John 7:1-2, John 7:10, John 7:25-30

Amigos, el Evangelio de hoy trata sobre un tema del que nunca podremos decir lo suficiente: la divinidad de Jesús. En los últimos años ha habido una tendencia inquietante (se puede ver claramente en el exitoso libro de Eckhart Tolle, “El Poder del Ahora”) de convertir a Jesús en un maestro espiritual inspirador, como Buda o los místicos Sufíes.

Pero si eso es todo lo que es, no sería suficiente. Los Evangelios nunca se muestran satisfechos con una descripción tan reductiva. Si bien presentan a Jesús claramente como maestro, saben que Él es infinitamente más que eso. Y afirman que hay algo más en juego en Él y en nuestra relación con Él.

En nuestro Evangelio de hoy Jesús claramente habla de Su relación con el Padre: “Yo no vengo por Mi cuenta, sino enviado por el que es veraz; y a Él ustedes no lo conocen. Pero Yo sí lo conozco, porque procedo de Él y Él me ha enviado”.

Isidoro de Sevilla, Santo

Obispo y Doctor de la Iglesia, 4 de abril

Por: P. Ángel Amo | Fuente: Catholic.net

Martirologio Romano: Obispo y doctor de la Iglesia, que, discípulo de su hermano Leandro y sucesor suyo en la sede de Sevilla, en la Hispania Bética, escribió con erudición, convocó y presidió varios concilios, y trabajó con celo y sabiduría por la fe católica y por la observancia de la disciplina eclesiástica († 636)..

Breve Biografía

San Isidoro de Sevilla (560-636) es el último de los padres latinos, y resume en sí todo el patrimonio de adquisiciones doctrinales y culturales que la época de los padres de la Iglesia transmitió a los siglos futuros.

Isidoro fue un escritor enciclopédico, muy leído en la edad media, sobre todo por sus “Etimologías”, una “summa” muy útil de la ciencia antigua, en la que condensó los principales resultados más con celo que con espíritu crítico. Pero a pesar de poseer tan ricamente la ciencia antigua y de influir considerablemente en la cultura medieval, su principal preocupación como obispo fue lograr la madurez espiritual e intelectual del clero español. Para esto fundó un colegio eclesiástico, prototipo de los futuros seminarios, dedicando mucho de su laboriosa jornada a la instrucción de los candidatos al sacerdocio.

La santidad era algo común en la familia de san Isidoro: tres hermanos fueron obispos y santos -Leandro, Fulgencio e Isidoro-; una hermana –Florentina- fue religiosa y santa. Leandro, el hermano mayor, fue tutor y maestro de Isidoro, que quedó huérfano cuando era muy niño.

El futuro doctor de la Iglesia, autor de muchos libros que tratan de todo el saber humano: agronomía, medicina, teología, economía doméstica, etc., al principio fue un estudiante poco aplicado. Como tantos otros compañeros, dejaba de ir a la escuela para ir a vagar por los campos. Un día se acercó a un pozo para sacar agua y notó que las cuerdas habían hecho hendiduras en la dura piedra. Entonces comprendió que también la constancia y la voluntad del hombre pueden vencer las duras asperezas de la vida.

Regresó con amor a sus libros y progresó tanto en el estudio que mereció ser considerado el hombre más sabio de su tiempo -Isidoro sucedió al hermano Leandro en el gobierno de la importante diócesis de Sevilla-. Como el hermano, fue el obispo más popular y autorizado de su tiempo, y también presidió el importante concilio de Toledo, en el 633. Se formó con la lectura de san Agustín y de san Gregorio Magno, y aun sin tener el vigor de un Boecio o el sentido organizador de un Casiodoro, Isidoro compartió con ellos la gloria de ser el maestro de la Europa medieval y el primer organizador de la cultura cristiana. Isidoro fue muy sabio, pero al mismo tiempo de profunda humildad y caridad; no sólo obtuvo el título de “doctor egregius”, sino también la aureola de la santidad.

Estamos en manos de Dios

Santo Evangelio según san Juan 7, 1-2. 10. 25-30. Viernes III de Cuaresma

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Señor Jesús, dame el don de conocerte experimentalmente; ver en las cosas de este mundo tu presencia y ser tu instrumento para que otros te conozcan.

Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Juan 7, 1-2. 10. 25-30

En aquel tiempo, Jesús recorría Galilea, pues no quería andar por Judea, porque los judíos trataban de matarlo. Se acercaba ya la fiesta de los judíos, llamada de los Campamentos.

Cuando los parientes de Jesús habían llegado ya a Jerusalén para la fiesta, llegó también él, pero sin que la gente se diera cuenta, como incógnito.

Algunos, que eran de Jerusalén, se decían: “¿No es éste al que quieren matar? Miren cómo habla libremente y no le dicen nada. ¿Será que los jefes se han convencido de que es el Mesías? Pero nosotros sabemos de dónde viene éste; en cambio, cuando llegue el Mesías, nadie sabrá de dónde viene”.

Jesús, por su parte, mientras enseñaba en el templo, exclamó: “Con que me conocen a mí y saben de dónde vengo… Pues bien, yo no vengo por mi cuenta, sino enviado por el que es veraz; y a él ustedes no lo conocen. Pero yo sí lo conozco, porque procedo de él y él me ha enviado”. Trataron entonces de capturarlo, pero nadie le pudo echar mano, porque todavía no había llegado su hora.

Palabra del Señor.

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

¿Es posible conocer a Dios en nuestra mente? El hombre busca conocer la realidad, se pregunta cosas, busca respuestas. Pero, al tratarse de Dios, ¿es posible ahondar en su infinidad? Este Evangelio nos responde que las personas «conocen» a Jesús, es decir, saben de dónde vienen, qué hace, incluso algunos afirman: «Este es el Mesías». Pero otros se oponen porque —dicen— el Mesías no viene de Galilea, sino de la estirpe de David, de Belén; y así, sin saberlo, confirman precisamente la identidad de Jesús. Pero no responden la pregunta de quién es.

No obstante, Jesús exclama valientemente su identidad: «yo no vengo por mi cuenta, sino enviado por el que es veraz, a Ése vosotros no le conocéis; yo le conozco porque procedo de Él y Él me ha enviado.» Pero aún no había llegado su hora, la hora de la cruz en donde los fariseos entonces empezarán a creer más en Él. Y aunque se esforzarán por acabar completamente con sus enseñanzas, se darán cuenta de que efectivamente Jesús era el Mesías.

Muchas veces podremos caer en la tentación de crear a un Dios a nuestra medida. Si Dios no es como yo lo pienso, como yo lo quiero, será entonces un Dios injusto, egoísta, lejano. Pero a Dios no se le puede clasificar o medir. Dios debe ser para nosotros todo. Dios busca nuestro bien, aunque no lo entendamos, y nos lo muestra con el gran ejemplo de su sufrimiento y su muerte en la cruz, por cada uno de nosotros.

«¿Y quién es este? Es el Señor Jesús. Los apóstoles eligen vivir bajo el señorío del Resucitado en la unidad entre los hermanos, que se convierte en la única atmósfera posible del auténtico don de sí mismo. También nosotros debemos redescubrir la belleza de dar testimonio del Resucitado, saliendo de actitudes autorreferenciales, renunciar a retener los dones de Dios y sin ceder a la mediocridad. La reunificación del Colegio apostólico muestra cómo en el ADN de la comunidad cristiana hay unidad y libertad de uno mismo, que nos permite no tener miedo de la diversidad, no apegarnos a cosas y dones y convertirnos en martyres, es decir, testigos luminosos del Dios vivo y operativos en la historia».

(Audiencia SS Francisco, 12 de julio de 2019).

Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Iniciar mi oración y mis actividades invocando al Espíritu Santo y pedirle sus dones, sus gracias y su cercanía.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

Toma a Bernadette como guía de los 3 pilares de la Cuaresma

Image générée par une IA / Canva Aleteia

Annabelle Moseley – publicado el 03/04/25

«La Santísima Virgen me usó como una escoba. ¿Qué se hace con una escoba cuando se ha terminado de barrer?» Te contamos las palabras de Bernadette para Cuaresma

Abril es el mes dedicado a la Santísima Eucaristía, y este mes de abril nos encuentra en plena Cuaresma, recorriendo los tres pilares de la Cuaresma: oración, ayuno y limosna, que nos ayudan a prepararnos para el Triduo, que este año comienza el Jueves Santo, 17 de abril. Por lo que, podemos prepararnos con ayuda de santa Bernadette.

El Jueves Santo es el día en que recordamos la Agonía de Cristo en el Huerto. Santa Bernadette Soubirous, cuya fiesta, el 16 de abril, es la víspera del Jueves Santo de este año, es una gran santa para ayudarnos a recorrer el Triduo con una comprensión más profunda de la humildad y el amor propios de un hijo de Dios.

Como Cristo se humilló en el Huerto, postrándose en oración, santa Bernadette se humilló en una gruta fangosa con una obediencia que trajo al mundo muchas gracias.

Santa Bernadette Soubirous (1844-1879) tenía solo 14 años cuando comenzó a ver apariciones de Nuestra Madre Santísima en una gruta en las estribaciones de los Pirineos franceses. Bernadette rezaba a menudo el Rosario cuando visitaba la gruta, lo que nos recuerda a todos la llamada cuaresmal a la oración frecuente.

Las apariciones de Nuestra Señora de Lourdes dieron lugar a la fundación del famoso santuario mariano. «Yo soy la Inmaculada Concepción», reveló la Virgen a Santa Bernadette.

La oración mueve montañas:

Taljat David | Shutterstock

Nuestra Señora reveló a santa Bernadette el don de las aguas curativas de Lourdes. Se han producido innumerables milagros y curaciones asociados a los baños en sus aguas.

El manantial de Lourdes surgió gracias a la cooperación de santa Bernardita con lo que la Virgen le pidió: la respuesta obediente a la petición de Nuestra Señora de que Bernardita rascara, de rodillas y con las manos, en el barro del fondo de la gruta hasta que brotara el manantial curativo.

María dijo a santa Bernardita que bebiera de este manantial. Era agua turbia, pero santa Bernadette obedeció. He aquí una oración a la Inmaculada Concepción que es maravillosa para rezar en Cuaresma.

El ayuno y el sacrificio ofrecen a Dios un amor desinteresado:

El tipo de humildad que mostró santa Bernadette se refleja en las propias palabras de la santa, pronunciadas sin ninguna amargura, sino solo con amor:

«La Santísima Virgen me usó como una escoba. ¿Qué se hace con una escoba cuando se ha terminado de barrer? La pones en su sitio, detrás de la puerta».

Este espíritu de humilde abnegación es una parte fundamental del ayuno y el sacrificio durante la Cuaresma.

«Penitencia, penitencia, penitencia» es la famosa exhortación del ángel de Fátima. Santa Bernadette de Lourdes realizó muchos actos de sacrificio y penitencia, e incluso ofreció su dolorosa muerte por amor a Jesús y a María.

Siguiendo el espíritu penitencial de santa Bernadette, ¿por qué no ofrecer los retos y dolores de tu día a día? ¿Limpiar cuando estás cansado? ¿Cuidar a un familiar enfermo? ¿Mucho trabajo? Cada uno de estos escenarios es una posible oportunidad si se utiliza bien: quejarse menos y ofrecerlo.

Las limosnas contribuyen a la santidad de quienes las dan y las reciben

Durante su infancia, la familia de santa Bernadette sufrió penurias como enfermedades, pobreza, desahucios y el encarcelamiento injusto del padre de Bernardita. Apenas podían llegar a fin de mes, por lo que cualquier trozo de comida o ayuda que recibían era fundamental para mantener a la familia con vida.

Uno de los miembros de aquella familia sería un día santo. Sabemos que dar limosna es uno de los pilares de la Cuaresma, pero lo que podemos olvidar es que la caridad no solo beneficia al alma de quien la da. Aquellos a los que damos limosna pueden ser futuros santos: y la comida, la vivienda o la educación que reciben de ti pueden marcar la diferencia en sus vidas que les permita seguir viviendo, y acercarse a cambiar el mundo a través de la santidad: como Santa Bernadette.