QUERIDOS HERMANAS Y HERMANOS DE LA COMUNIDAD DE JESUS Muchas mitologías y filosofías del mundo antiguo sostienen que el tiempo es cíclico; que da vueltas y vueltas. Mucha gente en la actualidad, por el otro lado, sostiene que el tiempo no tiene sentido; que simplemente es una cosa tras otra. La Biblia les dice no a esas dos comprensiones desalentadoras del tiempo. Tal como vemos en las lecturas del cuarto Domingo de Adviento, el tiempo tiene una trayectoria; se mueve hacia su culminación en Cristo, que es Emanuel —“Dios con nosotros”.
Piensen en el filósofo moderno Friedrich Nietzsche, que habló sobre el eterno regreso de si mismo. Es esa idea. Aquí está va a dar vueltas en círculos y regresará donde estaba antes. Una visión cíclica. Creo que mucha gente actualmente sostiene una visión donde el tiempo como que no tiene sentido, que el tiempo es una cosa tras otra. No viene en verdad desde ningún lugar en particular, simplemente es una cosa tras otra. Bueno a esas dos comprensiones desalentadoras del tiempo, la Biblia, les dice que no. La Biblia tiene un sentido del tiempo intencional.
El tiempo se está moviendo en una dirección, avanza hacia una culminación. ¿Veamos porqué? A causa de Dios. Dios no está sobrevolando en algún lugar más allá del mundo, permaneciendo indiferente. No, Dios es el autor de la creación, lo que significa que es el autor del tiempo. Y eso significa que el tiempo tiene un propósito. Tiene una trayectoria, tiene una energía, está moviéndose hacia cierto lugar. Y entonces nosotros los cristianos sostenemos que la trayectoria del tiempo se dirige precisamente a CRISTO. SAN PABLO HABLÓ SOBRE CRISTO COMO LA RECAPITULACIÓN DE TODAS LAS COSAS Y TODOS LOS TIEMPOS. Todo se mueve hacia EL. Y se refiere a su venida histórica pero incluso más a su Segunda Venida en la culminación de los tiempos. El tiempo tiene un propósito, una trayectoria, tiene un significado. Aquí hay una analogía. ¿Es el tiempo un embrollo de una cosa tras otra? Piensen en el tiempo que está explícito en una novela. Una novela que es escrita por alguien, y está contando una historia que se va desarrollando. Ninguna novela va a relatar un embrollo de una cosa tras otra. No, un buen novelista cuenta una narrativa que se desplaza hacia cierto tipo de culminación. Y a menudo las grandes novelas tienen una especie de cualidad de rima. Me refiero que algo aquí anticipa algo allá, y algo en el mismo final. -Ah, ahora ven como esto cumplió lo que vino antes, e incluso anteriormente. Existe una propulsión del tiempo que tiene significado, el propósito en una novela. Dios es el gran autor de la Creación. Es el autor del tiempo y por lo tanto no debería sorprendernos de estas rimas tan interesantes y curiosas dentro del tiempo. De acuerdo con todo esto en mente, quiero dar un vistazo a las lecturas de este CULMINANTE Y MARAVILLOSO CUARTO DOMINGO DE ADVIENTO. Comenzamos con Isaías. Isaías es el gran profeta del Adviento. Aquí se hace referencia a Ajaz. Ajaz es un rey joven, inseguro de si mismo, enfrentando una gran crisis. Y viene a su encuentro el profeta Isaías para animarlo, y le dice, ¨Pídele a Dios un signo y EL te lo dará¨. Y Ajaz que ha perdido su fe -ha perdido su sentido de Dios, ha estado confiando en poderes terrenales para resolver sus problemas- le contesta: ¨No la pediré¨. ¨No tentaré al Señor¨. Suena como humildad encomiable, pero no lo es. Es alguién que ha perdido su sentido del propósito de Dios. Entonces Isaías le dice: Escúnchelo: ¨Oye, pues, casa de David¨. Se está dirigiendo a Ajaz, descendiente de David. ¨Oye, pues, casa de David: ¿No satisfechos de cansar a los hombres, quieren cansar también a Dios?¨ ¿Porqué estás insultando a Dios con esto?. ¨Pues bien, el Señor mismo les dará por eso una señal: He aquí que la virgen concebirá y dará luz un hijo y le podrán el nombre de ENMANUEL. No pedirás un signo Ajaz has perdido tu fe. Pero Dios no se rinde con Israel. Nunca se rinde con la raza humana. Dios entonces te dará un signo, y este es un signo misterioso, que la Virgen concebirá y dará a luz un hijo y tendrá por nombre ENMANUEL. De acuerdo, he dicho desde la perspectiva de un novelista, que el tiempo rima. Una cosa traerá la otra, anticipará algo más. Quédense con Ajaz, y regremos antes de Ajaz, a su ancestro el rey David. Y el profeta Natán se dirige a David. Lo encontrarán en Samuel 2, capítulo 7, uno de los capítulos más cruciales de toda la Biblia. ¿Qué le dice Natán a David? ¨Dios pondrá un descendiente tuyo en el trono, y su reino no tendrá fin¨. ¿Escuchan la rima? Lo que fue prometido a Ajaz, fue anticipado mucho antes, cuando Dios le hace la promesa a David. De nuevo la promesa de un Niño, la promesa de un hijo, cuyo reino no tendrá fin. Ajaz evoca a David, David evoca a Ajaz. Existe una especie de trayectoria que va desde David a Ajaz. Incluso en lo que parece el embrollo de la historia, existe un impulso de trayectoria de significado. Así que Ajaz, hemos retrocedido hasta David para encontrar un eco.
PASAMOS AHORA AL EVANGELIO PARA ESCUCHAR ESTE ECO EXTRAORDINARIO, tanto de David como de Ajaz en el futuro. Escuchen: San Mateo nos dice que un ángel está anunciando algo extraordinario. ¨José, hijo de DAVID¨ le dice, ¨No dudes en recibir en tu casa a María, tu esposa, porque ella ha concebido por obra del ESPÍRITU SANTO¨. Recuerden la promesa hecha a David de un descendiente suyo, la promesa hecha a Ajaz: este Niño por nacer. ¨Todo esto sucedió, para que se cumpliera lo que había dicho el Señor por boca del profeta¨. Y escuche ahora, vamos de vuelta lo que Isaías le dijo a Ajaz: ¨He aquí, que la Virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrán el nombre de EMMANUEL, que quiere decir Dios con nosotros¨. Esa es la promesa que Isaías, le hijo a Ajaz. Hizo eco de la promesa que Natán le hizo a David, y ahora es realizada siglos más tarde en la llegada de este Niño, nacido de una Virgen. ¿Ven lo hermoso que es? La historia no es un embrollo de cosas, no es una condenada cosa tras la otra, del mismo dar vueltas en un ciclo. No, no, la historia avanza. Avanza hacia la culminación, desde David hasta Ajaz, desde José hasta JESÚS. Dios tiene un plan. Piensen en esto a la luz de lo que he dicho, la semana anterior sobre la lluvia de invierno y la de primavera. A menudo nuestras vidas pueden parecer como un embrollo o simplemente una condenada cosa tras otra o sólo un ciclo que da vueltas y vueltas y podemos perder nuestro sentido del propósito de Dios. Pero no pierdan ese sentido. La razón por la que leemos la Biblia es porque escuchamos ecos y rimas, anticipaciones de lo que Dios tiene planeado para nuestras vidas. Dios no abandonó a Ajaz, no abandonó a David, no abandonó a José. Dios tiene planeado alcanzar su propósito salvador. También es cierto en nuestras vidas. Quiero ahora ir brevemente a la SEGUNDA LECTURA DE SAN PABLO A LOS ROMANOS. Son tan valiosas esta semana. La Primera es de Isaías, y luego el cumplimiento de este Evangelio. Escuchen el comienzo mismo de la Carta de San Pablo. Así que lo más probable es que haya escrito esta carta en Corinto, escribe a esta pequeña Iglesia en Roma. Siempre me conmueve, porque Roma es ahora un vibrante centro de la Iglesia Católica, pero en el tiempo de Pablo era una Iglesia pequeñita, que se reunían probablemente en la casa de alguién en el barrio judío de Roma. Y a esta comunidad le escribe esta carta, que ha sido transformadora por siglos. Esto es lo que dice ahora en la frase inicial: ¨Yo, Pablo, siervo de CRISTO JESÚS, he sido llamado por Dios para ser Apóstol y elegido por EL para proclamar el Evangelio¨. David, habrá un descendiente tuyo en el trono y su Reino durará para siempre. Se está prometiendo un rey. Ajaz, aquí está el signo que Dios te dará. La VIRGEN CONCEBIRÁ UN NIÑO Y DARÁ LUZ A UN HIJO. Un rey es prometido a Ajaz. Y luego el ángel a José esto es para cumplir lo que dijo el profeta. La VIRGEN DARÁ LUZ A UN NIÑO Y SERÁ EL GOBERNANTE DE LAS NACIONES DEL MUNDO. UN REY ES PROMETIDO. ¿Cuál es la relación correcta con un rey? OBEDIENCIA. ¿Cómo se presenta Pablo? Les advierto, Pablo, que es el rabí Saulo, antes de su conversión, el rabí Saulo que conocía todos estos textos a los que me he referido, los tenía en su sangre y en sus huesos. Así que sabía, cuando conoció al CRISTO RESUCITADO, quién era EL. Sabía que era aquel prometido a David. Sabía que era el prometido a Ajaz. Y por lo tanto sabía que él mismo era, escuchen de nuevo, el Siervo de CRISTO JESUS. La relación correcta con el rey es la OBEDIENCIA. Y luego de modo hermoso, ¨llamado por Dios para ser Apóstol¨. Apostello en griego significa ¨Enviar¨. ¿Quién es ahora Pablo? No está declarando sus propias prerrogativas. NO ES SU EGO LO QUE INTERESA. NO SOS SUS PROYECTOS LOS QUE INTERESAN. No, no, él es el siervo. EL SIERVO OBEDIENTE DEL REY, Y EL REY LO HA ENVIADO A UNA MISION. Miren ahora, escuchen. Aquí es donde todo esto llega a fructificar en nuestras vidas, porque nuestras historias se alinean en continuidad con esta gran historia bíblica. De David a Ajaz a José, de JESUS a Pablo, y esa trayectoria continua hasta nosotros. No consideramos a JESUS simplemente como un personaje histórico distante y moderadamente interesante. No, no. Nosotros como Pablo aceptamos nuestra vocación para ser sus sirvientes y ser enviados ¨apostello¨ ser enviados de acuerdo a sus propósitos. MIREN MIS HERMANAS Y HERMANOS SI PODEMOS CAPTAR ESTO, SI PODEMOS ENTENDER ESTA DINÁMICA DE LA HISTORIA DE LA SALVACION, ESTAMOS LISTOS PARA LA LLEGADA DEL SEÑOR EN NAVIDAD. Deseo terminar con una oración por la Paz y Concordia para cada Peruano y Peruana por la Patria que se deshace con incidir en el odio contra hermanos. DESDE PAX UN GRITO DE AMOR PARA CADA UNO DE USTEDES DESEANDOLES QUE MIREN LOS OJOS DE SUS HERMANOS QUE SUFREN DESDE LA RIQUEZA DE SUS CORAZONES. A TODOS UNA PAZ NAVIDEÑA -JESÚS LA VIRGEN Y SAN JOSÉ Y USTEDES.
Matthew 1:18-24
El Evangelio de hoy presenta la versión de Mateo de la Encarnación.
La declaración central del cristianismo —aún sorprendente luego de dos mil años— es que Dios se hizo humano. El creador del cosmos, que trasciende toda definición o concepto, tomó para sí una naturaleza como la nuestra, haciéndose uno de nosotros. El cristianismo afirma que lo infinito y lo finito se encontraron, que lo eterno y lo temporal se abrazaron, que el diseñador de las galaxias y planetas se hizo un bebé muy débil incluso para levantar su cabeza.
Y para hacer la humorada aún más mordaz, esta encarnación de Dios no fue puesta de manifiesto primero en Roma, Atenas ni Babilonia, no en una gran capital política o cultural, sino en Belén de Judea, un diminuto puesto de avanzada en un rincón del Imperio Romano.
Uno podría reírse burlonamente de este chiste —como muchos lo han hecho a través de los siglos— pero, como observó G. K. Chesterton, el corazón de la persona más escéptica ha cambiado simplemente por haber escuchado este mensaje. Muchos creyentes cristianos a lo largo de los años se han reído con el deleite de este humor sagrado y nunca se han cansado de volver a escucharlo.
Recibir a Jesús
Santo Evangelio según san Mateo 1, 18-24. Domingo IV de Adviento
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Ayúdame, Espíritu Santo, a recibir a Jesús de la mejor manera posible. Actúa dentro de mí, toma mi corazón, infunde en él la fe, la esperanza y el amor. Abre mi alma a la verdadera alegría, la que viene de tener un Dios tan cerca, viviendo entre nosotros. Santa María, causa de nuestra alegría, ruega por nosotros. Amén.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Mateo 1, 18-24
Cristo vino al mundo de la siguiente manera: Estando María, su madre, desposada con José, y antes de que vivieran juntos, sucedió que ella, por obra del Espíritu Santo, estaba esperando un hijo. José, su esposo, que era hombre justo, no queriendo ponerla en evidencia, pensó dejarla en secreto.
Mientras pensaba en estas cosas, un ángel del Señor le dijo en sueños: “José, hijo de David, no dudes en recibir en tu casa a María, tu esposa, porque ella ha concebido por obra del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y tú le pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados”.
Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que había dicho el Señor por boca del profeta Isaías: He aquí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, a quien pondrán el nombre de Emmanuel que quiere decir Dios-con-nosotros. Cuando José despertó de aquel sueño, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y recibió a su esposa.
Palabra del Señor
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
¡Se acerca el día! ¡Ya casi es Navidad! Hemos estado preparando el corazón durante tres semanas. Ha sido tiempo de conversión, de oración, de esperanza. Y poco a poco nos hemos acercado al tiempo del gozo, porque “Cristo vino al mundo”.
¡Cuánta alegría, Señor, saber que has querido venir a nosotros! Vienes al mundo por obra del Espíritu Santo, del seno de María Inmaculada. Vienes y tomas el nombre de Jesús, es decir “el Señor salva”. Vienes a salvarnos a todos del pecado, del mal y de la muerte. ¡Gracias, Señor, por tu Encarnación!
¡Cuánta alegría recibir a María! ¡Cuánta alegría recibirte a ti! Tal vez cueste al inicio, como le costó a san José. Pero ayúdame a recibirte con la fe y con el amor que tuvo él tras el mensaje del ángel. Permíteme, con la ayuda de tu gracia, que seas mi Emmanuel, «Dios-con-nosotros». ¡Dios conmigo! Por el bautismo te llevo siempre dentro de mí, y sé que María es una buena mamá que nunca abandona. ¡No permitas que jamás me separe de ti!
«Jesús, Dios, es un hombre verdadero, con su cuerpo de hombre está en el cielo. Y esta es nuestra esperanza, es nuestra ancla, y nosotros estamos firmes en esta esperanza si miramos al cielo. En este cielo habita aquel Dios que se ha revelado tan cercano que llegó a asumir el rostro de un hombre, Jesús de Nazaret. Él permanece para siempre el Dios-con-nosotros —recordemos esto: Emmanuel, Dios con nosotros— y no nos deja solos. Podemos mirar hacia lo alto para reconocer delante de nosotros nuestro futuro. En la Ascensión de Jesús, el crucificado resucitado, está la promesa de nuestra participación en la plenitud de vida junto a Dios».
(Regina Coeli de S.S. Francisco, 8 de mayo de 2016).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
viviré hoy cultivando la alegría de Dios que viene con nosotros. Ante las contrariedades o disgustos, serenidad y una sonrisa.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
¿Qué nos enseña la Navidad?
La Navidad es una de las fiestas más importantes de la Iglesia porque en ella celebramos que el Hijo de Dios se hizo hombre
La Navidad es una de las fiestas más importantes de la Iglesia porque en ella celebramos que el Hijo de Dios se hizo hombre para abrirnos las puertas del Cielo, para enseñarnos el camino para la vida eterna.
La Navidad, a pesar de ser una fiesta cristiana, se ha popularizado en todo el mundo. Efectivamente, hasta los no creyentes celebran «las fiestas de diciembre», como se les dicen. Los regalos, los pinos adornados y los Santa Claus abundan en esta época y el gasto familiar se eleva a las nubes.
Por desgracia, el verdadero sentido de celebrar el nacimiento de Cristo se ha transformado en un mero intercambio de regalos, tal como lo hacían los paganos griegos y romanos para las fiestas de la Saturnalia, es decir, el inicio del invierno.
Un poco de historia
Emmanuel significa Dios con nosotros. La celebración de la Navidad nos recuerda que Dios no está lejos, sino muy cerca de nosotros. En Navidad, celebramos al Niño Jesús que es Hijo de Dios. En Él, Dios nos mostró su rostro humano, para salvarnos y amarnos desde la tierra.
Jesús es el Hijo unigénito de Dios, imagen perfecta del Padre, lleno de gracia y de verdad.
¿Qué nos enseña la Navidad?
La celebración de la Navidad es un momento privilegiado para meditar en el texto evangélico de San Lucas 2, 1-20, en donde se narra con detalle el Nacimiento de Cristo.
Podemos reflexionar las virtudes que encontramos en los diferentes personajes involucrados y luego, aplicarlas a nuestra vida:
María nos enseña a ser humildes, a aceptar la voluntad de Dios, a vivir cerca de Dios por medio de la oración, a obedecer a Dios y a creer en Dios.
José nos enseña a escuchar a Dios y hacer lo que Él nos diga en nuestra vida, aunque no lo entendamos y a confiar en Dios.
Jesús nos enseña la sencillez. A Dios le gusta que seamos sencillos, que no nos importen tanto las cosas materiales. Jesús, a pesar de ser el Salvador del mundo, nació en la pobreza.
Los pastores nos enseñan que la verdadera alegría es la que viene de Dios. Ellos tenían un corazón que supo alegrarse con el gran acontecimiento del nacimiento de Cristo.
El 25 de diciembre se celebra la Navidad. Dios se hizo hombre para abrirnos las puertas del Cielo y enseñarnos el camino para la vida eterna.
Jesucristo es luz, amor, perdón y alegría para todos los hombres y mujeres de buena voluntad.
La Sagrada Familia nos da ejemplo de la aceptación de la Voluntad de Dios, viviendo con sencillez, humildad y alegría el nacimiento de Jesús en el Portal de Belén.
Actividad en familia
La persona que dirige, lee y pide a los demás miembros del grupo que cuando ella se detenga en las palabras negritas, ellos tendrán que adivinar la palabra que falta para completar la historia.
«En una ciudad llamada Nazaret vivía una joven llamada María. María amaba mucho a Dios y estaba comprometida para casarse con un hombre muy bueno que se llamaba José y era carpintero.
Un día, se le apareció a María el Ángel Gabriel mandado por Dios y le preguntó si quería ser la Madre del Hijo de Dios y le explicó que el Espíritu Santo vendría sobre ella. María contestó que sí aceptaba.
José se preocupó mucho cuando María le dijo que iba a tener un bebé. Pero una
noche, Dios le mandó a José un mensaje.
El ángel le dijo en sueños que no dudara en casarse con María pues el Hijo que Ella estaba esperando era el Hijo de Dios y que salvaría a los hombres del pecado.
José despertó y fue a buscar a María, la llevó a su casa y cuidó de ella.
En aquellos días el Emperador César Augusto, dio la orden de que todos tenían
que ir al pueblo de donde eran sus familias para empadronarse.
José formaba parte de la familia de David que eran del pueblo de Belén. Entonces José y María tuvieron que ir al pueblo de Belén. El viaje fue muy difícil para la Virgen María porque ya había llegado el momento de que naciera el bebé.
Tan pronto como llegaron a Belén, José empezó a buscar donde descansara María, pero no encontró ningún lugar porque todas las posadas estaban llenas de gente.
Al final, José encontró un establo y llevó ahí a María.
Al poco tiempo, nació el Niño Jesús. María envolvió al niño en pañales y lo acostó en un pesebre que José había preparado.
Cerca de Belén habían unos pastores que cuidaban sus ovejas, entonces se les apareció un ángel de Dios y les dijo: No tengan miedo, les traigo buenas noticias, hoy ha nacido en Belén el niño que será el Salvador, vayan a verlo.
De pronto, el Cielo se llenó de ángeles que cantaban a Dios diciendo: ¡Gloria a Dios en el Cielo y en la Tierra paz a los hombres de buena voluntad!.
Los pastores corrieron hacia Belén y encontraron a José, María y el Niño Jesús tal como les habían dicho los ángeles. Adoraron al Niño y le ofrecieron regalos.»
La corona o guirnalda de Adviento es el primer anuncio de Navidad.
La palabra ADVIENTO es de origen latín y quiere decir VENIDA. Es el tiempo en que los cristianos nos preparamos para la venida de Jesucristo. El tiempo de adviento abarca cuatro semanas antes de Navidad.
Una costumbre significativa y de gran ayuda para vivir este tiempo es La corona o guirnalda de Adviento, es el primer anuncio de Navidad.
ORACIÓN PARA EL CUARTO DOMINGO
CUARTO DOMINGO
Todos hacen la señal de la cruz.
Guía: «Nuestro auxilio es en el nombre del Señor»
Todos: «Que hizo el cielo y la tierra»
Liturgia de la Palabra:
Primera lectura: Rm 13,13-14 «Conduzcámonos como en pleno día, con dignidad. Nada de comilonas y borracheras, nada de lujuria ni desenfreno, nada de riñas ni pendencias. Vestios del Señor Jesucristo». «Palabra de Dios»
Todos: «Te alabamos Señor».
Segunda lectura: 2 Tes. 1,6-7 «Es justo a los ojos de Dios pagar con alivio a vosotros, los afligidos, y a nosotros, cuando el Señor Jesús se revele, viniendo del cielo acompañado de sus poderosos ángeles, entre las aclamaciones de sus pueblo santo y la admiración de todos los creyentes.» -«Palabra de Dios»
Todos: «Te alabamos Señor».
Guía: «Ven, Señor, y no tardes.
Todos: «Perdona los pecados de tu pueblo».
SE ENCIENDEN LAS CUATRO VELAS
Guía: «Bendigamos al Señor»
Todos hacen la señal de la cruz mientras dicen: «Demos gracias a Dios».
Humildad y gloria
El Nacimiento de Jesús
Guía: Lectura del Evangelio según San Lucas (2:6-7)
«Y sucedió que, mientras ellos estaban allí, se le cumplieron
los días del alumbramiento, y dio a luz a su hijo primogénito,
le envolvió en pañales y le acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en el alojamiento.»
«Palabra de Dios»
Todos: «Te alabamos Señor».
MEDITACION
La Virgen y San José, con su fe, esperanza y caridad salen victoriosos en la prueba. No hay rechazo, ni frío, ni oscuridad ni incomodidad que les pueda separar del amor de Cristo que nace. Ellos son los benditos de Dios que le reciben. Dios no encuentra lugar mejor que aquel pesebre, porque allí estaba el amor inmaculado que lo recibe.
Nos unimos a La Virgen y San José con un sincero deseo de renunciar a todo lo que impide que Jesús nazca en nuestro corazón.
Tiempo de silencio / Tiempo de intercesión
Padre Nuestro / Ave María.
ORACIÓN FINAL
Derrama Señor, tu gracia sobre nosotros, que, por el anuncio del ángel, hemos conocido la encarnación de tu Hijo, para que lleguemos por su pasión y su cruz a la gloria de la resurrección. Por nuestro Señor Jesucristo.
Nuestra Señora de la Esperanza, ¿quién es?
PD
Inma Álvarez – publicado el 18/12/14
Una fiesta muy española en la que la Virgen se apareció a un importante obispo
Actualmente es una fiesta de menor relieve, pero durante los siglos, el 18 de diciembre fue, junto al 15 de agosto, la fiesta más grande de la Virgen María en todos los países que hablan español.
Tal es así que Colón y sus hombres celebraron este día con salvas y mucha emoción durante el primer viaje en 1492.
Por eso cabe pensar que podría haber sido la primera gran fiesta de la Virgen celebrada en el Nuevo Mundo. Lo cuenta así el Almirante en su diario de a bordo:
«Luego, en amaneciendo, mandé ataviar la nao y la carabela de armas y banderas por la fiesta que era este día, de Santa María de la O, o conmemoración de la Anunciación: tiráronse muchos tiros de lombardas…».
Cristóbal Colón: diario de a bordo, edición de Alberto Mario Salas
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Expectación y esperanza
El Concilio de Toledo fijó la fiesta en el año 656. Y en ella se celebraba la Encarnación (que el resto de la Iglesia celebraba el 25 de marzo). Porque a los padres conciliares españoles les preocupaba mucho que, al caer en Cuaresma, la Encarnación no se celebrara con suficiente esplendor.
Aunque con el tiempo se volviera al 25 de marzo, la fiesta quedó como la «Expectación del Parto».
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Piero della Francesca-Sailko-(CC BY 3.0)
Piero della Francesca
Nicolás Pérez-(CC BY-SA 4.0)
San Ildefonso de Toledo amaba muchísimo esta fiesta. Y tuvo una aparición de la Virgen el 18 de diciembre del año 665, poco después del Concilio.
Era tan amada por los toledanos esta fiesta que dicen las crónicas que cuando los musulmanes invadieron Toledo, convirtieron la basílica en mezquita pero no se atrevieron a tocar el lugar de la aparición, pues ellos también veneran a la Virgen María.
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El 18 de diciembre fue también la fiesta de la conversión de los musulmanes de Granada, después de la conquista de la ciudad por los Reyes Católicos.
En fin, que para los españoles, el 18 de diciembre fue durante siglos un día muy grande, la fiesta más importante de la Virgen María.
María de la O
Ese día la Virgen recibe un nombre curioso, «Virgen de la O». Y no era por su vientre abultado a punto de dar a luz, sino por las antífonas marianas de las vísperas de estos días: O Sapientia, O Adonai, O Enmanuel… veni!
Superponiéndose las letras, las antífonas revelan un mensaje oculto que llena de esperanza, como relata el artículo a continuación.
¿Conoces a la Virgen de la O?
¿Y la palabra secreta escondida en unas antiguas oraciones de la última semana de Adviento?
Cuando alguien está sorprendido, exclama: «¡Oh!». Esa interjección fue escogida por los españoles como advocación para una Virgen admirada -como toda la humanidad- por el misterio de un Dios que se hace hombre, a pocos días de su nacimiento.
María de la O es uno de los nombres con los que se le llama a la Virgen de la Esperanza. Su fiesta está marcada el 18 de diciembre en el calendario mozárabe desde el año 656.
Durante siglos, la última semana de Adviento los cristianos han cantado con la oración del Magnificat del oficio de vísperas unas antífonas llamadas «de la O» que empiezan con la exclamación «¡Oh!» en latín y se dirigen a Jesús con un título mesiánico del Antiguo Testamento
O Sapientia = sabiduría, Palabra
O Adonai = Señor poderoso (en hebreo
O Radix = raíz, renuevo de Jesé (padre de David)
O Clavis = llave de David, que abre y cierra
O Oriens = oriente, sol, luz
O Rex = Cristo como Rey
O Emmanuel = Dios-con-nosotros.
Si lees las palabras posteriores a la interjección en sentido inverso, verás que sus iniciales esconden una palabra, «ero cras«, que en latín significa «seré mañana, vendré mañana». Sería la respuesta del Dios tan esperado…
Hay muchísimas músicas que han acompañado estas frases de admiración a lo largo de los siglos, como la de este coro que canta una de las antífonas: O Sapientia.
O Sapientia, quae ex ore Altissimi prodiisti,
attingens a fine usque ad finem,
fortiter suaviterque disponens omnia:
veni ad docendum nos viam prudentiae.
Oh, Sabiduría, que brotaste de los labios del Altísimo,
abarcando del uno al otro confín,
y ordenándolo todo con firmeza y suavidad:
ven y muéstranos el camino de la salvación.