San Isidoro de Sevilla nació en esta ciudad hacia el año 556

Cuando sintió que iba a morir, pidió perdón públicamente por todas sus faltas

Su obra más conocida es las Etimologías

Conmemoracion: 04 de Abril

 

Recordamos a un maestro, escritor y obispo, consejero de reyes, director de Concilios y defensor constante de la fe y de la Iglesia… Padre y forjador de monjes, conocido como “el más grande compilador de todos los tiempos” y «puente entre dos edades, depositario del saber antiguo y heraldo de la ciencia medieval», de una grandeza hermanada con una admirable humildad, de una intensa y mística vida espiritual, Doctor de la Iglesia universal: San Isidoro de Sevilla.

El santo obispo de Sevilla, nació en esta ciudad hacia el año 556. De noble estirpe hispano-romana oriunda de Cartagena, y perteneciente a una familia de santos, sus tres hermanos así lo fueron: Leandro, Florentina y Fulgencio.

Desde su infancia, se educó bajo la dirección espiritual y tutela de su hermano mayor Leandro en el Monasterio que éste había fundado y del cual era Abad. Recibió una educación severa y rígida, honda y compleja, en convivencia con otros jóvenes que venían de toda la Península, atraídos por la fama de santidad y sabiduría de tan eximio guía de espíritus.

Fue sucesor de su hermano Leandro, primero en el cargo de abad del monasterio y luego en la sede episcopal. Durante los casi 40 años de episcopado se distinguió por su predicación apostólica contra las herejías residuales del arrianismo y contra los herejes llamados “acéfalos”, negadores de la dualidad de naturaleza en Cristo.

Como obispo predica por doquier, gobierna con energía y celo máximo la Diócesis. Fundó junto a Sevilla un colegio para la formación cultural del clero y de los laicos, y fue su primer maestro. Esta escuela de Sevilla se hizo célebre en toda España. En el IV concilio de Toledo (633), convocado por San Isidoro y por él presidido, cuyo fin fue dotar a la Iglesia hispana de una legislación que asegure el porvenir de la misma, hizo obligatorias tales instituciones, que luego se convirtieron en escuelas eclesiásticas y monásticas, precursoras de las universidades.

Según parece, San Isidoro previó que la unidad religiosa y un sistema educativo amplio, podían unificar los elementos heterogéneos que amenazaba desintegrar España y gracias a eso gran parte del país se convirtió en un centro de cultura, mientras que el resto de Europa se hundía en la barbarie.

Su obra más conocida es las Etimologías, este es un resumen enciclopédico del saber de su tiempo, en que trata desde la minería hasta la teología, y que está elaborado basándose en las obras de los escritores clásicos más conocidos en el momento; esta obra tuvo un éxito inmediato, su difusión fue rápida y su autoridad se mantuvo durante siglos. Los dos Libros de las diferencias vienen a ser una ampliación de la obra anterior, y tiene también alguna relación con ella el Libro de las lamentaciones, un diálogo de tipo moral. Sobre la naturaleza de las cosas es un compendio de los conocimientos físicos de su tiempo, tomados también de autores de fama.

Otro legado importante son los Tres libros de las sentencias que son un manual de teología hecho fundamentalmente con textos de San Agustín y de San Gregorio. Escribió también un Libro de las herejías; distintos comentarios a las Escrituras. Un gran aporte es el libro Sobre los oficios eclesiásticos, en que trata de liturgia y de los clérigos y de sus deberes y la Regla de los monjes, dirigida a los monasterios que él había fundado, en la que se manifiesta como un hombre de ley y de orden contra la indisciplina.

Tienen también importancia sus obras históricas: la Crónica, y, sobre todo, la Historia de los reyes de los godos, de los vándalos y de los suevos, que es una de las fuentes importantes para el conocimiento de la historia de estos pueblos, y Sobre los varones ilustres, unos esquemas biográficos de escritores eclesiásticos anteriores.

Según los estudiosos: “La obra de San Isidoro de Sevilla es la de un discípulo bien enterado, de un testigo autorizado, pero no la de un indicador o la de un maestro”.

ISIDORO2Cuando sintió que iba a morir, pidió perdón públicamente por todas sus faltas, perdonó a sus enemigos y suplicó al pueblo que rogara a Dios por él. Distribuyendo entre los pobres el resto de sus posesiones, volvió a su casa y murió el 4 de abril del año 636 a la edad de 80 años. Su cuerpo fue inhumado en la catedral de Sevilla. Fue proclamado Doctor de la Iglesia en 1722.

Hace algún tiempo, luego de un sondeo realizado por iniciativa del Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales, San Isidoro fue considerado el principal candidato para convertirse en el santo patrono oficial de los usuarios del web y los operadores de computadora.

Hoy demos gracias a nuestro Señor por San Isidoro de Sevilla y por su intercesión pidámosle que a su ejemplo crezcamos en nuestra predilección por comentar y meditar la Sagrada Escritura y también para que el Internet se utilice para buenas causas. Que nos ayude a vencer las numerosas tentaciones que en ella nos asaltan a cada clic. Que, por su intercesión, dediquemos nuestros esfuerzos e ilusiones a construir rápidas autopistas de información, que hagan desarrollar nuestros espíritus, y no los aletarguen.

Compartamos algo de la espiritualidad de San Isidoro de Sevilla:

[…] Cometemos fraude con Dios cuantas veces, a causa de nuestras buenas obras, nos alabamos a nosotros mismos y no a Dios. Y practicamos la desidia siempre que por abandono realizamos negligentemente las obras de Dios […] A veces aprovecha a los conversos, para la salud del alma, el cambio de lugar, pues a menudo, con el cambio de lugar, se muda también el afecto del alma […] (Las Sentencias, Cáp. X, La Conversión Deficiente)

[…] Las caídas y la penitencia de los santos se narran […] para que infundan a los hombres la confianza de la salvación, a fin de que nadie, después de la caída, desconfíe del perdón, si practica la penitencia, cuando ve que también la recuperación de los santos tuvo lugar después de la caída […] Quien imita a un varón santo es como si contemplase un ejemplar y se mirase en él como en un espejo, con el fin de aportar cuanto de virtud reconoce que le falta. Porque el hombre se analiza peor cuando lo hace personalmente; pero, cuando contempla a otro, corrige el defecto de luz […] (Las Sentencias, Cáp. XI, Los Ejemplos de los Santos)

[…] El sentimiento de compunción más perfecto en los conversos es aquel que aparta de sí todo afecto a los deseos de la carne y que fija la atención, con toda la intensidad del alma, en la contemplación de Dios […] De cuatro clases son los sentimientos que mueven a compunción el alma del justo con dolor saludable; a saber: la conciencia de los delitos pasados, el recuerdo de las penas futuras, el pensamiento de su peregrinar a lo largo de esta vida, el deseo de la patria celeste, con la decisión de llegar a ella cuanto antes […] (Las Sentencias, Cáp. XII, La Compunción del Corazón)

[…] La oración nos purifica, la lectura nos instruye. Usemos una y otra, si es posible, porque las dos son cosas buenas. Pero, si no fuera posible, es mejor rezar que leer […] Quien desee estar siempre con Dios, ha de rezar y leer constantemente. Cuando rezamos, hablamos con el mismo Dios; en cambio, cuando leemos, es Dios el que nos habla a nosotros […] (Las Sentencias, 3, 8-10. Cómo leer la palabra de Dios.)

 

ISIDORO3

 

[…] De la lectura de la Sagrada Escritura recibimos una doble ventaja, porque ilumina nuestra inteligencia y conduce al hombre al amor de Dios […] Doble es también el fin que hemos de proponernos al leer: lo primero, tratar de entender el sentido de la Escritura; y luego, esforzarnos para proclamarla con la mayor dignidad posible […] Pero el buen lector no se preocupa tanto de conocer lo que lee, cuanto de ponerlo por obra […] Si la doctrina no está sostenida por la gracia, no llega al corazón aunque entre por los oídos. Hace mucho ruido por fuera, pero no aprovecha al alma. Sólo cuando interviene la gracia, la palabra de Dios baja desde los oídos al fondo del corazón, y allí actúa íntimamente, llevando a la comprensión de lo que se ha leído […] (Las Sentencias, 3, 8-10. Cómo leer la palabra de Dios.)

[…] Pero no sólo usa de misericordia quien practica la liberalidad con el que tiene hambre o sed, o con el desnudo, o quien socorre en algo a cualquier necesitado, sino también quien ama a sus enemigos, quien tiene afectos de compasión y consuelo hacia quienes lloran, quien proporciona consejo en cualquier necesidad […] (Las Sentencias, 3, 8-10. Las obras de Misericordia.)

[…] Dicen algunos que, si no lo impide algún pecado, ha de recibirse la Eucaristía diariamente, pues por mandato del Señor pedimos que se nos dé este pan cada día, cuando decimos: El pan nuestro de cada día dánosle hoy […] Por lo demás, si hay tales pecados que a uno, como muerto, le aparten del altar, hay que hacer antes penitencia […] pues quien comiere indignamente, se come y bebe su condenación […] (Sobre los oficios eclesiásticos. La Eucaristía.)

“El paso de Dios constituye una fuerza interior en el corazón del hombre merced a la cual brotan los buenos deseos a fin de destruir los malos.

Así, pues, cuando surgen en el corazón humano estos deseos,hemos de saber que entonces Dios asiste con su gracia al corazón humano. Por tanto, entonces debe el hombre excitarse más

a la compunción cuando se da cuenta que Dios opera en su interior…”

(Las Sentencias, Cáp. XII,

La Compunción del Corazón – San Isidoro de Sevilla)

Jesús te ama