Matthew 7:21,
Matthew 7:24-27

Amigos, el Evangelio de hoy nos desafía a actuar ante la Buena Noticia. ¿Sobre qué precisamente está edificada toda tu vida? Tu corazón o alma son tu centro, el lugar donde eres más auténtico y profundamente tú mismo. Ese es tu punto de contacto con Dios. Allí encontrarás la energía que afianza y conforma todas las otras áreas de tu vida: física, psicológica, emocional, de relación y espiritual. Como tal, es la dimensión más importante y elusiva de quién eres.

Si estás enraizado en Dios al nivel de tu corazón y alma, entonces estarás siguiendo las intenciones y mandatos de Dios, y puedes soportar cualquier cosa. Pero esto no quiere decir que si seguimos los mandatos de Dios, las tormentas y borrascas no vendrán. 

En la parábola de Jesús, ambos constructores —el que sigue los mandatos de Dios y el que no— experimentan la lluvia y las inundaciones que simbolizan todas las pruebas y tentaciones y dificultades del exterior de tu vida. Si en el mismo centro de tu vida estás vinculado a Dios, las tormentas y borrascas vendrán, pero no te destruirán.

Matthew 9:27-31

 La ceguera en la Biblia es a menudo un símbolo de la ceguera espiritual: la incapacidad de ver lo que realmente interesa. Centrados en los bienes mundanos de riqueza, placer, poder y honor, la mayoría de la gente no ve cuán ciegos están de las cosas verdaderamente importantes: entregarse a la gracia de Dios y vivir una vida de amor. Si no te has rendido a la gracia de Dios, estás ciego. Qué maravilloso es, entonces, que estos hombres del Evangelio puedan clamar a Jesús en su necesidad.

Están, por supuesto, haciendo una petición para una curación física, pero es mucho más que eso para nosotros. Es pedir por aquella sola cosa que finalmente importa: la visión espiritual —entender de qué trata mi vida, conocer la película completa, comprender a donde estoy yendo—. Puedes tener toda la riqueza, el placer, el honor y el poder que quieras. Puedes tener todos los bienes mundanos que puedas desear. Pero si no puedes ver espiritualmente, no te harán ningún bien; y probablemente te destruyan.

Los dos ciegos del Evangelio se fían de Jesús y lo siguen en busca de luz para sus ojos. ¿Y por qué, hermanos y hermanas, estas dos personas se fían de Jesús? Porque perciben que, en la oscuridad de la historia, Él es la luz que ilumina las noches del corazón y del mundo, que derrota las tinieblas y vence toda ceguera. También nosotros, como los dos ciegos, tenemos cegueras en el corazón. También nosotros, como los dos ciegos, somos viajeros a menudo inmersos en la oscuridad de la vida. Lo primero que hay que hacer es acudir a Jesús, como Él mismo dijo: «Vengan a mí todos los cansados y abrumados por cargas, y yo los haré descansar» (Mt 11,28).

(Homilia en Estadio GSP de Nicosia, viernes, 3 de diciembre de 2021)

Bibiana (Viviana), Santa

Mártir, 2 de diciembre

Martirologio Romano: En Roma, santa Bibiana, mártir, a quien el papa san Simplicio dedicó una basílica en el Esquilino (s. inc.).

Etimologicamente: Bibiana = «aquella que vive», es de origen latino.

Breve Biografía

Ya se menciona en el Liber Pontificalis el culto a la mártir Bibiana cuando se afirma en él que el Papa Simplicio (468 – 473) le dedicó una basílica. Restaurada en el siglo XVII por el infatigable papa Urbano VIII quien con su pasión renacentista, además de salvar un monumento antiguo, quiso dejar un testimonio litúrgico del hallazgo incluyendo en el calendario de la Iglesia universal la fiesta de Santa Bibiana en el día 2 de Diciembre. La basílica tiene tres naves divididas por ocho columnas antiguas y contiene una escultura graciosa de la Santa esculpida por Bernini. Está situada cerca de la vía férrea, da nombre al túnel por donde se ésta se cruza —Arcos de Santa Bibiana— se halla próxima a la Stazione Termini.

¿Quién fue Santa Bibiana?

Bernini, todo arte, la representa con los instrumentos del martirio que le dieron la Vida: la columna donde fue flagelada, los azotes, la corona del martirio y la sonrisa en su cara. Pero todo ello, con ser verdadero, es cosa común y aplicable a la mayor parte de los mártires cristianos en la Roma pagana, por lo que es decir mucho y, al mismo tiempo, nada acerca de un personaje concreto.

El relato de las actas no es fiable. Las actas de los mártires que comienzan a proliferar y los escritos aún más tardíos del martirio no son dignos de crédito histórico por las añadiduras apócrifas y contradicciones que contienen. Incluso los datos que se mencionan, como hacer responsable de su martirio al emperador Juliano el Apóstata, adolecen de un pronunciado desinterés cronológico. La leyenda de nuestra santa que relata pormenorizadamente su martirio es una novela ejemplar que aplica un esquema general romano.

Pero es cierto que Santa Bibiana existió y que fue mártir. Posiblemente también existieron su madre Dafrosa y su hermana Demetria cuyos sarcófagos intactos se descubrieron debajo de los dos vasos de vidrio con inscripciones que conservaban las reliquias de la Santa. La historia se remonta como más remoto documento al papa Simplicio que se sitúa en el siglo V. La veneración de esta mártir es anterior al ese dato. Y por ello no está lejos de la verdad histórica la afirmación de que vivió santa Bibiana a finales del siglo III, antes incluso de lo que cantan las actas.

Es, pues, Bibiana una santa de la que poco sabemos por los documentos que pueden aducirse con valoración histórica cierta. Conocemos su existencia y la entrega colmada, definitiva, que de su vida hizo a Dios, dándole un sí apoteósico con el martirio. Todo lo demás ¿qué importa? Al fin y al cabo, las piedras talladas, papiros, pellejos, papeles y datos informáticos en donde pueda constar la historia más completa de cualquier santo no son más que raspar en la corteza sin alcanzar jamás ese núcleo personal de la relación entre el santo —la santa en nuestro caso— y Dios. Lo que consta en los archivos nos puede llevar al reconocimiento de sus virtudes, pero la reciprocidad de amores entre redimido y Redentor es un misterio siempre escondido para la historia y patente sólo cabe Dios.

Perseverar en la oración

Santo Evangelio según san Mateo 9, 27-31. Viernes I de Adviento

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Creo, Señor, que estás presente en este momento. Sé que quieres estar conmigo y yo también deseo acompañarte. Señor, enséñame a orar. Gracias por todos los dones que me concedes siempre sin yo merecerlo. Aumenta mi fe, mi esperanza y mi caridad. Permíteme en este rato conocerte y amarte un poco más. Llena mi corazón de celo por la salvación de las almas y la extensión de tu Reino.

Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Mateo 9, 27-31

Cuando Jesús salía de Cafarnaúm, lo siguieron dos ciegos, que gritaban: «¡Hijo de David, compadécete de nosotros!». Al entrar Jesús en la casa, se le acercaron los ciegos y Jesús les preguntó: «¿Creen que puedo hacerlo?». Ellos le contestaron: «Sí, Señor». Entonces les tocó los ojos, diciendo: «Que se haga en ustedes conforme a su fe». Y se les abrieron los ojos. Jesús les advirtió severamente: «Que nadie lo sepa». Pero ellos, al salir, divulgaron su fama por toda la región.

Palabra del Señor.

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio.

Antes de meditar en el pasaje de hoy conviene recordar que estoy ya en el periodo de preparación para tu venida a mi alma. Las recomendaciones que me das en la Liturgia son los mejores medios para prepararme bien. Al fin y al cabo nadie puede prepararte mejor el lugar que quieres sino Tú mismo, claro que con mi ayuda y por ello pones a mi disposición estos consejos.

Puedo tomar un medio para seguir en este camino de adviento. Es el medio de la oración. Una oración perseverante y con fe.

Contemplo a estos dos ciegos que sin verte te siguen e insisten en su petición. Es una muy buena imagen de la oración. Esa oración en la que a veces me tengo que lanzar a ciegas pues no te veo ni te siento. Una oración sacudida por una desgracia familiar, una rutina incrustada en mi vida o incluso un buen momento de bienestar en el que me olvido de ti. Sin embargo, dame la gracia de continuar siguiéndote aunque me cueste y no te vea. Creer que sigues allí y me puedes obtener lo que pido.

Este Evangelio es imagen de la oración perseverante. Los ciegos insisten y no se cansan de gritar todo el camino la misma frase. Que tampoco yo me canse de hacer mis peticiones, aunque sean las mismas y pareciera que no escucharas. Sí me escuchas pero quieres que te siga con perseverancia. Perseverar en la oración es un buen medio en este adviento.
Señor, que mi oración este llena de fe en Ti para que te permita actuar en mi vida. Pero la fe no es sólo creer en ti y saber que existes. La fe no es algo inerte que Tú me das y basta. La fe es reconocer tu poder y tu amor y dejarte actuar según este amor y este poder. La fe es una virtud que se ejercita en actos concretos, por eso, Señor, te pido que aumentes mi fe.

«Qué fácil y equivocado es creer que la vida depende de lo que se posee, del éxito o la admiración que se recibe; que la economía consiste sólo en el beneficio y el consumo; que los propios deseos individuales deben prevalecer por encima de la responsabilidad social. Mirando sólo a nuestro yo, nos hacemos ciegos, apagados y replegados en nosotros mismos, vacíos de alegría y vacíos de libertad. ¡Es algo tan feo!».

(Homilía de S.S. Francisco, 4 de marzo de 2016).

Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Hoy procuraré repetir esta jaculatoria durante el día: «Señor creo en Ti, pero aumenta mi fe».

Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

Santa Viviana y la valentía de seguir viviendo

Conoce a una valiente joven mártir del siglo IV martirizada junto a sus padres y su hermana en la persecución de Juliano el Apóstata

Como suele suceder con los santos de los primeros tiempos del cristianismo, los datos no son muy precisos, pero gracias a la Passio Bibianae podemos conocer algo sobre la vida y martirio de santa Viviana (o Bibiana, como se usa en algunos países).

El origen de su nombre está ligado al verbo “vivir”, por lo tanto sinónimo de vitalidad, vivacidad y deseo de supervivencia espiritual.

La «Passio Bibianae»

La passio cuenta que Viviana,  junto a su padre Flaviano, su madre Dafrosa y su hermana Demetria, afrontaron el suplicio durante las persecuciones contra los cristianos de Juliano el apóstata entre los años 361-363.

Aunque la libertad de culto ya había sido proclamada desde el 313 gracias al emperador Constantino, Juliano era un devoto pagano y quería vivamente un retorno del paganismo en el imperio.

Por eso mandó al gobernador de Roma Aproniano que se “encargará” de la noble familia.

Este, después de haber hecho asesinar a los padres de Viviana por no renegar de la fe cristiana, la encerró a ella y a su hermana privándolas de alimentos para que murieran por inanición.

Demetria murió pero Viviana no, así que la encomendaron a una proxeneta para que cayera en las tentaciones de la vida mundana. Sin embargo ella se mantuvo siempre fiel a sus creencias.

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Entonces el gobernador la hizo atar a una columna y finalmente murió flagelada a golpes de cordeles emplomados.

Su cuerpo fue dado como alimento a los perros de la calle pero se cuenta que estos no la tocaron.

La enterraron junto a su madre y su hermana cerca de su casa junto a los restos de otros 11.266 mártires.

La significativa iglesia en el lugar del martirio

En la importante estación terminal de Roma se encuentra la iglesia que se levantó sobre la tumba de la mártir.

Apenas entras a la pequeña iglesia dedicada a la santa, al lado izquierdo está la columna donde flagelaron a la joven.

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Patronazgo

Santa Viviana es patrona de los epilépticos, enfermos mentales, alcohólicos e intercesora del malestar en momentos de convulsiones.

Curiosidad

En Italia es popular un dicho, “santa Viviana, 40 días y una semana”. Según la tradición del clima que haya el día de su fiesta, el 2 de diciembre, dependerá el de los 47 días posteriores.

Oración

Dios todopoderoso y eterno que diste a santa Bibiana la fe necesaria para derramar su sangre por Ti, para dar caridad, para dar amor y consuelo a los necesitados, para dar coraje y fuerza de vivir a los enfermos mentales y dar humildad a los violentos.

Danos la ayuda que necesitamos para superar las dificultades que encontramos en nuestro camino, danos el coraje y la fuerza para afrontar estos tiempos adversos. Amén.

Padre Nuestro, Ave María, Gloria