Génesis 3:9-15.20 / Efesios 1:3-6.11-12 / Lucas 1:26-38
En el corazón de la Palabra de Dios siempre está, lógicamente, Dios mismo. A veces esto puede ser más fácil de identificar o más difícil, pero siempre está ahí. En los primeros capítulos del Génesis, de los que hoy hemos leído un fragmento, no hace falta interpretar demasiado para darse cuenta de que Dios es quien va conduciendo el relato. Crea, completa la creación con el hombre y la mujer, les deja bien instalados y libres en el paraíso, aunque con alguna instrucción básica de comportamiento. Hasta aquí la historia sigue un hilo estable y lógico, pero cuando Dios deja de conducir activamente las cosas, comienzan los problemas: en el uso de su libertad, el hombre y la mujer no hacen caso al único mandamiento que tenían . ¿Un momento de inconsciencia? ¿De olvido? ¿Una voluntad rebelde? El caso es que Dios vuelve a aparecer, porque él no se desentiende de su creación y entonces a Adán y Eva también les devuelve la conciencia, de lo que son, de lo que han hecho, y tienen la peor de las reacciones : el miedo a uno mismo y el miedo a Dios.
La primera lectura de hoy retoma la conocidísima historia del Génesis justo aquí y reproduce como en una revisión de vida, el diálogo en el que Dios y Adán y Eva repasan todos los hechos, empezando por el final: Te has escondido. Porque? Porque iba desnudo. ¿Y cómo lo has sabido? ¿Has comido el fruto? Es que la mujer… ¡Pobre Adam!. Está hecho un lío. Busca las excusas más extrañas para justificarse, entre ellas la más típica, la de echarle la culpa a otro. Eva hace lo mismo. También se justifica y se la carga la serpiente.
Fíjense, queridos hermanos y hermanas, que la primera idea que podemos sacar de la lectura de hoy es la importancia que Dios tiene en nuestras vidas para tomar conciencia de lo que nos pasa. Lo entendió muy bien San Benito cuando puso esta idea como primer escalón de la humildad en el capítulo séptimo de la Regla: tener presente que Dios siempre nos mira. Él no se desentiende aunque parezca que no esté. Adán y Eva ya habían comido el fruto, ya se habían dado cuenta de quiénes eran y lo habían intentado disimular con unos vestidos muy primitivos, pero cuando realmente tratan de esconderse es cuando se presenta a Dios, para quienes no valen ni vestidos ni escondrijos. Nuestra realidad la conoce perfectamente. Es con Dios con quien podemos seguir nuestras vidas en todo lo bueno y en todo lo malo que tienen.
La segunda idea interesante, al menos a mí me lo parece, es el retrato tan afinado de la psicología humana que nos presenta la lectura, por la que nos cuesta asumir quienes somos y aceptar nuestras ambigüedades, nuestra posibilidad de equivocarnos. En cambio, ¡qué rapidez en justificarnos, especialmente cargando la culpa a otro! El relato de hoy nos alerta al respecto. Sobre el ridículo que podemos realizar cuando pretendemos no tener responsabilidad en nada.
Es verdad que este texto nos pone delante el problema más importante de la filosofía, de la teología, de la moral…de todo. Que sería: ¿Por qué existe una serpiente que induce los comportamientos equivocados? ¿Cómo puede ser también una criatura de Dios? En el fondo, ¿porque existe el mal y de dónde viene? Pero esto no hemos podido responder hasta ahora. Nadie. La primera lectura de hoy sólo nos dice que Dios maldice a esta serpiente como origen de la tentación y la destina a estar a enfrentada a Eva para siempre. Dios se separó de ese principio malo, a pesar de no evitar sus consecuencias, que también hicieron que la vida cambiara por Adán y Eva y por toda la humanidad. El mensaje final es hacernos conscientes de nuestra libertad. Sabemos que éramos libres para hacerlo diferente y todavía lo somos ahora, como veremos enseguida. En el fondo, la lección que sí podemos aprender hoy es la de la responsabilidad.
. No sois muy originales, haga lo mismo que hizo Adán, lo mismo que muchas veces hacemos todos. ¡Justificarnos!
¿Pero nos quedaremos aquí? ¿No hay alternativa? Os decía que somos libres. Sabemos que podemos hacer bien o mal. Hoy celebramos esta solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Virgen María que nos propone precisamente el ejemplo de una persona, de una mujer muy especial que no tuvo estas ambigüedades, que no se despistó en ningún momento de la mirada de Dios, que no necesitó excusas porque no la pillaron en falso, ni necesitó esconderse. Sencillamente, celebramos la solemnidad de una mujer escogida y preservada de todo esto tan humano, del pecado, para ser la madre de Cristo, la Virgen María. María nos adelanta a Jesucristo. Existe por causa de Él, el Dios hecho hombre, el que queda libre de todo pecado y el que es uno con una comunión de Padre, Hijo y Espíritu Santo. Y Jesucristo hace que podamos volver al punto cero, donde estaban Adán y Eva antes de comer el fruto prohibido. Hace que haya otras posibilidades distintas a la de amargarse y justificarse. Es más, hace que podamos vivir una vida plena haciendo su voluntad, con comunión, sabiendo que podremos volver un día a ese momento del paraíso, cuando todavía Adán y Eva eran inocentes y se paseaban tranquilamente.
Pero mientras estamos en el mundo, nos toca vivir sensatamente, siguiendo el Evangelio, imitando a María, que sencillamente se mostró disponible para hacer la voluntad de Dios, que parecía imposible, y ante la que tantas excusas pudo poner, pero no , sin saber nada de las consecuencias que tendría, aceptó lo que le pedían.
Ella nos enseña que existen alternativas a las actitudes de Adán y Eva. Podemos rechazar todas las tentaciones que disfrazadas de serpientes u otras formas nos saldrán al paso. Como bautizados y seguidores del Evangelio, podemos hacerlo mucho más intensamente porque también tenemos al Espíritu Santo como María, que Cristo ha puesto en nuestros corazones para asegurar su presencia en nosotros.
Después de la comunión, rezaremos una oración que dice que esta eucaristía pueda servir para curarnos de esta herida de la culpa -podemos entender: de esta manera de ser y de hacer, hipócrita, de la que María fue preservada.
Tener fe es reconocer a Dios en la Palabra, en la vida, en los hermanos y hermanas pero ser siempre conscientes de que no somos Dios. La eucaristía es el mejor momento para ponernos humildemente ante Jesucristo y reconocer que nos corresponde esperarle como don, el don de su venida a la tierra como hombre, el don de su venida en el corazón de cada uno, el don de su venida al final de la historia, tres formas de ser don de salvación, de las cuales el pan y el vino transformados en su cuerpo y su sangre, son un memorial especialmente intenso en este tiempo de adviento que estamos viviendo.
Luke 1:26-38
Amigos, hoy celebramos la gran fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe. Lo que sucedió luego de la aparición de María en Tepeyac es uno de los capítulos más asombrosos en la historia del evangelismo cristiano.
A pesar de que los misioneros franciscanos habían estado trabajando en México durante veinte años, poco se había progresado. Pero dentro de los primeros diez años de la aparición de Nuestra Señora de Guadalupe, prácticamente todo el pueblo mexicano, nueve millones de personas, se había convertido al cristianismo. ¡La Morena había demostrado ser una evangelista más eficaz que Pedro, Pablo, San Patricio y San Francisco Javier combinados! Y por esa gran conversión nacional, la práctica azteca de sacrificios humanos llegó a su fin. Ella había luchado contra los espíritus caídos y había ganado una victoria que cambió la cultura hacia el Dios del amor.
El desafío para nosotros, que hoy la honramos, es unirnos en la misma lucha. Debemos anunciar en nuestra cultura hoy la verdad del Dios de Israel, el Dios de Jesucristo, el Dios de la no-violencia y el del amor que perdona. Y debemos, como La Morena, ser portadores de Jesús a un mundo que lo necesita más que nunca.
«El ‘Sí’ de María abre la puerta al ‘Sí’ de Jesús. […] Como dice Pablo a los Corintios, Jesucristo es el ‘Sí’ de Dios: Él es el ‘Sí’. […] Hoy es un hermoso día para agradecer al Señor por habernos enseñado este camino del ‘Sí’. Todos nosotros, durante cada día, debemos decir ‘Sí’ o ‘No’. Hoy sería bueno pensar si siempre decimos ‘Sí’ o si algunas veces nos escondemos, agachando la cabeza, como Adán y Eva, … [o titubeamos] sin decir un claro ‘No’ a lo que no se entiende…o haciendo solo ‘a medias’ lo que Dios pide y que no entendemos. Hoy es la fiesta del ‘Sí’ total. En el ‘Sí’ de María está el ‘Sí’ de toda la Historia de la Salvación, y allí comienza el último ‘Sí’ del hombre y de Dios. Que el Señor nos conceda la gracia de entrar en este camino de hombres y mujeres que han sido capaces de decir Sí». (Santa Marta 4 de abril de 2016)
«El ‘Sí’ de María abre la puerta al ‘Sí’ de Jesús. […] Como dice Pablo a los Corintios, Jesucristo es el ‘Sí’ de Dios: Él es el ‘Sí’. […] Hoy es un hermoso día para agradecer al Señor por habernos enseñado este camino del ‘Sí’. Todos nosotros, durante cada día, debemos decir ‘Sí’ o ‘No’. Hoy sería bueno pensar si siempre decimos ‘Sí’ o si algunas veces nos escondemos, agachando la cabeza, como Adán y Eva, … [o titubeamos] sin decir un claro ‘No’ a lo que no se entiende…o haciendo solo ‘a medias’ lo que Dios pide y que no entendemos. Hoy es la fiesta del ‘Sí’ total. En el ‘Sí’ de María está el ‘Sí’ de toda la Historia de la Salvación, y allí comienza el último ‘Sí’ del hombre y de Dios. Que el Señor nos conceda la gracia de entrar en este camino de hombres y mujeres que han sido capaces de decir Sí». (Santa Marta 4 de abril de 2016)
Nuestra Señora de Guadalupe
Memoria Litúrgica. 12 de diciembre
Advocación Mariana
Martirologio Romano: Beata María Vírgen de Guadalupe en México, a su ayuda maternal el pueblo de fieles implora humildemente numeroso en la colina de Tepeyac cercana a la ciudad de México, donde ella se apareció, saludándola con confianza como la estrella de la evangelización del pueblo y sustento de los indígenas y de los pobres.
Historia de la fiesta
Aunque las diferentes advocaciones de la Virgen María son muy numerosas, la Iglesia le da especial importancia a las tres apariciones de la Virgen María en diferentes partes del mundo:
- Aparición de la Virgen de Guadalupe: 12 de Diciembre de 1531 en México.
- Aparición de la Virgen de Lourdes: 11 de Febrero de 1858 en Francia.
- Aparición de la Virgen de Fátima: 13 de Mayo de 1917 en Portugal.
Debemos recordar que es la misma Virgen María la que se ha aparecido en los distintos lugares, en estos tres momentos para ayudarnos y animarnos a seguir adelante en nuestro camino al cielo. En estas apariciones, la Virgen nos ha pedido rezar el Rosario, acudir al Sacramento de la Penitencia y hacer sacrificios para la salvación del mundo.
La Virgen de Guadalupe es muy importante para la fe de todos los mexicanos, pues en ella nuestra Madre del Cielo manifestó claramente su amor de predilección por este pueblo, dejando un hermoso mensaje lleno de ternura y dejando su imagen grabada en un ayate como muestra de su amor.
En el Nican Mopohua se puede encontrar la historia completa de las apariciones de la Virgen de Guadalupe, pero aquí presentamos un resumen de la misma:
Hace muchos años, los indios aztecas que vivían en el valle de México, no conocían a Jesús. Ellos tenían muchos dioses y eran guerreros. Los misioneros eran unos sacerdotes que vinieron de España y que poco a poco fueron evangelizando a los indios. Les enseñaron a conocer, amar e imitar a Jesús en la religión católica y los bautizaron.
Entre los primeros que se bautizaron, había un indio muy sencillo llamado Juan Diego, quien iba todos los sábados a aprender la religión de Cristo y a la misa del pueblo de Tlatelolco.
El sábado 9 de Diciembre de 1531, cuando Juan Diego pasaba por el Cerro del Tepeyac para llegar a Tlatelolco, escuchó el canto de muchos pájaros y una voz que le decía: «Juanito, el más pequeño de mis hijos, ¿a dónde vas?». Al voltear Juan Diego vio una Señora muy hermosa.
La Señora le dijo: «Yo soy la siempre Virgen Santa María, Madre del verdadero Dios. He venido hasta aquí para decirte que quiero que se me construya un templo aquí, para mostrar y dar mi amor y auxilio a todos ustedes».
La Virgen le dijo a Juan Diego que fuera a ver al Obispo y le contara lo que Ella le había dicho.
Juan Diego salió de la casa del Obispo muy triste porque no le creyó. Entonces fue al Cerro del Tepeyac a pedirle a la Virgen que mejor mandara a un hombre más importante porque a él no le creían.
La Señora le dijo a Juan Diego que volviera el domingo a casa del Obispo. Esta vez, el Obispo le dijo que le trajera una señal, es decir, una prueba de que la Señora de verdad era la Virgen.
Juan Diego no pudo ir al día siguiente al Tepeyac, pues su tío Bernardino se puso muy enfermo y fue por un médico. Fue hasta el martes, cuando al pasar por el cerro para ir por un sacerdote que confesara a su tío, se le apareció la Virgen y le dijo: «Juanito, Juan Dieguito; ¿No estoy yo aquí que soy tu madre? ¿No estás bajo mi sombra? ¿Por qué te preocupas?”. Después, le hizo saber que su tío ya estaba curado y le pidió que subiera a la punta del cerro a cortar unas rosas y las guardara en su ayate. Juan Diego se sorprendió de aquella orden, pues era invierno y no era tiempo de rosas. Sin embargo, obedeció y encontró las rosas tal como la Virgen le había dicho. Se las llevó y Ella le dijo: «Hijo mío, el más pequeño, estas rosas serán la prueba que llevarás al obispo».
Juan Diego fue de nuevo a ver al Obispo y le dijo que la Virgen le había mandado la prueba de que Ella era realmente la Virgen.
Al soltar su ayate, las rosas cayeron al suelo y apareció dibujada en la tela la preciosa imagen de la Virgen de Guadalupe.
Fue entonces cuando el Obispo creyó que la Virgen quería que le construyeran en ese lugar un templo.
El ayate permaneció un tiempo en la capilla del Obispo Fray Juan de Zumárraga. El 26 de diciembre de 1531 lo trasladaron a una ermita construida al pie del Tepeyac.
- En 1754, Benedicto XIV nombró a al Virgen de Guadalupe patrona de la Nueva España, desde Arizona hasta Costa Rica.
- El 12 de octubre de 1895 se llevó a cabo la coronación pontificia de la imagen, concedida por León XIII.
- En 1904, San Pío X elevó el santuario de México a la categoría de Basílica y en 1910 proclamó a la Virgen de Guadalupe, Patrona de toda América Latina.
- En 1945, Pío XII le dio el título de la Emperatriz de América. El 12 de Octubre de 1976 se inauguró la nueva Basílica de Guadalupe.
Miles de personas de México y del mundo entero, visitan cada año la Basílica de Guadalupe, en donde está la hermosa pintura que la Virgen pintó a Juan Diego en su ayate para pedirle a Nuestra Madre su amor, su protección y su ayuda.
Las peregrinaciones no sólo se llevan a cabo en México, las hay en todos los países del mundo a diferentes templos. Algunas personas van de rodillas, porque le hacen una promesa a la Virgen cuando le piden un favor. En las peregrinaciones, la gente va haciendo oración, sacrificios y cantando. Muchas veces, las peregrinaciones vienen de muy lejos y se tardan varios días en llegar a darle gracias a la Virgen por algún milagro o favor que les concedió. El amor a la Virgen es lo que mueve a todas estas personas a irla a visitar desde su ciudad.
En las peregrinaciones, las personas suelen llevar estandartes con la imagen de la Virgen y mantas donde escriben el nombre de su pueblo, de su familia, de su empresa.
Oración a la Virgen de Guadalupe
Préstame Madre tus ojos, para con ellos poder mirar, porque si con ellos miro, nunca volveré a pecar.
Préstame Madre tus labios, para con ellos rezar, porque si con ellos rezo, Jesús me podrá escuchar.
Préstame Madre tu lengua, para poder comulgar,
pues es tu lengua patena de amor y santidad.
Préstame Madre tus brazos, para poder trabajar, que así rendirá el trabajo una y mil veces más.
Préstame Madre tu manto, para cubrir mi maldad, pues cubierta con tu manto al Cielo he de llegar.
Préstame Madre a tu Hijo, para poder yo amar.
Si tu me das a Jesús, qué más puedo yo desear
y ésta será mi dicha por toda la eternidad.
Amén.
Canciones guadalupanas
La Guadalupana
Desde el Cielo, una hermosa mañana (bis)
La Guadalupana (tres veces)bajó al Tepeyac.
Suplicante juntaba sus manos (bis)y eran mexicanos (tres veces) su porte y su faz.
Su llegada llenó de alegría (bis)
De luz y armonía (tres veces) el Anáhuac.
Junto al monte pasaba Juan Diego (bis)
Y acercóse luego (tres veces) al oír cantar.
A Juan Diego la Virgen le dijo (bis)este cerro elijo (tres veces) para hacer mi altar.
Y en la tilma entre rosas pintada (bis)Su imagen amada (tres veces)se dignó dejar.
Desde entonces para el mexicano (bis)Ser guadalupano (tres veces) es algo esencial.En sus penas se postra de hinojos (bis)Y eleva sus ojos (tres veces)hacia el Tepeyac.
Himno a la Virgen de Guadalupe
Mexicanos volad presurosos del pendón de la Virgen en pos, y en la lucha saldréis victoriosos defendiendo a la patria y a Dios.
De la santa montaña en la cumbre apareció como un astro María ahuyentando con plácida lumbrelas tinieblas de la idolatría.
Es patrona del indio, su mantoal Anáhuac protege y da gloria; elevad mexicanos el canto,alabanza y eterna victoria.
En Dolores brilló refulgente cual bandera su imagen sagrada dando arrojo al patriota insurgente y tomando invencible su espada.
Siempre así lucirá; invasores hollar quieren Anáhuac la tierra flameará nuevamente en la guerra.
En redor de esa enseña brill ante todo el pueblo luchará, volará,y por siempre en las lides triunfantecon arrojo sacarlas habrá.
Rosario a la Virgen Guadalupana
En estos misterios se medita en las apariciones de la Virgen de Guadalupe. Al iniciar cada misterio, se lee el pasaje y se hace la petición, se reza un Padrenuestro, 10 Avemarías y un Gloria y al final, se canta alguna estrofa de las canciones propias de la Virgen de Guadalupe.
Primer Misterio: La Virgen de Guadalupe trae un mensaje de paz a su pueblo.
“Sabe y ten entendido, tú, el más pequeño de mis hijos, que soy yo la siempre Virgen Santa María, Madre del verdadero Dios por quien se vive; del Creador, en quien está todo; y es Señor del cielo y de la tierra. Deseo vivamente que se me erija aquí un templo para en él mostrar y dar todo mi amor, compasión, auxilio y defensa, pues yo soy su piadosa Madre”.
Pedir a la Virgen María por todos aquellos que no la conocen y no la valoran como su Madre.
Segundo Misterio: Juan Diego comparte a la Virgen su humildad y su pequeñez a los ojos de los hombres.
“Te ruego encarecidamente, Señora y niña mía, que alguno de los principales, conocido, respetado y estimado, le encargues que lleve tu mensaje para que le crean, porque yo soy un hombrecillo, soy un cordel, soy una escalerilla de tablas, soy cola, soy hoja, soy gente menuda.”
Pedir a la Virgen que nos ayude a darnos cuenta del valor de la humildad y la sencillez de corazón.
Tercer Misterio: María de Guadalupe escogió a Juan Diego por su sencillez y no por su sabiduría.
“Oye hijo mío, el más pequeño, ten entendido que son muchos mis servidores y mensajeros a quienes puedo encargar que lleven mi mensaje y hagan mi voluntad, pero es de todo punto preciso que tú mismo solicites y ayudes y con tu mediación, que se haga mi voluntad”.
Pedir a la Virgen que nos ayude a saber transmitir la palabra de Cristo a los demás.
Cuarto Misterio: La Virgen María cura a Juan Bernardino como signo de que quiere salud y felicidad para su pueblo.
“Oye y ten entendido, hijo mío el más pequeño, que es nada lo que te asusta y aflige; no se turbe tu corazón; no temas a esa enfermedad ni alguna otra angustia. ¿No estoy yo aquí que soy tu Madre? ¿No estás bajo mi sombra? ¿No soy yo tu salud? ¿No estás por ventura en mi regazo? ¿Qué más has menester? No te apene ni te inquiete otra cosa, no te aflija la enfermedad de tu tío, que no morirá ahora de ella. Está seguro de que ya sanó».
Pedir a la Virgen que, como Juan Diego, sepamos acompañar en la enfermedad, la angustia y el dolor a los que están cerca de nosotros.
Quinto Misterio: María nos deja su imagen para recordarnos su ternura, su amor y su constante protección.
Juan Diego trajo a la Señora del Cielo las diferentes rosas que fue a cortar; las que, así como las vio, cogió con sus manos y otra vez se las echó en el regazo diciendo: “Hijo mío, el más pequeño, esta diversidad de rosas es la prueba y señal que llevarás al obispo, le dirás en mi nombre que vea en ella mi voluntad y que él tiene que cumplirla. Tú eres mi embajador, muy digno de confianza.”
Pedir a la Virgen que, como Ella, sepamos escuchar y ayudar a nuestros hermanos.
Servicio pronto y alegre
Santo Evangelio según san Lucas 1, 39-45. Nuestra Señora de Guadalupe
Por: Rubén Tornero, LC | Fuente: somosrc.mx
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Jesús, gracias por este momento que me permites estar en tu presencia. Aumenta mi fe. Ayúdame a creer con firmeza en tu amor y tu poder. Aumenta mi esperanza. Dame la gracia de confiarte a ti todo mi ser, de abandonarme en tus amorosos brazos de Padre. Ayúdame a amarte cada día más, pero, ante todo, dame la gracia de experimentar el infinito amor que me tienes. María, en estos días de Adviento, ayúdame a preparar en mi corazón un lugar donde Jesús pueda nacer.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Lucas 1, 39-45
En aquellos días, María se encaminó presurosa a un pueblo de las montañas de Judea, y entrando en la casa de Zacarías, saludó a Isabel. En cuanto ésta oyó el saludo de María, la criatura saltó en su seno.
Entonces Isabel quedó llena del Espíritu Santo, y levantando la voz, exclamó: «¡Bendita Tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo, para que la Madre de mi Señor venga a verme? Apenas llegó tu saludo a mis oídos, el niño saltó de gozo en mi seno. Dichosa Tú, que has creído, porque se cumplirá cuanto te fue anunciado de parte del Señor».
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
María, te veo ir presurosa a donde está Isabel. Tú, que serás madre de Dios. Tú, que no tienes ninguna «obligación» de servir – pues también estás embarazada – te adelantas a las necesidades de los demás, ni siquiera esperas a que te lo pidan, vas presurosa y gustosa a ayudar…
¿Y yo?, ¿también me adelanto a las necesidades de los demás?, ¿o me tienen que rogar para que ayude? Y cuando ayudo, ¿cómo lo hago?, ¿presuroso y con alegría al igual que tú?, ¿o con cara de pepinillo en vinagre?
María, ayúdame a servir con alegría a los demás. Dile a tu Hijo que me arrepiento de no haber estado atento a las necesidades de los demás. Alcánzame la gracia de, a partir de ahora, estar atento a las necesidades de los que me rodean y de ayudar con alegría al igual que tú.
Isabel escuchó tu saludo y quedó llena del Espíritu Santo. ¡Qué lección tan grande me dan ambas! Por una parte, tú misma quedaste llena del Espíritu Santo cuando, no hace mucho tiempo, el ángel te saludara y te anunciara que serías la madre del Mesías. Por otra parte, Isabel ha sabido, en un simple saludo, descubrir en ti al Salvador del mundo y ha quedado, también ella, llena del Espíritu Santo. Las dos han sido capaces de descubrir la voz de Dios en una cosa tan cotidiana como lo es un saludo…
¡Cuántas veces yo no soy capaz de descubrir la voz del Señor en los momentos cotidianos de mi vida!
Madre, ¡no permitas que mi corazón se encierre en mí mismo!, ¡que no sea ciego ante las necesidades de los demás ni sordo ante la voz de Dios que me llama en lo cotidiano!
«María se puso en camino “de prisa…”. A pesar de las dificultades y de las críticas que pudo recibir, no se demora, no vacila, sino que va, y va “de prisa”, porque en ella está la fuerza de la Palabra de Dios. Y su actuar está lleno de caridad, lleno de amor: esta es la marca de Dios. María va a ver a Isabel, no para que le digan que es buena, sino para ayudarla, para ser útil, para servir. Y en este salir de su casa, de sí misma, por amor, se lleva lo más valioso que tiene: Jesús, el Hijo de Dios, el Señor. Isabel lo comprende inmediatamente: “¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor?”; el Espíritu Santo suscita en ella resonancias de fe y de alegría: “Pues, en cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre”».
(Discurso de S.S. Francisco, 31 de julio de 2016).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Hoy voy a hacer un acto de caridad sin que nadie se dé cuenta.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Amar a la Virgen de Guadalupe es amar a su Hijo
La virgen de Guadalupe es un códice toda ella.
A los Católicos muchas veces nos critican por amar a la Virgen María y a los mexicanos en especial nos cuestionan mucho el amor y la veneración que le tenemos a la virgen Santísima de Guadalupe.
Lo que ellos no se dan cuenta es que la amamos a ella porque amamos a su hijo que está en sus entrañas.
La Virgen de Guadalupe es un códice toda ella, es decir, cada elemento de la imagen tiene un significado, tanto para los indígenas como para los españoles que la recibieron.
Y ahora en nuestros días, estos símbolos siguen siendo significativos para nosotros y nos hacen amarla mucho y amar mucho a su Divino hijo.
Si nos damos cuenta, la Virgen de Guadalupe está embarazada y en el centro de la imagen está el Nahui Olin, es decir, la flor de cuatro pétalos que representa al verdaderisimo Dios por quien se vive, es así que ella misma nos dice que no es ella la importante sino el hijo que lleva dentro de ella.
Si así lo discernimos y comprendemos, es necesario que eduquemos a nuestros hijos para que lo comprendan y lo hagan vida, por eso aquí te dejo mis 5 Tips para amar mucho a María para amar mucho a su hijo, Jesús.
PRIMERO. Conoce a María de Guadalupe.
Nadie ama lo que no conoce, por eso es muy importante que nos demos tiempo para conocer a la Virgen María en su advocación de Guadalupe.
Debemos comprender que es la misma Virgen que se va apareciendo en diferentes lugares y va dando mensajes diferentes pero complementarios, todos encaminados a amar más a su hijo y a hacer Su Voluntad.
Poco a poco comprenderemos, por el mensaje que nos da la Virgen de Guadalupe, que aquí en México ha querido hacer su casa y que las personas de todo pueblo y nación la vinieran a visitar para adorar a su Divino hijo.
SEGUNDO. Comprende los signos y disciérnelos.
Si estudiamos un poco el códice y el Nican Mopohua, podemos darnos cuenta de que la Virgen de Guadalupe vino a traer la paz para nuestro pueblo y que fue ella quien forjó la nueva nación, basada en la fe y en el Amor a Jesús por medio de ella.
Toda la Imagen Sagrada está llena de detalles que sería muy bueno conocer y comprender para tener el mensaje completo y lleno de Amor.
TERCERO. Habla con María para que ella le hable a su Hijo de ti.
Una vez que la conocemos, es necesario hablar con ella.
Pero debemos hacerlo con confianza y con amor, como a una madre.
Ella está siempre atenta a lo que necesitamos y por lo mismo le ruega a su hijo que nos conceda lo que necesitamos, siempre que sea para nuestra salvación.
A una madre le hablamos de todo lo qué hay en nuestro corazón y lo hacemos con confianza, lo mismo debe pasar con la Santísima Virgen María de Guadalupe.
CUARTO. Cántale canciones.
Para que nuestros hijos la quieran cada vez más, es importante que la sientan cercana y una forma muy sencilla de hacerlo es cantarle canciones a María.
Las canciones dirigidas a la virgen casi siempre son tiernas y llenas de amor por eso es muy sano y bueno que nuestros hijos las conozcan desde pequeños y se las aprendan para que las canten con mucho amor.
Y QUINTO. Visítala en su casa y visita a su hijo en el sagrario.
La petición principal que le hizo María a San Juan Diego fue precisamente que se le hiciera una casita, un santuario donde la podamos ir a ver y donde le llevemos nuestras peticiones, nuestras angustias y alegrías para que sea ella quien las lleve ante su hijo.
Lo más hermosos es que, aunque la figura más llamativa es la Santísima Virgen María de Guadalupe, el sagrario no deja de tener el lugar principal y por lo mismo, es María quien nos acerca a Jesús.
Ojalá que les inculquemos a nuestros hijos el Amor a nuestra madre Santisima y a Jesús, para que crezcan amando mucho a Jesús y buscando la protección y cuidado materno de María de Guadalupe.
¿No estoy yo aquí que soy tu madre?
Vayamos al encuentro de nuestra madre para que por ella lleguemos a Jesús.
Oración a la Virgen de Guadalupe
¡Oh Virgen Inmaculada, Madre del verdadero Dios y Madre de la Iglesia!
Por: SS Juan Pablo II | Fuente: Catholic.net
¡Oh Virgen Inmaculada, Madre del verdadero Dios y Madre de la Iglesia! Tú, que desde este lugar manifiestas tu clemencia y tu compasión a todos los que solicitan tu amparo; escucha la oración que con filial confianza te dirigimos y preséntala ante tu Hijo Jesús, único Redentor nuestro.
Madre de misericordia, Maestra del sacrificio escondido y silencioso, a ti, que sales al encuentro de nosotros, los pecadores, te consagramos en este día todo nuestro ser y todo nuestro amor. Te consagramos también nuestra vida, nuestros trabajos, nuestras alegrías, nuestras enfermedades y nuestros dolores.
Da la paz, la justicia y la prosperidad a nuestros pueblos; ya que todo lo que tenemos y somos lo ponemos bajo tu cuidado, Señora y Madre nuestra.
Queremos ser totalmente tuyos y recorrer contigo el camino de una plena fidelidad a Jesucristo en su Iglesia: no nos sueltes de tu mano amorosa.
Virgen de Guadalupe, Madre de las Américas, te pedimos por todos los Obispos, para que conduzcan a los fieles por senderos de intensa vida cristiana, de amor y de humilde servicio a Dios y a las almas.
Contempla esta inmensa mies, e intercede para que el Señor infunda hambre de santidad en todo el Pueblo de Dios, y otorga abundantes vocaciones de sacerdotes y religiosos, fuertes en la fe, y celosos dispensadores de los misterios de Dios.
Concede a nuestros hogares la gracia de amar y de respetar la vida que comienza, con el mismo amor con el que concebiste en tu seno la vida del Hijo de Dios. Virgen Santa María, Madre del Amor Hermoso, protege a nuestras familias, para que estén siempre muy unidas, y bendice la educación de nuestros hijos.
Esperanza nuestra, míranos con compasión, enséñanos a ir continuamente a Jesús y, si caemos, ayúdanos a levantarnos, a volver a él, mediante la confesión de nuestras culpas y pecados en el Sacramento de la Penitencia, que trae sosiego al alma.
Te suplicamos, que nos concedas un amor muy grande a todos los santos Sacramentos, que son como las huellas que tu Hijo nos dejó en la tierra.
Así, Madre Santísima, con la paz de Dios en la conciencia, con nuestros corazones libres de mal y de odios podremos llevar a todos la verdadera alegría y la verdadera paz, que vienen de tu Hijo, nuestro Señor Jesucristo, que con Dios Padre y con el Espíritu Santo, vive y reina por los siglos de los siglos.
Amén.
Guadalupe: La Madre que calma
Tierna, cercana, poderosa,… La Virgen morenita es la madre de todos, y los pequeños son sus predilectos
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«¿No estoy yo aquí que soy tu Madre?”
Con esta frase, la Virgen de Guadalupe calmó las preocupaciones de Juan Diego, un pobre indio al que se le apareció en diciembre de 1531 en el cerro del Tepeyac, al noroeste de la actual ciudad de México.
El documento Nican Mopohua, escrito en el siglo XVI en la lengua nativa Nahuatl, relata estas apariciones determinantes para México:
La madrugada del sábado 9 de diciembre de 1531 san Juan Diego oyó que le llamaban por su nombre y vio a una Niña que se presentó como «la perfecta siempre Virgen Santa María, Madre del verdaderísimo Dios«.
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La petición de la Virgen
Ella le pidió que fuera ante el obispo para pedirle que le construyeran un templo:
«Allí estaré siempre dispuesta a escuchar su llanto, su tristeza, para purificar, para curar todas sus diferentes miserias, sus penas, sus dolores«.
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Ese mismo día, sobre las 5 de la tarde, el indio volvió al monte, le habló a María de la incredulidad del obispo y le pidió que escogiera otro mensajero. Pero ella le respondió que insistiera.
«Hijito mío el más pequeño: es indispensable que sea totalmente por tu intervención que se lleve a cabo mi deseo. Muchísimo te ruego y con rigor te mando, que mañana vayas otra vez a ver al Obispo. Y hazle oír muy claro mi voluntad, para que haga mi templo que le pido», dijo.
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El domingo 10 de diciembre en torno a las 3 de la tarde se produjo la tercera aparición. Juan Diego explicó a la Virgen que el obispo seguía sin creerle y le pedía alguna señal. Ella le pidió que volviera al día siguiente. Pero él no pudo hacerlo porque su tío, Juan Bernarndino, se puso muy enfermo.
El martes 12 de diciembre, muy de madrugada Juan Diego salió a México para buscar un sacerdote ante la gravedad del estado de salud de su tío.
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Las rosas como señal
Rodeó el cerro para que la Virgen no lo encontrara. Pero ella salió a su encuentro, lo tranquilizó («te doy la plena seguridad de que ya sanó«) y le envió a la cumbre a recoger, en medio del invierno, unas rosas que servirían de señal.
Al mismo tiempo que se apareció a Juan Diego, se apareció a su tío Juan Bernardino en su casa, le curó de sus enfermedades y le manifestó su nombre, pidiendo que «a su preciosa imagen precisamente se le llame, se le conozca como la Siempre Virgen Santa María de Guadalupe«.
Ese mismo día 12 al mediodía, en la casa del obispo Fray Juan de Zumárraga, Juan Diego desplegó su tilma donde llevaba las flores y mientras estas se esparcían apareció una sorpresa en el humilde ayate: la imagen de la Virgen de Guadalupe.
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Inexplicablemente, ese tejido con la imagen de la Virgen permanece en buen estado casi 500 años después.
A Nuestra Señora de Guadalupe se le atribuyen muchísimos milagros, y cada año la visitan en su basílica entre 18 y 20 millones de personas.
Muchas de ellas se llenan de paz al recibir en su corazón las palabras que «la Morenita» le dijo a Juan Diego el 12 de diciembre de 1531:
“Oye y ten entendido, hijo mío el más pequeño, que es nada lo que te asusta y aflige. No se turbe tu corazón, no temas esa ni ninguna otra enfermedad o angustia. ¿Acaso no estoy aquí yo, que soy tu madre? ¿No estás bajo mi sombra? ¿No soy tu salud? ¿No estás por ventura en mi regazo?…”.