John 5:17-30
Amigos, en el Evangelio de hoy vemos a Jesús como juez, mostrando misericordia y amor. Es difícil leer dos páginas de la Biblia—en el Antiguo o Nuevo Testamento—y no encontrar el lenguaje del juicio divino.
Pensemos en el juicio como una especie de luz, que revela tanto lo positivo como lo negativo. Las cosas hermosas se ven aún más hermosas cuando la luz brilla sobre ellas; las cosas feas se ven aún más feas cuando salen a la luz. Cuando la luz divina brilla, cuando el juicio tiene lugar, algo como un amor real se libera.
Alguien podría evitar ver al médico durante años, temeroso de descubrir alguna enfermedad o eventual fatalidad. ¡Pero cuánto mejor para ti es hacerlo, aun cuando el médico pronuncie un “juicio” severo sobre tu condición física!
Y esta es la razón por la cual el juicio es una actividad propia de un rey. No es el ejercicio de un poder arbitrario, sino más bien el de un amor real.
Francisco de Paula, Santo
Memoria Litúrgica, 2 de abril
Por: P. Ángel Amo | Fuente: Catholic.net
Eremita y Fundador
Martirologio Romano: San Francisco de Paula, ermitaño, fundador de la Orden de los Mínimos en Calabria, prescribiendo a sus discípulos que viviesen de limosnas, no teniendo propiedad ni manipulando dinero, y que utilizasen sólo alimentos cuaresmales. Llamado a Francia por el rey Luis XI, le asistió en el lecho de muerte, y célebre por la austeridad de vida, murió a su vez en Plessis-les-Tours, junto a Tours († 1507).
Etimológicamente: Francisco = el abanderado, de origen germano.
Fecha de canonización: En 1519 por el Papa León X.
Breve Biografía
Francisco nació en Paula, región de Calabria (Italia) en el año 1416, y es uno de los más jóvenes fundadores de órdenes religiosas que recuerda la historia.
A los trece años vistió el hábito franciscano, pero dos años más tarde desapareció. Después de algunos años lo descubrió un cazador en un refugio en las ásperas montañas cerca de Cosenza.
La fama de su santidad y de sus milagros atrajo a un buen número de jóvenes deseosos de seguir su ejemplo, con los cuales fundó la Orden de los Mínimos o Ermitaños de san Francisco de Asís.
Los invitó a la penitencia, reduciendo su alimentación durante los 365 días del año a pan, pescado, agua y verduras.
Pero las duras penitencias no acortaron su vida, pues vivió hasta la edad de 91 años. Murió un viernes santo, el 2 de abril de 1507, mientras se encontraba en Francia, en Plessis-les-Tours.
Fue canonizado por el Papa León X en 1519, a los doce años de su muerte, y aún hoy se le propone no sólo como modelo de penitencia, sino también -como dijo Pablo VI el 27 de mayo de 1977- como modelo de valentía para denunciar “las malversaciones de los poderosos”.
Una vez el pobre fraile, flaco y agotado por los ayunos, iba de Cosenza a Reggio Calabria y de aquí necesitaba pasar el estrecho de Mesma, pues se dirigía a Sicilia. Como ninguno de los barqueros quiso llevarlo, el santo extendió su manto y sobre él navegó por el mar hasta Mesina. El prodigio le ganó la reputación de taumaturgo y el título de patrono de los marineros. La vida de este austero santo, que vivió entre honores siquiera sin darse cuenta, está llena de milagros. Su fama superó los confines de Italia y llegó hasta Francia, a donde Luis XI quiso que el Papa lo enviara para que lo curara de una grave enfermedad.
El humilde fraile, avisado por un enviado pontificio, emprendió el viaje a Francia. Cuando llegó a París no le restituyó al rey la salud que pedía, pero sí le dio la del alma: lo reconcilió con Dios y lo convenció a aceptar su Santísima voluntad. Antes de morir, Luis XI lo nombró director espiritual del hijo y sucesor Carlos III.
ORACIÓN
Sol luminoso de caridad y verdadero Padre de los pobres,
San Francisco de Paula,
como pobre y necesitado de salvación recurro a ti
para que me alcanzes del Señor una fe viva, una esperanza firme,
una caridad ardiente
y una paciencia inalterable en las pruebas y contrariedades de la vida.
Tú, que de un modo vivo y completo
reflejaste la imagen de nuestro divino Redentor,
ayúdeme a modelar mi vida según el ejemplo y enseñanzas
de nuestro Señor y Salvador, Jesucristo.
Dame tu ayuda poderosa en toda dificultad material o espiritual
e intercede por mí para que,
caminando santamente durante esta peregrinación terrena,
merezca gozar contigo de los inefables gozos de la divinidad
en la plenitud de la eterna bienaventuranza.
Estas gracias espero confiadamente alcanzar por tu eficaz protección
y la maternal intercesión de la Santísima Virgen María,
en virtud de los méritos infinitos de nuestro Señor Jesucristo.
Amén.
Lo que haces será tu legado
Santo Evangelio según San Juan 5, 17-30. Miércoles IV de Cuaresma
Por: César Yali Molina Flores, LC | Fuente: Somosrc.mx
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Concédeme, Señor, la gracia de actuar según tu designio para que los demás sigan tus pasos.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Juan 5,17-30
En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos (que lo perseguían por hacer curaciones en sábado): “Mi Padre trabaja siempre y yo también trabajo”. Por eso los judíos buscaban con mayor empeño darle muerte, ya que no sólo violaba el sábado, sino que llamaba Padre suyo a Dios, igualándose así con Dios.
Entonces Jesús les habló en estos términos: “Yo les aseguro: El Hijo no puede hacer nada por su cuenta y sólo hace lo que le ve hacer al Padre; lo que hace el Padre también lo hace el Hijo. El Padre ama al Hijo y le manifiesta todo lo que hace; le manifestará obras todavía mayores que éstas, para asombro de ustedes. Así como el Padre resucita a los muertos y les da la vida, así también el Hijo da la vida a quien él quiere dársela. El Padre no juzga a nadie, porque todo juicio se lo ha dado el Hijo, para que todos honren al Hijo, como honran al Padre. El que no honra al Hijo tampoco honra al Padre. Yo les aseguro que, quien escucha mi palabra y cree en el que me envió, tiene vida eterna y no será condenado en el juicio, porque ya pasó de la muerte a la vida. Les aseguro que viene la hora, y ya está aquí, en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que la hayan oído vivirán. Pues, así como el Padre tiene la vida en sí mismo, también le ha dado al Hijo tener la vida en sí mismo; y le ha dado el poder de juzgar, porque es el Hijo del hombre. No se asombren de esto, porque viene la hora en que todos los que yacen en la tumba oirán mi voz y resucitarán: los que hicieron el bien para la vida; los que hicieron el mal, para la condenación. Yo nada puedo hacer por mí mismo. Según lo que oigo, juzgo; y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió”.
Palabra del Señor
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
El Evangelio de hoy es una invitación a la coherencia de vida pues los más jóvenes actúan con el ejemplo de los mayores. Jesús dijo: «en verdad os digo que el Hijo no puede hacer nada por su cuenta, sino lo que ve hacer al Padre». Grande es la confianza que Dios pone en tu vida al ser guía de tu prole, o al ser educador, catequista, hermano o hermana mayor, o ser quien lidera un grupo o al menos tienes influencia sobre otra persona, es por esta razón que debes de actuar con coherencia, pues lo que haces es imitado por otros, porque te consideran alguien especial. Como padre o madre debes considerar tus propias actitudes y comprender a tus hijos sin hacer juicios condenatorios, debes aprender a verlos con ojos de misericordia, que implica ponerles límites. Tú que eres hija o hijo recuerda que no eres perfecto, que cometes errores y que otros también buscan en ti la perfección, o al menos, el actuar con coherencia, misma que buscas en tus padres.
Jesús se dona totalmente por amor porque es lo que hace el Padre, amar-perdonar-guiar-ser feliz. Recuerda que tú aprendiste de otro todo lo bueno que hay en ti y también aquello de lo que no te enorgulleces, por eso esfuérzate para dejar un legado que marque las vidas de muchos de forma edificante.
Lo bueno se construye en familia, el Padre y el Hijo hacen las mismas cosas porque viven en comunión y es a lo que invita el Evangelio, una vida coherente en comunión; por eso padres e hijos, aprendan a verse con amor, reconociendo sus debilidades y errores, pero esforzándose por dar lo mejor de cada uno, conscientes que otros harán lo que aprendieron y enseñaron con su coherencia de vida.
Así como Jesús en su naturaleza divina hace lo que hace Dios Padre, en su naturaleza humana hizo y hace lo que aprendió de san José y la Santísima Virgen María. Por eso aprende a decir como san Pablo: Imitatores mei estote, sicut et ego Christi. «Sigan mi ejemplo, así como yo sigo el ejemplo de Cristo.» Y Cristo imitó en todas sus virtudes humanas a san José y la Virgen María. Aprende de ellos y déjate guiar para que, al igual que la Sagrada Familia, seas también imagen de la Santísima Trinidad.
«Jesús vino a salvar, con su palabra, no a condenarnos. Se ve cuando un hombre o una mujer han vivido este paso y cuando no. La gente se da cuenta de si un cristiano razona como hijo o como esclavo. Y nosotros mismos recordamos si nuestros educadores nos han cuidado como padres y madres o si nos han impuesto solo unas reglas. Los mandamientos son el camino hacia la libertad, porque son la palabra del Padre que nos hace libres en este camino. El mundo no necesita legalismo sino cuidado. Necesita cristianos con el corazón de hijos. Necesita cristianos con el corazón de hijos: no olvidéis esto».
(S.S. Francisco, Audiencia 20 de junio de 2018).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
En un momento de oración voy a revisar si mi manera de actuar es coherente con mi fe.
Despedida
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
El “martirio blanco” de Juan Pablo II, ¿un camino inspirador para superar el sufrimiento?
Cyprien Viet – publicado el 01/04/25
Los largos años de sufrimiento físico de Juan Pablo II y las circunstancias de su agonía y muerte el 2 de abril de 2005 conmocionaron al mundo y allanaron el camino para su rápida beatificación y posterior canonización. La noción de «martirio blanco» no está aceptada canónicamente en los procedimientos de beatificación, pero ofrece la oportunidad de releer su pontificado a la luz del don radical de su vida
«Parecía tan guapo y fascinante, este Papa joven y atlético», recuerda un estudiante italiano en Roma en la época de la elección de Juan Pablo II. De octubre de 1978 a mayo de 1981, este Papa, elegido a la edad de 58 años, brilló en la pantalla y dio al Vaticano un inesperado soplo de aire fresco. Con una energía y un carisma heredados de su experiencia en el teatro, el Pontífice polaco sacudió los códigos del papado, aunque ello supusiera escandalizar a algunos de sus colaboradores, y fue rápidamente «adoptado» tanto por los romanos como por los millones de fieles que acudieron a escucharle durante sus primeros viajes. Pero su pontificado dio un giro trágico con el atentado del 13 de mayo de 1981. El Papa sobrevivió al tiroteo en la plaza de San Pedro, pero es probable que este choque dejara una huella permanente en el cuerpo y la psique de Juan Pablo II.
A partir de entonces, la salud del Papa empezó a ser objeto de muchas especulaciones, y el mundo se dio cuenta de los dolores y fragilidades de un cuerpo que ahora sufría. Hospitalizado por primera vez del 13 de mayo al 3 de junio de 1981 en el Gemelli, el Papa fue sometido a una importante operación de seis horas, en la que se le extirparon 55 centímetros de intestino. Del 20 de junio al 14 de agosto fue hospitalizado de nuevo durante 56 días, la estancia más larga en un hospital papal. Además de tratar una infección provocada por la transfusión de sangre que recibió de urgencia tras el atentado, el objetivo de esta segunda hospitalización era restablecer sus funciones digestivas. Durante casi un cuarto de siglo, la salud del Papa polaco fue escrutada por la prensa internacional de forma a veces humillante, y fue objeto de muchas especulaciones, a las que su portavoz Joaquín Navarro-Valls, que era a la vez periodista y médico, respondió con un comunicado muy filtrado.
Entre el sufrimiento físico y la (sobre)exposición mediática
Antoine Mekary | ALETEIA
El deterioro del estado de salud del Pontífice se hizo cada vez más evidente a partir de los años 90, pero el Papa polaco, que hizo de su enfermedad parte integrante de su magisterio moral, demostró hasta el final de su vida una asombrosa fortaleza de carácter y un infalible sentido del humor.
Ironizando sobre la cobertura mediática de sus sucesivas hospitalizaciones, llegó a confesar a sus allegados que cuando necesitaba noticias sobre su salud, ¡bastaba con «leer los periódicos»! El hecho es que para un hombre tan apegado al cuidado de su cuerpo y a su autonomía física, la exposición de sus fragilidades en la televisión mundial fue ciertamente muy humillante.
Pero Juan Pablo II cargó literalmente con la cruz de un cuerpo dolorido, continuando sus actividades y viajes más allá de las capacidades normales de un hombre debilitado. En el don radical de su vida, al llevar su cuerpo hasta los límites extremos de la fatiga y el dolor, el «hombre de blanco» asumió así una forma de «martirio blanco».
En 2023, el embajador húngaro ante la Santa Sede, Eduard Habsburg, apeló a esta noción en relación con el cardenal Mindszenty, antiguo arzobispo de Esztergom-Budapest que murió en 1975 en el exilio tras haber sido sometido a torturas durante su cautiverio en los años 40 y 50, en la época más dura del régimen comunista.
«Las circunstancias de su muerte podrían tenerse en cuenta para su beatificación, ya que un documento que data de su cautiverio mostraba que tenía problemas cardíacos relacionados con los malos tratos recibidos. Por tanto, estos datos podrían tenerse en cuenta para un ‘martirio blanco’, una entrega de su vida hasta la muerte. Aunque no muriera en cautiverio, su corazón estaba desgastado por la prisión», explicó el diplomático, entrevistado por I.Media en el contexto del viaje de Francisco a Hungría.
Unión con la cruz de Cristo
¿Se mantuvo este criterio en el proceso de beatificación de Juan Pablo II? La noción de «martirio blanco» no existe formalmente en los expedientes estudiados por el Dicasterio para las Causas de los Santos, según una fuente interna. Sin embargo, la dimensión del martirio sigue omnipresente en la vida del pontífice polaco… incluida, en realidad, la del «martirio rojo», ya que su sangre se derramó a gran escala.
En la última década del pontificado de Juan Pablo II, el evidente sufrimiento del Papa suscitó cierto malestar, y algunas personalidades públicas le instaron abiertamente a dimitir. Pero también generó admiración y una forma de identificación, sobre todo entre los ancianos enfermos y discapacitados.
En enero de 2005, un párroco francés enfermo de leucemia nos decía: «Juan Pablo II nos muestra a nosotros, los enfermos, que nuestras vidas aún tienen sentido y dignidad, que aún podemos asumir responsabilidades y dar testimonio de nuestra fe».
Aunque el martirio blanco no está reconocido como categoría oficial desde el punto de vista canónico, sigue siendo interesante releer la vida de Juan Pablo II y su relación con el sufrimiento físico como signo de una radical donación y testimonio de vida -lo que coincide con el significado etimológico de la palabra «mártir»- que le condujo naturalmente hacia la santidad.
«Los mártires blancos son aquellos que han vivido sus vidas totalmente entregados a Dios, completamente unidos a él, y han aceptado y soportado enormes sufrimientos ofreciéndolos a Dios, en unión con la cruz de Cristo», afirmaba el diario británico Catholic Herald en 2015.