cristianos del” pero”

Las virtudes de cualquier persona suelen nacer de su misma esencia. Es evidente que el transcurrir del tiempo y la asimilación de experiencias sea lo que marquen aún más la manera de ser.

 

Es lo que podríamos llamar el acercamiento a la madurez. La construcción máxima de nuestra manera de ser, acaba siendo la evolución de la esencia a través de nuevas experiencias. Es la suma de un conocimiento interior junto a un aprendizaje exterior que se acaba interiorizándose en nosotros.

Por lo tanto, parece evidente que es muy importante conocer qué es aquello del exterior que merece cobrar protagonismo en nuestra vida porque reflexionándolo acaba enriqueciendo la esencia.

Y ahí residen seguramente las decisiones más cruciales de cada uno de nosotros, porque habremos optado en incorporarlas a nuestra manera de ser.

 

Si uno acaba optando por la desconfianza, la maledicencia y el negativismo, uno acaba alejándose de todo el potencial de bien que hay en cada uno. En cambio si uno es capaz de convivir con sus experiencias positivas acaba convirtiéndose en un sabio. (Joan Galobart)

Cuando uno se acerca a su madurez espiritual es cuando desde la esencia de cada uno está maduro para entrar y entender el Reino de Dios.

La madurez es el arte de vivir en paz con lo que es imposible cambiar.

Cuando envejecemos la belleza se convierte en cualidad interior. (Ralph W. Emerson)

Para el profano, la tercera edad es el invierno. Para el sabio, es la estación de la cosecha, que la reparte desde la palabra y desde actitudes de vida.

Es cuando la comprensión ocupa el primer lugar de su ser.

No es un viejo. Podrá tener años encima de sus huesos, pero es un viejo joven.

A esta altura de la reflexión, que mi hermano en la fe y amigo Miguel me sugirió que la hiciera, quizás más de uno pensará, ¿este que escribe siempre fue así? No, Salvador no era así, no pensaba así. ¿Qué pasó entonces?

Hay un refrán que dice: “No hay mal que por bien no venga”

¡Qué sabios que son los refranes, cuánta sabiduría hay en ellos!

A la mitad de mi vida un cáncer casi me saca de este mundo. Aquellos meses, quizás un año de vida que el médico me dio, se han convertido en más de 40 años de poderlo contar.

Mentiría si dijera que viví de cerca la muerte. No, nunca la tuve cerca. Sabía que podía recibir su visita, pero nunca sentí su cercanía.

Cada mañana afeitaba mi escuálida cara y empezó a rebotar en mí rostro una frase que muchas veces había oído, pero nunca la había escuchado, nunca le había prestado atención:” busca el Reino de Dios; lo demás se te dará por añadidura”

 

 

Un día decidí que no me quería morir sin saber si la frase era cierta. Tomé mi agenda de trabajo y la partí con una línea. La parte de arriba sería lo prioritario en mi vida, es decir el Reino de Dios. La parte de abajo mi trabajo cotidiano para seguir comiendo en este mundo.

¿Y qué pasó? Pasó que las dos partes se llenaron por igual. Ni siquiera me tenía que preocupar en buscar. Solamente tenía que decir si a lo que se iba presentando. ¡La de cosas que viví! ¡Qué gran aventura es tener a Dios de socio! Eso sí, hay que atreverse. No siempre eran cómodas. No siempre era fáciles ensamblarlas.

¡La de situaciones diversas que uno llega a vivir! Gracias a ellas uno siempre termina creciendo en el creer.

Creo que si actuamos haciendo el bien, podremos estar en la lista de espera si el Cielo existe. Y si no existe, habremos tenido nuestro propio Cielo aquí en la Tierra. (Felipe Cubillos)

¡Atrévete a ser parte del Reino de Dios! Eso sí, recuerda que tu primer otro, es aquel que duerme contigo.

 

 

Diciembre mes para compartir

A veces un abrazo puede ser el mejor de los regalos…. ¡no lo olvidemos ! Y nada será más hermosos si lo que damos, lo damos con alegría y amor

 

 

Entramos ya en el mes de diciembre.

Es el último mes del año. Diciembre es un mes con alegría de fiestas, de música navideña, de campanitas y cascabeles, regalos y vacaciones. Pero también es un mes que llega, para los que ya somos adultos, con un agridulce sabor, no tanto en la boca como en el corazón.

Es un mes familiar y de hogar, pero no siempre están todos en la familia ni en el hogar. También es un mes en que los días se nos escapan como viento con prisa y aligerado. Empezamos a sentir como una inquietad, como una urgencia, porque hay muchas cosas por hacer, por preparar, por adquirir : regalos y comprar navideñas, algún detalle para la casa con motivos a esta festividad, la cena, los turrones… etcétara, etcétera…. Total que perdemos la calma y la tranquilidad. Malo es eso, porque nos embarullamos y al final todo son prisas y apuros…

 

Preparemos las cosas con tiempo y orden para que esto no suceda. Es muy importante, que aunque todo a nuestro alrededor sea y se sienta un tanto alocado : la música, el tráfico, las compras, la agitación de las personas en su ir y venir por las calles y tiendas, …nosotros sepamos conservar una calma interior, una paz que no logre alterarla todos estos signos exteriores.

Si perdemos la tranquilidad, el nerviosismo aumentará y si querer ni darnos cuenta se lo transmitiremos a los que nos rodean. Y precisamente este tiempo es para compartir, pero compartir alegría, serenidad y paz.

Damos lo que tenemos adentro, hablamos lo que pensamos y reaccionamos ante esta o aquella situación según el dictamen de nuestro corazón unido a nuestro temperamento. Es por eso que debemos procurar que en nuestro interior haya calma y sosiego.

Preparémonos con el ánimo sereno para que este mes no nos arrastre y nos atrape el consumismo. Busquemos más amor y la armonía familiar que los regalos costosos y muchas veces superfluos.

Preparemos nuestro corazón para abrir las puertas de nuestra casa y de nuestra existencia al Dios que viene a la Tierra haciéndose el más pequeño y humilde de los hombres.

 

 

Vivamos todo este mes de diciembre haciendo conciencia por los que nada tienen, por los que careen hasta de lo más necesario y seamos generosos ampliamente y sentiremos el gozo auténtico y verdadero que nos da el saber y poder compartir

A veces un abrazo puede ser el mejor de los regalos…. ¡no lo olvidemos ! Y nada será más hermosos si lo que damos, lo damos con alegría y amor.

 

El «tuareg universal»: Carlos de Foucauld y su rica herencia

«Dios mío, si existes, haz que te conozca», repetía, ¡y parece que lo logró!

 

 

El 1 de diciembre se conmemora el aniversario de la muerte violenta de Carlos de Foucauld en Tamanrasset (Argelia) donde vivía en medio del pueblo tuareg.

Si tuviéramos que referirnos en pocas palabras a la relevancia de Foucauld, diríamos que ha sido un hombre que siguiendo a su querido Señor Jesús, se ha enraizado en el corazón de la misión de la Iglesia, ha sabido captar la paciencia de Dios en la realización de sus planes, y, en medio de un mundo que no conoce a Jesús, ha querido ser un Evangelio viviente, encarnándose plenamente en su ambiente, interesándose por el progreso humano y practicando el apostolado de la bondad.

Te puede interesar: Charles de Foucauld, una extraña flor nacida en un desierto

Apostolado de la bondad

Carlos de Foucauld va descubriendo el plan de Dios en el hoy concreto de su existencia y nos ofrece a todos nosotros una llamada «misionera», ya en tierras de otras creencias, ya en tierra de total increencia.

No tanto al estilo de Francisco de Asís, que gritaba el Evangelio por las calles y plazas, o como Jesús en Palestina, sino al estilo de Jesús en Nazaret, siendo Evangelios vivientes, practicando el apostolado de la bondad y colaborando en el desarrollo integral de las personas con las que compartimos comunidad de destino.

Así lo hizo Foucauld con su trabajo científico al realizar el diccionario tuareg-francés y recoger las tradiciones del pueblo con el que se identificó, a sabiendas de que ahora vamos abriendo caminos nuevos, en medio de terrenos inhóspitos, con la confianza y la esperanza de que «quizás tras siglos» nazca la Iglesia allí dónde estamos encarnados, al estilo de Jesús de Nazaret.

¿Quién era Carlos de Foucauld?

 

 

Carlos de Foucauld nació el 15 de septiembre de 1858 y murió asesinado el 1 de diciembre de 1916 cuando tenía poco más de cincuenta y ocho años. Se puede decir que estaba en la etapa de madurez de su vida.

Ya a los 43 había iniciado su opción fundamental instalándose en Beni-Abbés, en el corazón del Sáhara argelino. Allí se da cuenta de que hay una multitud de personas por evangelizar y un ministerio muy importante que realizar.

Pero durante los años que pasa en este oasis del desierto va experimentando una nueva transformación. Sale de su clausura.

Galería fotográfica

 

Acepta con sencillez los acontecimientos que van contra lo que siempre había creído que era la voluntad de Dios y se deja llevar por las circunstancias, que son manifestación de la voluntad divina.

Un tuareg más

Así, esta obediencia al momento presente le conduce a los tuareg, «los hombres azules del desierto», instalándose en medio de ellos el año 1905 en Tamanrasset.

Once años convivirá con ellos, siendo uno de tantos, aprendiendo su lengua, sus costumbres, etcétera con ánimo evangelizador, aunque apenas sea realizando gestos de bondad.

Foucauld se decidió pronto por el léxico, reuniendo los elementos para realizar una gramática y un diccionario.

Recogió textos en prosa, poesías, y preparó un gran diccionario, una verdadera enciclopedia del Hoggar y de los tuareg.

 

Tuvo una gran alegría haciendo este trabajo, pero su móvil profundo era su amor al mundo tuareg y el deseo de favorecer la comunicación entre estos y los franceses.

Su vida no ha sido, como algunos han dicho «una sucesión de movimientos dispersos», sino un movimiento siempre más profundo que le hace ir adaptándose e inventar.

No hay diferentes carismas de Foucauld. Su carisma es uno, y muchos lo viven acentuando más el Evangelio, la Eucaristía o la Evangelización pero todos a la manera de «Nazaret«.

El principio

 

 

Carlos de Foucauld nace en Estrasburgo el 15 de septiembre de 1858 en el seno de una familia rica y cristiana. Desde los seis años conoce lo que es ser huérfano de padre y madre.

Como consecuencia de esto ha de ir a vivir con su abuelo, el coronel Morlet, que lo quiere con ternura.

De él recibirá los dones de la simpatía y de la generosidad, el amor por la familia, el país y también el amor al estudio, el silencio y la naturaleza.

Conoce el padecimiento de la guerra de 1870 y la invasión de su ciudad. Con su familia se refugia en Nancy, donde prosigue sus estudios y donde, con gran fervor, realiza su primera comunión.

Le sostiene la fe de su familia, sobre todo de su abuelo y su prima María, a quien admira mucho.

En 1874 se matricula en Santa Genoveva de París para sus estudios, viviendo en régimen de pensionado en los Jesuitas. Como quiere ser militar, entra en la escuela de Saint Cyr.

En búsqueda

Son años de despreocupación. No trabaja, trae una vida solitaria, pierde el tiempo, anda vagando, se entretiene con obras literarias y no encuentra sentido a la vida.

Con gran pesar, a los 19 años pierde su abuelo, a quien admiraba mucho por su inteligencia y su ternura. Algo se rompe en él y su vida va a la deriva.

De desesperación se abandona, se deja estar, va de fiesta en fiesta, malgastando la herencia de su abuelo. Su familia está muy triste.

A pesar de todo, acaba sus estudios en la escuela de Caballería de Saumur. Tiene veinte años y hace una carrera corta en el ejército, porque a los 24 años renuncia a este para ir a explorar Marruecos.

Para este viaje se prepara estudiando el árabe en Argel (Argelia) y aprende todo lo que ha de utilizar para este proyecto. Se pone en contacto con el rabí Mardoqueo, que acepta guiarlo disfrazado de judío.

Realiza una verdadera expedición científica, de tres mil kilómetros de recorrido, con mucho éxito, y la Sociedad de Geografía de Francia le concede la medalla de oro.

El gran giro de su vida

 

 

El viaje a Marruecos lo conquista. Le conmueve la hospitalidad de la gente, su fe en Dios manifestada públicamente y su oración. Pero interiormente no se siente satisfecho.

De vuelta en París, empieza a entrar a la iglesia, donde pasa largas horas repitiendo esta oración: «Dios mío, si existes, haz que te conozca«.

Su prima le aconseja ir a visitar al padre Huvelin, vicario de la parroquia de san Agustín, que resultará un encuentro decisivo en la vida de Foucauld.

Este le pedía lecciones de religión y Huvelin le hizo arrodillarse y confesarse, para después darle la comunión.

Unas palabras del padre Huvelin, pronunciadas durante uno de sus sermones, le impactaron: «Nuestro Señor tomó de tal manera el último lugar, que nadie se lo puede arrebatar».

A partir de entonces tan sólo piensa en seguir a Jesús pobre.

Huvelin le aconseja una peregrinación a Tierra Santa, que le ayude a descubrir el rostro concreto de Jesús.

Lo encuentra en Jerusalén y en el Calvario. Pero en Nazaret toma conciencia de la importancia de la vida oculta de Jesús que vivió la mayor parte de su vida como un pobre artesano de pueblo.

A partir de entonces Nazaret permanecerá como una búsqueda constante de la imitación de Jesús que lo irá llevando cada vez más lejos. En una carta a su amigo Henry de Castries afirma:

«Tan pronto creí que había un Dios, entendí que no podía hacer otra cosa que vivir en Él: mi vocación religiosa nace en el mismo momento que mi fe: Dios es tan grande. Hay tanta diferencia entre Dios y todo el que no es Él…».

El 15 de enero de 1890 entró a la Trapa de la Virgen de las Nieves en Francia, tomando el nombre de Mará-Alberico. Meses más tarde, fue enviado a la Trapa de Akbés, en Siria.

Allí se encuentra muy bien, apreciando el trabajo manual que le acercaba a Jesús de Nazaret.
Pero empujado por la búsqueda apasionada por imitar Jesús de Nazaret, dejó la Trapa en febrero de 1897.

De Nazaret al Sáhara

Animado por el padre Huvelin, marcha a Tierra Santa al lugar dónde Jesús vivió, por llevar una vida escondida.

Durante tres años fue servidor del Monasterio de las Clarisas de Nazaret, viviendo pobremente en una cabaña.

Allí pasó muchas horas de adoración silenciosa meditando las Escrituras.

Hasta ahora no había querido ser sacerdote, porque temía alejarse de la pobreza y del último lugar.

Pero acepta ser ordenado a los cuarenta y tres años, por llevar a Jesús a los más abandonados.

En una carta escrita a Henry de Castries, le dice:

«No se trata, por ahora, de convento; mucho menos de predicación, ni de idas y venidas, sino de establecerme en un lugar francés del Sáhara sin sacerdote, vivir allí sin título oficial de ninguna clase, como sacerdote libre, yendo cada día a la enfermería a consolar los enfermos, traerles los sacramentos, velarlos y enterrarlos cristianamente si mueren».

Va al Sáhara y se instala en Beni Abbés (Argelia), cerca de la frontera en Marruecos, país en el que pensaba residir cuando las circunstancias fueran propicias.

En una carta a Monseñor Guerin cuenta como transcurren allí sus días:

«Los pobres soldados vienen siempre a mí. Los esclavos llenan la casa que se les ha construido. Los viajeros vienen derechos a la ‘Fraternidad’. Los pobres abundan… Todos los días hay huéspedes para comer y dormir, etc.».

Durante el año 1902 no cesa de denunciar ante las autoridades la injusticia de la esclavitud. En una carta al padre Martin afirma:

«Hace falta querer la justicia y odiar la iniquidad, y cuando el gobierno comete una gran injusticia contra aquellos que tenemos a nuestro cargo, hace falta decírselo… no tenemos derecho a ser centinelas dormidos o perros mudos o pastores indiferentes«.

En junio de 1903, su amigo el coronel Laperrine, le cuenta el bello testimonio de una mujer tuareg que, tras una batalla, se opuso a que mataran a los soldados heridos, cuidándolos ella misma, y haciendo que los repatriaran a Trípoli.

Carlos de Foucauld, sorprendido por este gesto y pese a que le cuesta dejar Beni-Abbés, siente la llamada hacia los tuareg, que para él son los más abandonados.

Al país tuareg del Hoggar en el sur de Argelia

 

 

Atento a los acontecimientos, parte hacia el Hoggar el 13 de enero de 1904.

Después de un largo viaje por el desierto, descubre a los tuareg y es aceptado por Moussa Ag Amastane, jefe de la tribu del Hoggar, instalándose en Tamanrasset, donde crecerá la amistad entre ambos a lo largo de los años.

Hace grandes recorridos conociendo a la gente en su vida y participando en ella. Aprende su idioma e inicia un gran trabajo lingüístico por respeto y amor a su cultura.

El hermano Carlos transcribe los poemas que se cantan durante la noche alrededor del fuego, y en donde se transmite el alma del pueblo tuareg.

Mira a todos como hermanos, conviviendo con ellos y formando parte de su familia. De todas partes vienen a pedirle consejo.

Comprende que sus amigos aspiren a tener mejores condiciones de vida y trata de ayudarlos.

Durante el hambre de 1906/1907, comparte todo lo que tiene y cae muy enfermo. Los tuaregs lo cuidan ofreciéndole algo de leche de cabra, que han de ir a buscar muy lejos.

A partir de este cambio de situación, la amistad entre los tuaregs y el hermano Carlos se profundiza.

Fundador

Hacía mucho tiempo que quería fundar una familia religiosa, pero está solo. En su diario de 1909 encontramos este texto:

«Mi apostolado tiene que ser el apostolado de la bondad. Viéndome tienen que decirse: Puesto que este hombre es tan bueno, su religión debe ser buena. Y si me preguntan por qué soy manso y bueno, debo decir: porque soy el servidor de alguien que es más bueno que yo. ¡Si supieran qué bueno es mi maestro Jesús!…

Yo querría ser lo suficiente bueno para que se diga: si así es el servidor, ¿cómo tiene que ser el Maestro?».

El hermano Carlos va a Francia tres veces. Ve su familia y constituye una asociación denominada Unión de hermanos y hermanas del Sagrado Corazón, que tenía los siguientes objetivos, tal y como se puede ver en el texto que Foucauld dejó con el nombre de Consejos Evangélicos o Directorio:

1. Vida evangélica imitando al “Modelo Único”
2. Vida Eucarística, desarrollando el sentido del sacramento del amor
3. Vida apostólica, por la vía de la bondad en medio de los más necesitados.

Si el grano de trigo no cae en tierra…

 

 

Las repercusiones de la primera guerra mundial llegan hasta el Hoggar. La violencia y la inseguridad dominan estas regiones. Durante la mañana del 1º de diciembre de 1916 escribe a su prima:

«Nuestra abyección es el hecho más poderoso que tenemos para unirnos a Jesús y hacer bien a las almas».

Al atardecer del mismo día, durante una operación de los rebeldes sinusitas, se deja coger sin resistencia y lo matan al ver llegar a dos soldados franceses que traían el correo.

En contra de su propia voluntad, ya que quería ser enterrado donde muriera, algunos años después, el 18 de abril de 1929, los restos del «tuareg universal», excepto el corazón depositado en un cofre que quedó a Tamanrasset, fueron trasladados a El Golea, a los pies de la primera iglesia de los Padres Blancos en el Sáhara.

A más de mil kilómetros de distancia, hacia el norte, y a 950 kilómetros de Argel.

El domingo 13 de noviembre de 2005 fue beatificado en Roma por el papa Benedito XVI, quien dio gracias a Dios por el testimonio del padre de Foucauld con estas palabras:

«A través de su vida contemplativa escondida en Nazaret encontró la verdad de la humanidad de Jesús, invitándonos a contemplar el misterio de la Encarnación. Descubrió que Jesús, vino para unirse a nosotros en nuestra humanidad, invitándonos a la fraternidad universal, que vivió mas tarde en el Sáhara, dándonos ejemplo del amor a Cristo».

«Como sacerdote -continuó diciendo- puso a la Eucaristía y el Evangelio en el centro de su existencia».

El nacimiento de las Fraternidades

Luis Massignon, amigo de Carlos de Foucauld, hace que René Bazin publique la biografía de Foucauld, que será un texto clave, cargado de fuego, aunque imperfecto por su estilo y visión de la época.

Además Massignon publica Los Consejos Evangélicos o Directorio de Carlos de Foucauld y sigue sus consejos casi al pie de la letra, de una manera eremítica, si se puede decir, como solitario en el mundo.

Aquellos y aquellas que se reúnen de una manera secreta y callada alrededor del Directorio tendrán la misma actitud.

Durante diez años se dirigen a Massignon numerosos lectores de Bazin que se interesan por los diversos proyectos de Foucauld.

Sorprende que el primer grupo que surge del padre Foucauld bajo la guía de Suzanne Garde, el Grupo Carlos de Foucauld, sea una fundación que es estrictamente laica, cosa que en aquel momento, 1923, era revolucionario.

La primera congregación religiosa que nace del padre Foucauld fue la de las Hermanitas del Sagrado Corazón.

Fue fundada gracias a una viuda de cuarenta y tres años, Macoir-Capart, que habiendo leído a René Bazin y tras la muerte de su marido en 1928, quiere poner en práctica la regla indicada por Foucauld en una congregación femenina.

El 8 de septiembre de 1937, el padre René Voillaume, que también se había encontrado con Massignon, tomó el hábito, con otros cuatro compañeros, en la basílica de Montmartre.

Dejan París hacia La Abiodh Sidi Cheikh, en el Sur argelino, donde establecen su fraternidad. Al principio se denominan Hermanitos de la Soledad y pronto se llamarán…

Hermanitos de Jesús

El 7 de mayo de 1947 René Voillaume fundó con tres hermanos la primera fraternidad obrera en Aix-en-Provence.

Cuatro años más tarde se publicó el libro En el corazón de las masas, que sobrepasó los 100.000 ejemplares.

Las Hermanitas de Jesús nacieron el 1939, gracias a la hermana Magdaleine de Jesús, y hoy en día están repartidas por todo el mundo en trescientas veintiuna fraternidades, manifestando el amor gratuito de Dios a través de la amistad y la solidaridad.

El año 1956, René Voillaume fundó también los Hermanitos del Evangelio extendidos por todo el mundo.

La gran familia del hermano Carlos de Foucauld

Hoy en día la Asociación Carlos de Foucauld reúne a un numeroso número de grupos que se llaman y son discípulos del hermano Carlos de Foucauld.

Además de los ya mencionados hace falta citar a las Hermanitas de Nazaret, fundadas en Bélgica, los Hermanitos de la Cruz (Canadá), los Hermanitos de la Encarnación (Haití), las Hermanitas del Corazón de Jesús (República Centro Africana), la Fraternidad Jesús Caritas, (Instituto Secular Femenino), Fraternidad Sacerdotal Jesús Caritas, la Fraternidad Secular Carlos de Foucauld, la Comunidad de Jesús, nacida en Barcelona gracias a Pere Vilaplana Puntí, la Comunità Jesus Caritas (Italia), la Fraternidad Carlos de Foucauld (Asociación de fieles: laicas con celibato), el Grupo Charles de Foucauld, otro en Vietnam, etcétera.

La Comunidad Ecuménica Horeb Carlos de Foucauld es una unión espiritual, más allá de espacio y tiempo, entre hermanos y hermanas seguidores de Jesús de Nazaret.

En el carisma del hermano Carlos, vivimos de un modo especial la llamada al desierto, al «silencio interior«, ya sea en la ciudad o en lugares apartados con el ecumenismo, el diálogo interreligioso y el compromiso por la paz como misión.

Esta llamada especial no impide que vivamos en plenitud nuestro propio Nazaret (vida de familia, trabajo, compromisos sociales, políticos, sindicales y eclesiales) en favor de la justicia y de la solidaridad, o nuestra propia Palestina, predicando que el mundo que Jesús nos propone es posible, gracias al testimonio amical de la propia vida.