La Paz esté con ustedes, llegamos hoy al domingo de la Sagrada Familia, una fiesta maravillosa. Y a través de los años, ciertamente he predicado sobre las dinámicas de la Sagrada Familia, he predicado sobre María, he hablado mucho sobre el Señor, por supuesto. Pero se me ocurrió: Pienso que nunca en mis 38 años como sacerdote me había enfocado en San José para esta Fiesta de la Sagrada Familia. Bueno, eso se termina hoy. Voy a hablar de este gran santo. Alguien de quien Josemaría Escrivá dijo —siempre lo he tenido presente— dijo que el santo varón más grande en la historia de la Iglesia no fue un papa, ni un obispo, ni un sacerdote, ni un diácono, ni un ermitaño, ni un monje. El santo varón más grande en la historia de la Iglesia fue un marido y laico y un simple trabajador: San José. Y pienso que ayuda a explicar la universalidad de su atractivo. Así que debería atraer, quiero decir, al 99% del laicado Católico. Es uno de los suyos. Ahora, ¿que lo hace, más allá de su universalidad, tan importante? Primero, deberíamos notar que no sabemos casi nada sobre él. Tenemos unas pocas referencias, un puñado de referencias en el Evangelio, mayormente concentradas en el Evangelio de Mateo. Y algo muy interesante, algo curioso, José nunca habla en los Evangelios. No hay ningún testimonio sobre José diciendo algo. Es que, pienso en los grandes “oradores” de la Biblia —Abraham y Jacob y Moisés y Josué. Sin mencionar a los grandes profetas —Isaías, Jeremías, Ezequiel. O piensen en el Rey David y sus grandes discursos. Hay muchos grandes oradores en la Biblia. Y por supuesto, no tiene nada de malo. Están compartiendo la Palabra divina.
Pero José, al menos cómo se lo retrata en los Evangelios, no es un orador para nada. No dice una sola palabra. Antes bien, escucha la palabra y hace lo que se le dice. Es el corazón de la santidad. Escucha la palabra de Dios, y luego silenciosamente, sin fanfarrias, sin protestas, o “Ey, miren lo que hago”, hace lo que se le pide. Hans Urs von Balthasar, creo lo he citado anteriormente, es una de mis frases favoritas de él, dice que los santos son aquellos que desaparecen en la misión de la Iglesia. Es adorable, ¿cierto? Un santo no atrae la atención sobre él o ella. Eso es algo mundano. A todos se nos enseña desde que somos niños, es como: “Asegúrate que la gente te note, y que te vean, y asegúrate de ser la estrella del show”. Los santos no. Tienden, dice Balthasar, a desaparecer en su misión. Bueno, pienso que el ejemplo por excelencia de ello es San José. No hay alarde. No hay, “Ey, mírenme”. No hay “permítanme decirles lo que estoy haciendo”. Él escucha, hace lo que se le dice, se pone en marcha con la misión que Dios le da. Eso lo convierte en un personaje atractivo e interesante, pienso, para mucha gente. Esta es una segunda dimensión de su santidad, y esto es tan típico de la Biblia. Y los autores bíblicos, tanto del Antiguo como el Nuevo Testamento, nos sugerirán un carácter en unas pocas pinceladas. ¿Saben a lo que me refiero? No ocupan párrafos y capítulos desarrollando la psicología compleja de sus personajes. Sino que en unos pocos movimientos descriptivos, te ponen al tanto de lo que motiva a un personaje dado. Bueno, un buen ejemplo de esto es la historia de José: Él está comprometido con María. Esa era la costumbre. Está comprometido.
Está comprometido con ella, pero antes de vivir juntos, descubre que María está embarazada. Sabe que él no es el padre. Es un hombre de la ley Mosaica. La ley Mosaica decía que esto era un ultraje. De hecho, si la siguieras estrictamente, esa persona debería ser apedreada hasta morir. José era un hombre de la ley. Era justo, que es una calificación muy alta en la cultura Judía de su tiempo. Pero escuchamos que él no presiona la ley hasta ese límite bastante nefasto. Más bien, decide separarse de María en silencio. Ahora, ¿por qué? Para que ella estuviera libre de la terrible humillación, y finalmente de esta condena a muerte. ¿Qué es lo que vemos allí? Una unión muy interesante de lo que yo llamaría justicia y misericordia. Es un hombre justo, cree en la ley, seguro. Y ve que el propósito último de la ley es alinearnos con la divina misericordia. Ahora, observen aquí dos extremos que han estado en exhibición a lo largo de toda la historia de la humanidad, en exhibición hoy en gran medida. Puedes ser una persona inclinada a la ley. Reverencias la ley de Dios, la ley de la Biblia, las leyes de la Iglesia, y eso es genial. Pero si lo haces de un solo lado, puedes convertirte, en breve, en una especie de bravucón legalista. Y conocemos esa clase, ¿cierto? Personas que conocen la ley, y están deseosos de utilizar la ley como un arma contra otros. Ese es un legalismo parcial. De acuerdo, vayamos al otro extremo. Alguien que abraza, de un modo parcial, una especie de misericordia artificial y no le interesa la ley. “Oh, ¿a quién le importa? Dios es amor. Todo está bien. No te preocupes por eso” —una especie de actitud laissez faire hacia la ley. Bueno, no tomaremos partido por ningún bando, ¿cierto? No queremos un legalismo brutal. No queremos una especie de indiferencia sosa respecto a la ley.
Lo que encuentran en José es un balance muy delicado, que se sugiere en esa escena, un balance muy delicado entre justicia y misericordia. Y eso, pienso yo, lo hace muy atrayente y un modelo maravilloso para todos nosotros que intentamos salir adelante a través de los matorrales de la vida religiosa. Esta es una tercera dimensión de José que pienso es maravillosa. Es un soñador. Varias veces en el breve relato que tenemos de José, oímos que Dios se comunica con él en un sueño, y él escucha esa comunicación y la obedece. Observen a los soñadores de la Biblia. Jacob reposa su cabeza en la roca, y luego sueña con los ángeles que suben y bajan de la escalera de Jacob. Piensen en el ancestro de San José del Antiguo Testamento, José, que es un intérprete de sueños. Él interpreta los sueños del Faraón. Piensen en Daniel, lo mismo muchos siglos después, que interpreta el sueño de Nabucodonosor. ¿Qué significa esto en la Biblia? Diría que algo como esto: los sueños representan una especie de conocimiento más elevada. Si eso suena un poco New Age, tal vez una percepción más profunda. Existe el mundo ordinario que nosotros captamos con nuestros sentidos y que desciframos con nuestras mentes que calculan, y lo comprendemos política, sociológica, psicológicamente, etcétera. De acuerdo, ese es el mundo de la experiencia ordinaria. Pero luego existe una percepción más profunda: en y a través de todo ello, ¿qué planea Dios? ¿Qué está haciendo Dios? ¿Qué está diciendo Dios? Bueno, para llegar a ese nivel, sus mentes tienen que estar abiertas. Debe emerger una nueva dimensión. Existe una profundidad de percepción que tiene que aflorar antes de que puedan ver. Piensen en la Biblia cuando se refiere a escuchar la palabra de Dios. Miren, yo estoy escuchando cosas todo el tiempo dentro de mi experiencia ordinaria, y de algún modo en medio de todo ello, escucho la palabra de Dios.
Lo que permite eso es esta capacidad que tenía José de soñar. Piénsenlo también de esta manera, como imaginar una nueva posibilidad. Él está examinando la situación de su compromiso, y las cosas lucen bastante desastrosas, ¿cierto? Ella está embarazada fuera de la boda. Está sujeta a la penalidad entera de la ley. Está en una situación muy nefasta. Pero en su sueño, se abre a otra posibilidad, otra perspectiva. Con esa cualidad todos nos convertiremos en soñadores en aquel sentido, sensibles a la palabra de Dios. Bueno, lo que sigue, pienso, es lo que la mayoría de la gente piensa cuando piensa en José. ¿Qué escucha en el sueño? ¿Qué le dice Dios? Bueno, Dios le da una misión, ¿cierto? Su misión es ser el protector —escuchen ahora— de las dos personas más importantes que jamás vivieron, María y Jesús, los dos libres de pecado desde el momento de su concepción, los dos personajes más importantes en la historia de la salvación. Y a José se le dan este privilegio y esta tarea extraordinarios de protegerlos. Y piensen ahora de nuevo que la Biblia solo da una pista de esto, pero completen los detalles con un poquito de imaginación. ¿Qué implicaba esto? Este hombre tenía que escoltar esta mujer con un embarazo avanzado desde Nazareth a Belén. Lean algunos relatos de cómo era viajar en el mundo antiguo. No era un paseo por el parque, los peligros acechaban a los viajeros en cada curva. José la conduce a Belén.
Luego, no hay lugar en la posada. Si alguna vez tuvieron la experiencia de llegar a algún lugar y la habitación que pensaron tenían reservada no está disponible, no hay lugar dónde quedarse, ahora, multipliquen eso por mil. Saben lo que habrá sido en el mundo antiguo no tener un lugar dónde quedarse, con una mujer embarazada a punto de dar a luz. Tiene que llevarla a un establo o cueva, sea lo que fuera. Y allí en medio de animales, ella da a luz. Todo este tiempo, José es el que está a cargo de proteger a esta madre e hijo. Y luego la parte más terrible de la historia: casi inmediatamente después, Herodes, el rey, el tío que tiene todo el poder del país, con soldados armados, va detrás de este bebé, buscan a este bebé para matarlo. Entonces José tiene que levantarse y salir de Belén y hacer su camino a Egipto. “Oh, eso suena bonito, un viajecito a Egipto”. Piensen de nuevo en el mundo antiguo, cruzar el desierto del Sinaí. ¿Qué comerían? ¿Qué beberían? ¿Dónde conseguirían todo tipo de provisiones? Ella recién ha dado a luz. Tiene un bebé recién nacido entre sus brazos. El lugar está minado de espías y agentes de Herodes. José la conduce segura a Egipto y lleva el bebé allí, y luego, tiene que traerlos de regreso. Ese es sólo un momento de su vida como protector. Apuesto a que mucha gente que me está escuchando ahora ha intuido que ese es el rol que Dios les ha dado. Tal vez no sean la estrella del show, tal vez no sean el que recibe toda la atención, pero Dios les ha dado la tarea de proteger a cierta gente muy importante. Me refiero a todos los padres que me están escuchando ahora, todos los abuelos, cualquiera que esté ejerciendo el rol de protector. José es su hombre. José es el que ejerció ese rol. Y vean luego, aquí está la conexión hermosa. Llamamos a San José “Patrono de la Iglesia Universal”. Es por eso que es un santo tan grande. Piensen ahora, su misión mientras caminó esta tierra fue proteger el cuerpo de Cristo —literalmente, el cuerpo de Cristo. Estaba protegiendo al Señor. Todavía lo hace, pero ahora está protegiendo el Cuerpo Místico de Cristo, que es la Iglesia entera. Por eso es que es tan poderoso. Por eso, acudan a José. Están buscando algo. Están buscando protección, intercesión, lo que sea, “Ite ad Ioseph” ¿cierto? —“Acudan a José”. Porque todavía protege a la Iglesia. Solo un punto más quiero destacar. Porque bajo esta rúbrica, mi título favorito que tiene José es el de “terror de los demonios”. Gracias a Dios tenemos al terror de los demonios de nuestro lado. Pablo dijo que peleamos no solo contra la carne y la sangre sino contra poderes y principados. Estaban los agentes de Herodes. Seguramente, eran enemigos de Cristo de los cuales Jose tenía que protegerlo, pero hay enemigos invisibles también, espíritus enemigos. Gracias a Dios tenemos este guerrero de nuestro lado, este protector que es el terror de los demonios. Así que, podría sugerirles en este domingo de la Sagrada Familia, céntrense en San José, este soñador, este hombre que vio con un alto grado de percepción, este protector del Cuerpo de Cristo. Acérquense a él en la oración. Y Dios los bendiga.
Luke 2:22-40
Amigos, el Evangelio de hoy relata la historia de la presentación de Jesús en el Templo. El Templo era, en sentido literal, la morada del Señor. En el Templo, la divinidad y la humanidad se abrazan, y la raza humana vuelve a estar alineada con Dios.
Pero los pecados de la nación, según el profeta Ezequiel, hicieron que la gloria del Señor se alejara del Templo. Por lo tanto, una de las aspiraciones más profundas del pueblo de Israel era restablecer el Templo como lugar de alabanza justa y apropiada para que así regresara la gloria del Señor. Cuando José y María traen al Niño Jesús al Templo hay notar que la profecía de Ezequiel está siendo cumplida. La gloria de Yahvé está volviendo a Su morada favorita. Y esto es precisamente lo que ve Simeón.
El viejo vidente es un símbolo del antiguo Israel, observando y esperando la venida del Mesías. Simeón conocía todas las viejas profecías; él encarnaba la expectativa de la nación; y el Espíritu Santo le había dado la revelación de que no moriría hasta haber visto a su Salvador.
Los padres de Jesús van al templo para confirmar que el hijo pertenece a Dios y que ellos son los custodios de su vida, pero no son los propietarios. Y esto nos hace reflexionar. Todos los padres son custodios de la vida de los hijos, pero no propietarios y deben ayudarlos a crecer, a madurar.
Este gesto subraya que solo Dios es el Señor de la historia individual y familiar; todo nos viene por Él. Cada familia está llamada a reconocer tal primado, custodiando y educando a los hijos para abrirse a Dios que es la fuente de la misma vida. Pasa por aquí el secreto de la juventud interior, testimoniado paradójicamente en el Evangelio por una pareja de ancianos, Simeón y Ana. El viejo Simeón, en particular, inspirado por el Espíritu Santo dice a propósito del niño Jesús: «Éste está puesto para caída y elevación de muchos en Israel y para dar señal de contradicción […] a fin de que queden al descubierto las intenciones de muchos corazones» (vv. 34-35).
Estas palabras proféticas revelan que Jesús ha venido para hacer caer las falsas imágenes que nos hacemos de Dios y también de nosotros mismos; para «rebatir» las seguridades mundanas sobre las que pretendemos apoyarnos; para hacernos «resurgir» hacia un camino humano y cristiano verdadero, sobre los valores del Evangelio. (Ángelus, 31 enero 2017)
Sagrada Familia de Nazaret
Fiesta Litúrgica
Fiesta de la Sagrada Familia, Jesús, María y José, desde la que se proponen santísimos ejemplos a las familias cristianas y se invocan los auxilios oportunos.
Esta festividad se celebra el domingo que cae entre la Octava de Navidad (25 de diciembre al 1 de enero), o el 30 de diciembre, si no hay un domingo entre estos dos días. En 2018 coincide que el domingo entre la octava de Navidad es el día 30 de diciembre.
En la festividad de la Sagrada Familia, recordamos y celebramos que Dios quiso nacer dentro de una familia para que tuviera alguien que lo cuidara, lo protegiera, lo ayudara y lo aceptara como era.
Al nacer Jesús en una familia, el Hijo de Dios ha santificado la familia humana. Por eso nosotros veneramos a la Sagrada Familia como Familia de Santos.
¿Cómo era la Sagrada Familia?
María y José cuidaban a Jesús, se esforzaban y trabajaban para que nada le faltara, tal como lo hacen todos los buenos padres por sus hijos.
José era carpintero, Jesús le ayudaba en sus trabajos, ya que después lo reconocen como el “hijo del carpintero”.
María se dedicaba a cuidar que no faltara nada en la casa de Nazaret.
Tal como era la costumbre en aquella época, los hijos ayudaban a sus mamás moliendo el trigo y acarreando agua del pozo y a sus papás en su trabajo. Podemos suponer que en el caso de Jesús no era diferente. Jesús aprendió a trabajar y a ayudar a su familia con generosidad. Él siendo Todopoderoso, obedecía a sus padres humanos, confiaba en ellos, los ayudaba y los quería.
¡Qué enseñanza nos da Jesús, quien hubiera podido reinar en el más suntuoso palacio de Jerusalén siendo obedecido por todos! Él, en cambio, rechazó todo esto para esconderse del mundo obedeciendo fielmente a María y a José y dedicándose a los más humildes trabajos diarios, el taller de San José y en la casa de Nazaret.
Las familias de hoy, deben seguir este ejemplo tan hermoso que nos dejó Jesús tratando de imitar las virtudes que vivía la Sagrada Familia: sencillez, bondad, humildad, caridad, laboriosidad, etc.
La familia debe ser una escuela de virtudes. Es el lugar donde crecen los hijos, donde se forman los cimientos de su personalidad para el resto de su vida y donde se aprende a ser un buen cristiano. Es en la familia donde se formará la personalidad, inteligencia y voluntad del niño. Esta es una labor hermosa y delicada. Enseñar a los niños el camino hacia Dios, llevar estas almas al cielo. Esto se hace con amor y cariño.
“La familia es la primera comunidad de vida y amor el primer ambiente donde el hombre puede aprender a amar y a sentirse amado, no sólo por otras personas, sino también y ante todo por Dios.” (Juan Pablo II, Encuentro con las Familias en Chihuahua 1990).
El Papa Juan Pablo II en su carta a las familias nos dice que es necesario que los esposos orienten, desde el principio, su corazón y sus pensamientos hacia Dios, para que su paternidad y maternidad, encuentre en Él la fuerza para renovarse continuamente en el amor.
Así como Jesús creció en sabiduría y gracia ante Dios y los hombres, en nuestras familias debe suceder lo mismo. Esto significa que los niños deben aprender a ser amables y respetuosos con todos, ser estudiosos obedecer a sus padres, confiar en ellos, ayudarlos y quererlos, orar por ellos, y todo esto en familia.
Recordemos que “la salvación del mundo vino a través del corazón de la Sagrada Familia”.
La salvación del mundo, el porvenir de la humanidad de los pueblos y sociedades pasa siempre por el corazón de toda familia. Es la célula de la sociedad.
Oración
“Oremos hoy por todas las familias del mundo para que logren responder a su vocación tal y como respondió la Sagrada Familia de Nazaret.
Oremos especialmente por las familias que sufren, pasan por muchas dificultades o se ven amenazadas en su indisolubilidad y en el gran servicio al amor y a la vida para el que Dios las eligió” (Juan Pablo II)
“Oh Jesús, acoge con bondad a nuestra familia que ahora se entrega y consagra a Ti, protégela, guárdala e infunde en ella tu paz para poder llegar a gozar todos de la felicidad eterna.”
“Oh María, Madre amorosa de Jesús y Madre nuestra, te pedimos que intercedas por nosotros, para que nunca falte el amor, la comprensión y el perdón entre nosotros y obtengamos su gracia y bendiciones.”
“Oh San José, ayúdanos con nuestras oraciones en todas nuestras necesidades espirituales y temporales, a fin de que podamos agradar eternamente a Jesús. Amén.”
Siguiendo el ejemplo de la Sagrada Familia
Santo Evangelio según San Lucas 2, 22-40. La Sagrada Familia
Por: Michael Vargas, LC | Fuente: somosrc.mx
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Señor, enséñame a vivir en comunión con todas las personas y, de manera especial, con mis familiares.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según Lucas 2, 22-40
Transcurrido el tiempo de la purificación de María, según la ley de Moisés, ella y José llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley: Todo primogénito varón será consagrado al Señor, y también para ofrecer, como dice la ley, un par de tórtolas o dos pichones. Vivía en Jerusalén un hombre llamado Simeón, varón justo y temeroso de Dios, que aguardaba el consuelo de Israel; en él moraba el Espíritu Santo, el cual le había revelado que no moriría sin haber visto antes al Mesías del Señor. Movido por el Espíritu, fue al templo, y cuando José y María entraban con el niño Jesús para cumplir con lo prescrito por la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios, diciendo: «Señor, ya puedes dejar morir en paz a tu siervo, según lo que me habías prometido, porque mis ojos han visto a tu Salvador, al que has preparado para bien de todos los pueblos, luz que alumbra a las naciones y gloria de tu pueblo, Israel».
El padre y la madre del niño estaban admirados de semejantes palabras. Simeón los bendijo, y a María la madre de Jesús, le anunció: «Este niño ha sido puesto para ruina y resurgimiento de muchos en Israel, como signo que provocará contradicción, para que queden al descubierto los pensamientos de todos los corazones. Y a ti, una espada te atravesará el alma». Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era una mujer muy anciana. De joven, había vivido siete años casada y tenía ya ochenta y cuatro años de edad. No se apartaba del templo ni de día ni de noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones. (Cuando José y María entraban en el templo para la presentación del niño). Ana se acercó, dando gracias a Dios y hablando del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén. Una vez que José y María cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y fortaleciéndose, se llenaba de sabiduría y la gracia del Dios estaba con él.
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
Último día del año. Grandes festejos, pendientes, regalos, familia, amigos. Un año que acaba y otro año que inicia. Tiempo de gracia para detenernos y reflexionar de cara a Dios, ¿cómo está mi vida? Espontáneamente pueden venir a mi corazón las siguientes preguntas, ¿qué tan bien he vivido este año? ¿Cómo viviré el año que viene?
Podemos examinar cada respuesta que brote del corazón y querer mejorar, pero nunca debemos perder de vista que, si debemos mejorar algo, ese algo es el amor, pues en el amor encontramos el sentido para lo cual hemos sido creados, sentido que, a su vez, lo podemos descubrir en el gran ejemplo de la Sagrada Familia. Una familia en la cual podemos ver y aprender a vivir en el amor, pero no cualquier amor, sino un amor rico en unidad y en alegría.
Claramente podemos contemplar a la Sagrada Familia, que va al templo, para cumplir la voluntad de Dios; pero no va cada uno por separado, sino que unidos por el amor y demostrando, con ello, la alegría; alegría que brota de un gozo profundo en el corazón y que se contagia como lo fue al encontrarse con Simeón o con la viuda en el templo.
La Sagrada Familia es un signo del amor de Dios y por ello ilumina a aquellos que confían y esperan en Él, pues en ella está la respuesta del plan divino que Dios ha hecho por amor a los hombres.
«Compartamos y vivamos en unidad y alegría a ejemplo de la Sagrada Familia, la cual: «es un icono familia sencillo pero muy luminoso» y esa luz que se irradia «es luz de misericordia y de salvación para el mundo entero, luz de verdad para cada hombre, para la familia humana y para las familias solas»».
(Papa Francisco, Ángelus el 28 de diciembre de 2014).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Daré gracias a Dios por este fin e inicio de año y pediré a la Sagrada Familia que me enseñe a amar con alegría a mis familiares, amigos y/o conocidos.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
¿Qué significan los nombres hebreos de la Sagrada Familia?
PD
¿De dónde vienen los nombres de Jesús, María, José, Joaquín y Ana, además del título de Mesías o Cristo?
La Sagrada Familia de Nazaret está formada por Jesucristo, su madre María y su padre adoptivo José, así como por sus abuelos maternos Joaquín y Ana. Desafortunadamente, el nombre de los padres de san José no nos ha llegado.
Aquí está el origen y el significado de estos nombres:
JESÚS
Del latín Iésus, que deriva del hebreo Yeshua, variación de Yehoshua (del que también deriva el nombre Josué). Significa «Dios salva».
Cristo (o Mesías): Del latín Christus, versión del griego Christós, traducción del hebreo Mashiakh. Significa «Ungido». No es parte del nombre propio de Jesús, sino un título reconocido para él.
MARÍA
Del latín Maria, derivado del arameo Maryam o Mariam, cuya versión hebrea es Myrhiàm.
María significa «La elegida por dios» proviene del hebreo מִרְיָם (Miryam) que significa «Excelsa».
JOSÉ
Del latín Ioseph, derivato del hebreo Yosef. Existe también la versión latinizada Iosephus.
Tiene dos significados: en el primer caso significa ‘Yavhé ha borrado’ y en el segundo ‘que Yavhé añada’. La Biblia interpreta de este nombre a partir de las frases de Raquel recogidas en el Génesis al dar a luz al patriarca José cuando dice: ”Dios ha borrado mi afrenta” y llamó a su hijo José, “que me añada Yahvé otro hijo”.
JOAQUÍN
Del latín Ioachim, derivado del hebreo Yəhôyāqîm. Significa “Aquel que ha sido preparado por Dios”.
San Joaquín, marido de Santa Ana, era el padre de la Virgen María, y por tanto el abuelo de Jesús.
ANA
Del latín Anna, deriva del hebreo Ḥannāh. Significa “Gracia”.
Santa Ana, mujer de San Joaquín, era la madre de la Virgen María, y así, la abuela de Jesús.