• Mark 3:13-19

Hoy en el Evangelio Jesús reúne a los discípulos. Y nombró a doce apóstoles “para que estuvieran con Él y para enviarlos a predicar”. 

Santa Teresa de Lisieux nos dice que ella se esforzó por escribir sus memorias espirituales a instancias de su hermana, quien también era su superiora religiosa a quien estaba obligada a obedecer. Después de orar para no decir nada que no fuera agradable a Cristo, tomó el Evangelio de Marcos, y sus ojos se posaron en estas palabras: “Él subió la montaña y convocó a aquellos que Él quería y ellos vinieron a Él”. 

Este versículo, dice ella, es la clave interpretativa de su vida, ya que describe la forma en que Cristo ha trabajado en su alma: “No llama a los que son dignos, sino a los que desea”. La suya fue una historia de amor divino, que por la gracia quiere el bien del otro, y despierta una reacción imitativa en aquél que es amado. 

No es la narrativa de un intercambio económico —recompensa por valor— sino un círculo de gracia, un amor inmerecido que engendra amor desinteresado, la vida divina propagándose en lo que es el otro.


«Nosotros, obispos, tenemos esta responsabilidad de ser testigos: testigos de que el Señor Jesús está vivo, que el Señor Jesús ha resucitado, que el Señor Jesús camina con nosotros, que el Señor Jesús nos salva, que el Señor Jesús dio su vida por nosotros, que el Señor Jesús es nuestra esperanza, que el Señor Jesús nos acoge siempre y nos perdona». He aquí «el testimonio». En consecuencia, «nuestra vida debe ser esto: un testimonio, un verdadero testimonio de la resurrección de Cristo». (…) Por esta razón, «hoy quiero invitaros a rezar por nosotros, obispos: porque también nosotros somos pecadores, también nosotros tenemos debilidades, también nosotros corremos el peligro de Judas: también él había sido elegido como columna». Sí, prosiguió, «también nosotros corremos el peligro de no rezar, de hacer algo que no es anunciar el Evangelio y expulsar los demonios». De ahí, la invitación a «rezar para que los obispos sean lo que Jesús quería, y que todos nosotros demos testimonio de la resurrección de Jesús».

(Homilía de Santa Marta, 22 de enero de 2016)

Macario el Grande, Santo

Abad, 19 de enero

Martirologio Romano: Conmemoración de san Macario el Grande, presbítero y abad del monasterio de Scete, en Egipto, que, considerándose muerto al mundo, vivía sólo para Dios, enseñándolo así a sus monjes (c. 390).

Etimología: Macario = Aquel que ha encontrado la felicidad, es de origen griego.

NOTA: En la actualidad el Martirologio lo recuerda el 19 de enero, en el calendario anterior se lo celebraba el 16 de febrero

Breve Biografía

Este santo nació en Egipto por el año 300. Pasó su niñez como pastor, y en las soledades del campo adquirió el gusto por la oración y por la meditación y el silencio.

Una mujer atrevida le inventó la calumnia de que el niño que iba a tener era hijo de Macario, el cual, según decía ella, la había obligado a pecar. La gente enardecida arrastró al pobre joven por las calles. Pero él le pidió al Señor en su oración que hiciera saber a todos la verdad, y sucedió que tal mujer empezó a sentir terribles dolores y no podía dar a luz, hasta que al fin contó a sus vecinos quién era el verdadero papá del niño. Entonces la gente se convenció de la inocencia de Macario y cambió su antiguo odio por una gran admiración a su humildad y a su paciencia.

Para huir de los peligros del mundo, Macario se fue a vivir en un desierto de Egipto, dedicándose a la oración, a la meditación y a la penitencia, y allí estuvo 60 años y fueron muchos los que se le fueron juntando para recibir de él la dirección espiritual y aprender los métodos para llegar a la santidad.

El obispo de Egipto ordenó de sacerdote a Macario para que pudiera celebrarles la misa a sus numerosos discípulos. Después fue necesario ordenar de sacerdotes a cuatro de sus alumnos para atender las cuatro iglesias que se fueron construyendo allí cerca donde él vivía, para los centenares de cristianos que se habían ido a seguir su ejemplo de oración, penitencia y meditación en el desierto.

Macario quería cumplir aquella exigencia de Jesús: «Si alguno quiere ser mi discípulo, tiene que negarse a sí mismo», y se dedicó a mortificar sus pasiones y sus apetitos. Estaba convencido de que nadie será puro y casto si no les niega de vez en cuando a sus sentidos algo de lo que estos piden y desean. Deseaba dominar sus pasiones y dirigir rectamente sus sentidos. Sentía la necesidad de vencer sus malas inclinaciones, y notó que el mejor modo para obtener esto era la mortificación y la penitencia. Como su carne luchaba contra su espíritu, se propuso por medio del espíritu dominar las pasiones de la carne. A quienes le preguntaban por qué trataba tan duramente a su cuerpo, les respondía: «Ataco al que ataca mi alma». Y si a alguno le parecían demasiadas sus mortificaciones le decía: «Si supieras las recompensas que se consiguen mortificando las pasiones del cuerpo, nunca te parecerían demasiadas las mortificaciones que se hacen para conservar la virtud».

En aquellos desiertos, con 40 grados de temperatura y un viento espantosamente caliente y seco, no tomaba agua ni ninguna otra bebida durante el día. En un viaje al verlo torturado por la sed, un discípulo le llevó un vaso de agua, pero el santo le dijo: «Prefiero calmar la sed, descansando un poco debajo de una palmera», y no tomó nada. Y a uno de sus seguidores les dijo un día: «En estos últimos 20 años jamás he dado a mis sentidos todo lo que querían. Siempre los he privado de algo de lo que más deseaban».

Dominaba su lengua y no decía sino palabras absolutamente necesarias. A sus discípulos les recomendaba mucho que como penitencia guardaran el mayor silencio posible. Y les aconsejaba que en la oración no emplearan tantas palabras. Que le dijeran a Nuestro Señor: «Dios mío, concédeme las gracias que Tú sabes que necesito». Y que repitiera aquella oración del salmo: «Dios mío, ven en mi auxilio, Señor date prisa en socorrerme».

Admirable era el modo como moderaba su genio y su carácter, de manera que la gente quedaba muy edificada al verlo siempre alegre, de buen genio y que no se impacientara por más que lo ofendieran o lo humillaran.

A un joven que le pedía consejos de cómo librarse de la preocupación del qué dirán los demás, lo mandó a un cementerio a que les dijera un montón de frases duras a los muertos. Cuando volvió le preguntó Macario: Qué te respondieron los muertos? NO me respondieron nada, le dijo el joven. ¡Entonces ahora vas y les dices toda clase de elogios y alabanzas! El muchacho se fue e hizo lo que el santo le había mandado, y éste volvió a preguntarle: ¿Qué te respondieron los muertos? ¡Padre, nada me respondieron! «Pues mira», le dijo el hombre de Dios: «Tú tienes que ser como los muertos: ni entristecerte porque te critican y te insultan, ni enorgullecerte porque te alaban y te felicitan. Porque tú eres solamente lo que eres ante Dios, y nada más ni nada menos».

A uno que le preguntaba qué debía hacer para no dejarse derrotar por las tentaciones impuras le dijo: «Trabaje más, coma menos, y no les conceda a sus sentidos y a sus pasiones el gusto al placer inmediato. Quien no se mortifica en lo lícito, tampoco se mortificará en lo ilícito». El otro practicó estos consejos y conservó la castidad.

Macario le pidió a Dios que le dijera a qué grado de santidad había llegado ya, y Nuestro Señor le dijo que todavía no había llegado a ser como la de dos señoras casadas que vivían en la ciudad más cercana. El santo se fue a visitarlas y a preguntarles qué medios empleaban para santificarse, y ellas le dijeron que los métodos que empleaban eran los siguientes: dominar la lengua, no diciendo palabras inútiles o dañosas. Ser humildes, soportando con paciencia las humillaciones que recibían y la pobreza y los oficios sencillos que tenían que hacer. Ser siempre amables y muy pacientes, especialmente con sus maridos que eran muy malgeniudos, y con los hijos rebeldes y los vecinos ásperos y poco caritativos. Y como medio muy especial le dijeron que se esmeraban por vivir todo el día en comunicación con Dios, ofreciéndole al Señor todo lo que hacían, sufrían y decían, todo para mayor gloria de Dios y salvación de las almas.

Los herejes arrianos que negaban que Jesucristo es Dios, desterraron a Macario y sus monjes a una isla donde la gente no creía en Dios. Pero allí el santo se dedicó a predicar y a enseñar la religión, y pronto los paganos que habitaban en aquellas tierras se convirtieron y se hicieron cristianos.

Cuando los herejes arrianos fueron vencidos, Macario pudo volver a su monasterio del desierto. Y sintiendo que ya iba a morir, pues tenía 90 años, llamó a los monjes para despedirse de ellos. Al ver que todos lloraban, les dijo: «Mis buenos hermanos: lloremos, lloremos mucho, pero lloremos por nuestros pecados y por los pecados del mundo entero. Esas sí son lágrimas que aprovechan para la salvación».

Jesús dijo: «Dichosos los que lloran, porque ellos serán consolados (Mt. 5). Dichosos los que lloran y se afligen por sus propios pecados. Dichosos los que lloran por las ofensas que los pecadores le hacen a Dios. Lloremos arrepentidos en esta vida, para que no tengamos que ir a llorar a los tormentos eternos». Y murió luego muy santamente. Llevaba 60 años rezando, ayunando, haciendo penitencia, meditando y enseñando, en el desierto.

Oración
San Macario, santo penitente:
consíguenos de Dios la gracia de hacer penitencia por nuestros pecados en esta vida,
para no tener que ir a pagarlos en los castigos de la eternidad.
Amén

Científico recreó la posible apariencia de la Virgen María

created by Atila Soares

El científico brasileño Átila Soares da Costa Filho recreó la probable apariencia de la madre de Jesús en 2021, basándose en reconstrucciones de la Sábana Santa de Turín y en el trabajo del cineasta Ray Downing

En 2021, Soares había recreado la probable apariencia de la Virgen María basado en reconstrucciones de la Sábana Santa de Turín y en el trabajo del cineasta Ray Downing. Dos años después, el científico actualizó su trabajo y creó dos imágenes hiperrealistas que nos permiten imaginar cómo se podría haber visto la madre de Dios cuando era adolescente y adulta.

«Hice muchos experimentos con inteligencia artificial para la regresión de la edad; también trabajé mucho con otros programas de edición de imágenes para determinar la forma del rostro y, por último, hice algunos retoques artísticos manuales. La idea era obtener la fisionomía probable de una mujer palestina de hace dos mil años; más o menos en la época en que dio a luz a Cristo, y mayor, con 33 años», explicó el científico hace tres años.

A la pregunta natural de cómo se obtendría la fisonomía de la Madre de Dios solo a partir de los rasgos de su Hijo, Soares respondió: «La doctrina de fe de la Iglesia afirma que Jesús fue concebido por el Espíritu Santo y nació de la Virgen María. Por lo tanto, María concibió sobrenaturalmente al Mesías por el Espíritu Santo, sin unión corporal con ningún hombre. En consecuencia, solo ella, como madre, tenía atribución biológica en relación con la naturaleza humana de Cristo».

Ahora, más de dos años después de la publicación de los resultados del primer experimento, las imágenes clave que produjo -de María como adolescente y como mujer adulta- se han realizado de nuevo.

«En 2021, mientras aún trabajaba en las mencionadas fisonomías, ya pensaba en llevar el experimento a un nivel hiperrealista. Para ello disponía de una amplia gama de recursos técnicos. Al decidir entonces construir las caras en un estilo artístico-realista, ya sabía que el siguiente paso sería éste», explica Átila Soares.

El trabajo de la investigadora dio los siguientes resultados:

Reconstrucción de la posible imagen de María en su adolescencia:

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Reconstrucción de la posible imagen de María en la edad adulta:

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Las primeras reconstrucciones de imágenes de María realizadas por Soares pueden verse AQUÍ. Los resultados de ese experimento fueron ampliamente divulgados y confirmados por el sindonólogo, investigador y conferenciante más renombrado del mundo, Barrie M. Schwortz, fotógrafo histórico oficial del proyecto STURP.

A partir de 2021, las imágenes producidas por el científico se encuentran en los archivos del Departamento de Estudios del Santuario de Fátima, en Portugal. Las reconstrucciones también han sido recibidas con afecto y entusiasmo en Europa Central y Oriental (principalmente en Polonia).

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