Heriberto de Colonia, Santo
Obispo, 16 de marzo
Martirologio Romano: En Colonia, en Alemania, san Heriberto, obispo, que, siendo canciller del emperador Otón III, fue elegido a la fuerza para la sede episcopal, desde donde iluminó constantemente al clero y al pueblo con el ejemplo de sus virtudes, que también recomendaba en la predicación († 1021).
Etimológicamente: Heriberto = Aquel que es temido en la batalla, es de origen germánico.
Breve Biografía
Nació en Worms, en el año 970, murió el 16 de Marzo de 1021 en Colonia.
Fue arzobispo de Colonia, canciller del emperador Otón III y fundador de la abadía de Deutz.Heriberto era hijo del duque Hugo de Worms.
Tras estudiar en la escuela de la catedral de Worms, su ciudad natal, pasó algún tiempo en el monasterio benedictino de Gorza, situado en el ducado de Lorena.
Después de este periodo fue nombrado rector de la catedral de Worms.
En 994 fue ordenado sacerdote. Ese mismo año el rey Otón III le nombró canciller para Italia y cuatro años más tarde, también para Alemania, cargo que mantuvo hasta la muerte del emperador en 23 de enero de 1002.
Como canciller, Heriberto se convirtió en el consejero más importante de Otón III, a quien acompañó a Roma en 996 y 997. Todavía estaba en Italia cuando en 999 fue elegido arzobispo de Colonia.
Recibió la investidura eclesiástica y el palio de parte del papa Silvestre II el 9 de julio de 999 en la ciudad italiana de Benevento, siendo consagrado en la Catedral de Colonia en día de Navidad de ese mismo año.
El año 1002 estuvo presente en el lecho de muerte del emperador en Paterno.
Cuando regresaba a Alemania con los restos del emperador y la insignia imperial, fue hecho prisionero por un tiempo por el futuro rey Enrique II, a cuya candidatura Heriberto se había opuesto inicialmente.
Tan pronto como Enrique fue elegido nuevo rey, el 7 de junio de 1002, cambió de postura para pasar a reconocer al nuevo rey y servirlo fielmente, acompañándolo a Roma en 1004 y mediando entre el monarca y la Casa de Luxemburgo entre otras obras. Sin embargo Heriberto nunca se ganó la total confianza de Enrique II hasta el año 1021, cuando el rey reconoció su error y pidió perdón al arzobispo, el mismo año de la muerte del santo.
Heriberto fundó el monasterio benedictino y la iglesia de Deutz, al que hizo generosos donativos y donde se encuentra su tumba. Heriberto fue considerado santo ya en vida.
El papa Gregorio VII lo canonizó entre 1073 y 1075. Su fiesta se celebra el mismo día de su fallecimiento, el 16 de marzo.
Cada instante es un regalo
Santo Evangelio según san Mateo 20, 17-28. Miércoles II de Cuaresma
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Señor, tuyo soy, para ti nací, ¿qué quieres de mí? Quiero cumplir tu voluntad en cada momento de mi vida. Tal vez, como tus apóstoles, soy débil y no soy capaz de darte todo. Conozco bien que soy una criatura de barro. Por eso vengo a ponerme delante de ti, para que seas Tú quien me indique qué es lo que quieres de mí. Yo soy capaz de hacer grandes y heroicas promesas, pero necesito que llenes mi corazón de amor para poder darte con totalidad mi vida.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Mateo 20, 17-28
En aquel tiempo, mientras iba de camino subiendo a Jerusalén, Jesús llamó aparte a los Doce y les dijo: “Ya vamos subiendo a Jerusalén y el Hijo del hombre va a ser entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas, que lo condenarán a muerte y lo entregarán a los paganos para que se burlen de él, lo azoten y lo crucifiquen; pero al tercer día, resucitará”.
Entonces se acercó a Jesús la madre de los hijos de Zebedeo, junto con ellos, y se postró para hacerle una petición. Él le preguntó: “¿Qué deseas?”. Ella respondió: “Concédeme que estos dos hijos míos se sienten, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda, en tu Reino”. Pero Jesús replicó: “No saben ustedes lo que piden. ¿Podrán beber el cáliz que Yo he de beber?”. Ellos contestaron: “Sí podemos”. Y él les dijo: “Beberán mi cáliz; pero eso de sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo; es para quien mi Padre lo tiene reservado”.
Al oír aquello, los otros diez discípulos se indignaron contra los dos hermanos. Pero Jesús los llamó y les dijo: “Ya saben que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. Que no sea así entre ustedes. El que quiera ser grande entre ustedes, que sea el que los sirva, y el que quiera ser primero, que sea su esclavo; así como el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar la vida por la redención de todos”.
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio.
Jesús, ¿cómo vivías con tus discípulos? Quiero contemplar, por un instante esos momentos tan familiares y tan profundos. A veces puedo pensar que eras una persona infatigable, pero ¿cómo eras? Tú, eras el maestro y sin embargo te veo en la última cena lavando los pies de tus discípulos, y dejando a Juan recostarse en tu pecho… y no me es difícil imaginar las largas caminatas, llenas de cordialidad. Puedo pensar, en la paciencia que tendrías al escuchar a tus discípulos y sin duda te reirías, internamente, de la valentía de la madre de los Zebedeos ante tal petición… en fin, no dudo que más que un Señor, serías un gran Amigo.
Y hoy, al arrodillarme delante de la cruz y ver que diste tu vida por mí, veo algo más que una imagen fría, veo a un Dios, a un amigo que lo dio todo por mí, hasta la última gota. Sé que estás aquí para ser mi amigo. Es verdad que mis sentidos no te perciben, pero al igual que tus discípulos puedo gozar de este rato de oración, puedo escucharte, puedo descansar en tu pecho, en tu corazón y gozar de este momento. Te abro mi corazón y te pido ser santo. Sí, es un poco atrevida la petición y no sé si soy capaz de compartir tu sufrimiento, pero Tú has dicho que tocásemos a la puerta y para eso estoy aquí.
Te amo, Jesús, con todo mi corazón, con la sencillez de un niño y estoy aquí para pasar un rato con mi mejor amigo, con el auténtico amigo. No quiero hacer grandes cosas sino quiero vivir cada instante con pasión, hasta la más mínima cosa, pues cada instante es un regalo de tu amor.
«Un corazón tibio se encierra en una vida perezosa y sofoca el fuego del amor. El que es tibio vive para satisfacer sus comodidades, que nunca son suficientes, y de ese modo nunca está contento; poco a poco termina por conformarse con una vida mediocre. El tibio reserva a Dios y a los demás algunos “porcentajes” de su tiempo y de su corazón, sin exagerar nunca, sino más bien buscando siempre recortar. […] Hay una segunda tentación en la que se puede caer, no por ser pasivos, sino por ser “demasiado activos”: es la de pensar como dueños, de trabajar sólo para ganar prestigio y llegar a ser alguien. Entonces, el servicio se convierte en un medio y no en un fin, porque el fin es ahora el prestigio, después vendrá el poder, el querer ser grandes. “Entre vosotros —nos recuerda Jesús a todos— no será así: el que quiera ser grande entre vosotros que sea vuestro servidor”. Así se edifica y se embellece la Iglesia».
(Homilía de S.S. Francisco, 2 de octubre de 2016).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Hoy voy a vivir con especial alegría, pues la vida del cristiano es un servir con alegría a ejemplo de Jesús.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
¿Qué sucede después de la muerte? ¿Qué es el Juicio Particular?
¿Hay vida después de la vida?
¿Qué hay más allá de la muerte? ¿Hay vida después de esta vida? ¿Queda el hombre reducido al polvo? ¿Hay un futuro a pesar de que nuestro cuerpo esté inerte y en descomposición.
El misterio de la Asunción de la Santísima Virgen María al Cielo nos recuerda el sentido de nuestra vida en la tierra y lo que nos espera después de la muerte. El hecho de que la Santísima Virgen fuera llevada en cuerpo y alma al Cielo, cuestión que es dogma de fe para el católico, es un verdadero signo de esperanza para todo.
María, que indudablemente fue adornada de gracias excepcionales por Dios Padre para servir de Madre natural a Su Hijo Jesús, es -a pesar de estos dones especiales- plena y totalmente humana como somos todos los hombres y mujeres de este mundo.
El que María sea una mujer plena y totalmente humana, unido al hecho de que Ella está en el Cielo en cuerpo y alma en forma gloriosa, nos lleva a reflexionar sobre el destino que Dios tiene preparado a todo aquél que viva de acuerdo a esta verdad que aprendimos desde el Catecismo de Primera Comunión: hemos sido creados para conocer, amar y servir a Dios en esta vida y luego gozar plenamente de Su Presencia en la eternidad.
Y … ¿Qué es la eternidad? ¿Qué es la Vida Eterna? ¿Qué es la salvación y la condenación … eternas? Son nada menos que las opciones que nos esperan al terminar esta vida pasajera, temporal, finita … fugaz y muy breve (si la comparamos con la eternidad) que ahora estamos viviendo aquí en la tierra.
Explicaba el Papa Juan Pablo II en su bestseller Cruzando el Umbral de la Esperanza, que la condenación es lo opuesto a la salvación, pero que tienen en común que ambas son eternas. El peor mal es la condenación eterna: el rechazo del hombre por parte de Dios, como consecuencia del rechazo de Dios por parte del hombre.
Pero el mayor bien es la salvación eterna: la felicidad que proviene de la unión con Dios. Es el gozar de la llamada Visión Beatífica, es decir, el ver a Dios mismo «cara a cara» (1Cor. 13, 12). De esto se trata el Cielo, que es un estado, un sitio indescriptible con nuestros limitados conocimientos humanos, pero sabemos que es mucho más de lo que podemos anhelar o imaginar. Por eso dice San Pablo: «ni el ojo vio, ni el oído escuchó, ni el corazón del humano pudo imaginar lo que Dios ha preparado para aquéllos que le aman» (1Cor. 2, 9).
El Papa Juan Pablo II insistía en tocar estos temas escatológicos, que él denominaba de las «realidades últimas». Nos decía así en una de sus Catequesis sobre escatología (11-8-99): «La vida cristiana … exige tener la mirada fija en la meta, en las realidades últimas y, al mismo tiempo, comprometerse en las realidades ‘penúltimas’ … para que la vida cristiana sea como una gran peregrinación hacia la casa del Padre».
En efecto, la vida en esta tierra es como una antesala, como una preparación, para unos más breve que para otros, tal vez más difícil o más dolorosa para algunos. Pero en realidad no fuimos creados sólo para esta antesala, sino para el Cielo, nuestra verdadera patria.
La Virgen María nos muestra, con su vida en la tierra y su Asunción al Cielo, el camino que hemos de recorrer todos nosotros total identificación de nuestra voluntad con la Voluntad de Dios en esta vida y luego el paso a la otra Vida, al Cielo que Dios Padre nos tiene preparado desde toda la eternidad. Allí estaremos en cuerpo y alma gloriosos, como está María, porque seremos resucitados, tal como Cristo resucitó y tal como El lo tiene prometido a todo el que cumpla la Voluntad del Padre (cfr. Juan 5,29 y 6,40).
¿Cómo es la muerte?
La muerte no es el fin de la vida, sino el comienzo de la Verdadera Vida. Para los que mueren en Dios, la muerte es un paso a un sitio/estado mejor … mucho mejor que aquí. No hay que pensar en la muerte con temor. La muerte no es tropezarnos con un paredón donde se acabó todo. Es más bien el paso a través de esa pared para vislumbrar, ver y vivir algo inimaginable.
Santa Teresa de Jesús decía que esta vida terrena es como pasar una mala noche en una mala posada.
Para San Juan Crisóstomo, «la muerte es el viaje a la eternidad». Para él, la muerte es como la llegada al sitio de destino de un viajero. También hablaba de la muerte como el cambio de una mala posada, un mal cuarto de hotel (esta vida terrena) a una bellísima mansión.
«Mansión» es la palabra que usa el Señor para describirnos nuestro sitio en el Cielo. «En la Casa de mi Padre hay muchas mansiones, y voy allá a prepararles un lugar … Volveré y los llevaré junto a mí, para que donde yo estoy, estén también ustedes» (Jn. 14, 2-3).
Es en la Liturgia de Difuntos de la Iglesia donde tal vez encontramos mejor y más claramente expresada la visión realista de la muerte. Así reza el Sacerdote Celebrante en el Prefacio de la Misa de Difuntos: La vida de los que en Tí creemos, Señor, no termina, se transforma; y al deshacerse nuestra morada terrenal, adquirimos una mansión eterna en el Cielo.
Por eso la muerte no tiene que ser vista como algo desagradable. ¡Es el encuentro definitivo con Dios! Los Santos (santo es todo aquél que hace la Voluntad de Dios, aunque no sea reconocido oficialmente) esperaban la muerte con alegría y la deseaban no como una forma de huir de esta vida, que sería un pecado en vez de una virtud- sino como el momento en que por fin se encontrarían con Dios. «Muero porque no muero» (Sta. Teresa de Jesús).
«Qué dulce es morir si nuestra vida ha sido buena» (San Agustín). San Agustín fue un gran pecador hasta su conversión ya bien adulto. El problema no es la muerte en sí misma, sino la forma como vivamos esta vida. Por eso no importa el tipo de muerte o el momento de la muerte, sino el estado del alma en el momento de la muerte.
¿Qué sucede después de la muerte?
¿Qué es el Juicio Particular?
Nuestro destino para toda la eternidad queda definido en el instante mismo de nuestra muerte. En ese momento nuestra alma, que es inmortal, se separa de nuestro cuerpo e inmediatamente es juzgada por Dios. Este momento se llama en Teología el Juicio Particular, y consiste en una especie de radiografía o «scaneo» espiritual instantáneo que recibe el alma por iluminación divina, mediante la cual ésta sabe exactamente el sitio/estado en que le corresponde ubicarse para la eternidad, según sus buenas y malas obras.
Es así como en el momento mismo de la muerte el alma recibe la sentencia de su destino para toda la eternidad. Al decir, entonces, que alguien ha muerto, podría también afirmarse que ese alguien también ha sido juzgado por Dios (cfr. Antonio Royo Marín, Teología de la Salvación).
Por ello ante la pregunta de si conviene esperar el momento de la muerte para prepararnos para la vida eterna, la respuesta parece muy simple: No, no es conveniente, pues no sabemos ni el día, ni la hora, ni el lugar, ni las condiciones de nuestra muerte. Y es mucho, es demasiado, lo que nos estamos jugando en ese instante: nada menos que nuestro destino para siempre, para una vida que nunca tendrá fin.
¿Hay Vida después de la vida?
Sí hay Vida después de la vida. Y la muerte no es el fin de la vida, sino el comienzo de la Verdadera Vida.
El Papa Juan Pablo II nos recordaba en una de sus Catequesis sobre la vida y la muerte las palabras de Jesús: «Yo soy la Resurrección y la Vida» (Jn. 11, 25). Y nos decía que «en El, gracias al misterio de su muerte y resurrección, se cumple la promesa divina del don de la Vida Eterna, que implica la victoria total sobre la muerte. ‘Llega la hora en que todos los que estén en los sepulcros oirán la voz del Hijo de Dios y saldrán los que hayan hecho el bien para una resurrección de vida, pero los que obraron mal resucitarán para la condenación’ (Jn. 5, 28-29). ‘Porque ésta es la voluntad de mi Padre: que todo el que vea al Hijo y crea en El, tenga Vida Eterna y que Yo le resucite el último día'» Jn. 6, 40).
Y nos decía el Papa Juan Pablo II que no debemos pensar que la vida más allá de la muerte comienza sólo con la resurrección final, pues ésta se halla precedida por la condición especial en que se encuentra, desde el momento de la muerte física, cada ser humano. Se trata de una fase intermedia, en la que a la descomposición del cuerpo corresponde «la supervivencia y la subsistencia, después de la muerte, de un elemento espiritual, que está dotado de conciencia y de voluntad, de manera que subsiste el mismo ‘yo’ humano, aunque mientras tanto le falte el complemento de su cuerpo» (JP II, 28-10-98).
¿Qué opciones tenemos para la Eternidad?
Dice el Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica: «Cada hombre después de morir recibe en su alma inmortal su retribución eterna en un juicio particular, bien a través de una purificación, bien para entrar inmediatamente en la bienaventuranza del Cielo, bien para condenarse inmediatamente para siempre» (#1022).
Aquí nos habla la enseñanza de la Iglesia de las opciones que tenemos para la eternidad: Cielo, Purgatorio o Infierno. De estas tres opciones la única que no es eterna es el Purgatorio, pues las almas que allí van pasan posteriormente al Cielo.
¿Qué es el Cielo?
Es un estado y un lugar de felicidad completa y eterna donde van las almas que han obrado conforme a la Voluntad de Dios en la tierra y que mueren en estado de gracia y amistad con Dios y perfectamente purificadas.
¿Qué es el Purgatorio?
Es un estado y un lugar de purificación donde van las almas que han obrado bien, pero que aún deben ser purificadas de las consecuencias de sus pecados antes de entrar a la visión de Dios en el Cielo.
¿Qué es el Infierno?
Es un estado y un lugar de castigo eterno donde van las almas que se han rebelado contra Dios y mueren en esa actitud.
El mundo necesita jóvenes fuertes y ancianos sabios
Catequesis del Papa Francisco, 16 de febrero de 2022.
“La vejez está en condiciones de captar el engaño de esta normalización de una vida obsesionada por el disfrute y vacía de interioridad: vida sin pensamiento, sin sacrificio, sin interioridad, sin belleza, sin verdad, sin justicia, sin amor”, lo dijo el Papa Francisco en la Audiencia General de este miércoles, 16 de marzo, continuando con su ciclo de catequesis sobre el sentido y el valor de la vejez, meditando en es esta ocasión sobre la ancianidad como un recurso para la eterna juventud.
Noé elegido para salvar al hombre del diluvio
En su catequesis de este miércoles, Santo Padre comentó el capítulo 6 del Libro del Génesis, que no habla de como Noé, que era el más anciano de todos, fue elegido por Dios para salvar al hombre de la corrupción y del diluvio. “Dios estaba tan amargado por la difundida maldad de los hombres, que se había convertido en una forma de vida normal, que pensó que se había equivocado al crearlos y decidió eliminarlos. Una solución radical – precisó el Papa – incluso podría tener un giro paradójico de misericordia. No más humanos, no más historia, no más juicio, no más condena. Y muchas víctimas predestinadas por
Tensiones opuestas: juventud eterna y catástrofe final
En este sentido, el Papa Francisco señaló que, a veces también a nosotros – abrumados por el sentido de impotencia contra el mal o desmoralizados por los “profetas de la fatalidad” – nos sucede lo mismo, pensamos que seria mejor no haber nacido. “De hecho, estamos bajo presión, expuestos a tensiones opuestas que nos confunden. Por un lado, tenemos el optimismo de una juventud eterna, encendido por los progresos extraordinarios de la técnica, que pinta un futuro lleno de máquinas más eficientes y más inteligentes que nosotros, que curarán nuestros males y pensarán por nosotros las mejores soluciones para no morir. Por otro lado, nuestra fantasía parece cada vez más concentrada en la representación de una catástrofe final que nos extinguirá. El ‘día después’ – si aún habrá días y seres humanos – se deberá empezar de cero”.
“No quiero hacer banal el tema del progreso, naturalmente. Pero parece que el símbolo del diluvio esté ganando terreno en nuestro inconsciente. La pandemia actual, además, hipoteca, de forma no leve, nuestra representación despreocupada de las cosas que importan, para la vida y para su destino”.
¿La vejez salvará el mundo?
En el pasaje bíblico, explicó el Santo Padre, cuando se trata de poner a salvo de la corrupción y del diluvio la vida de la tierra, Dios encomienda el trabajo a la fidelidad del más anciano de todos, el “justo” Noé. En este contexto, una palabra de Jesús, que evoca “los días de Noé”, y que lo encontramos en el Evangelio de Lucas (Lc 17,26-27), nos ayuda a profundizar el sentido de la página bíblica que hemos escuchado. “De hecho, comer y beber, tomar mujer o marido, son cosas muy normales y no parecen ejemplos de corrupción”. En realidad, Jesús destaca el hecho de que los seres humanos, cuando se limitan a disfrutar de la vida, pierden incluso la percepción de la corrupción, que mortifica la dignidad y envenena el sentido. Y viven sin preocupación también la corrupción, como si fuera parte de la normalidad del bienestar humano.
“Los bienes de la vida son consumidos y disfrutados sin preocupación por la calidad espiritual de la vida, sin cuidado por el hábitat de la casa común. Sin preocuparse por la mortificación y del abatimiento que muchos sufren, y tampoco del mal que envenena la comunidad”.
La corrupción puede volverse normalidad
Lamentablemente, el Santo Padre indicó que la corrupción puede volverse normalidad. “La corrupción obtiene gran ventaja de esta despreocupación que no es buena: ablanda nuestras defensas, ofusca la conciencia y nos hace – también involuntariamente – cómplices”. Ante ello, la vejez está en condiciones de captar el engaño de esta normalización de una vida obsesionada por el disfrute y vacía de interioridad: vida sin pensamiento, sin sacrificio, sin interioridad, sin belleza, sin verdad, sin justicia, sin amor. La sensibilidad especial de la edad anciana por las atenciones, los pensamientos y los afectos que nos hacen más humanos, debería volver a ser una vocación para muchos. Y será una elección de amor de los ancianos hacia las nuevas generaciones. La bendición de Dios elige la vejez, por este carisma tan humano y humanizador.
Noé es el ejemplo de esta vejez generativa
Noé, precisó el Pontífice, no hace predicaciones, no se lamenta, no recrimina, pero cuida del futuro de la generación que está en peligro. Construye el arca de la acogida y hace entrar hombres y animales. En el cuidado por la vida, en todas sus formas, Noé cumple el mandamiento de Dios repitiendo el gesto tierno y generoso de la creación, que en realidad es el pensamiento mismo que inspira el mandamiento de Dios: una bendición, una nueva creación. La vocación de Noé permanece siempre actual.
Y nosotros, mujeres y hombres de cierta edad, no olvidemos que tenemos la posibilidad de la sabiduría, de decir a los demás: «Mira, este camino de corrupción no lleva a ninguna parte». Debemos ser como el buen vino -el buen vino- que al final, cuando es viejo, puede dar un buen mensaje y no uno malo. Por ello, el Papa hizo un llamamiento a todos los que tienen «cierta edad», que tienen la responsabilidad de denunciar la corrupción humana en la que vivimos y en la que sigue esta forma de vivir del relativismo, totalmente relativa, como si todo fuera lícito. Sigamos adelante. El mundo necesita, necesita jóvenes fuertes, que avancen, y ancianos sabios. Pidamos al Señor la gracia de la sabiduría. Gracias.
Una Cuaresma desde Dios
Si vivimos la Cuaresma desde Dios, se convertirá en la mejor preparación para la gran fiesta de la Pascua.
Podemos recorrer los 40 días de la Cuaresma desde una perspectiva errónea, sin darles su auténtico sentido.
¿Cuándo ocurre eso? Cuando vemos la Cuaresma como una tradición de la Iglesia más o menos comprensible pero sin mucho sentido en el ajetreado tiempo que nos ha tocado vivir; cuando buscamos maneras de hacer (nosotros, según los propios deseos) algunos sacrificios para tranquilizar la conciencia y «cumplir»; cuando soportamos con paciencia 40 días en los que nos esforzamos por ser más austeros para llegar luego a momentos de mayor fiesta y alegría… Entonces es que no hemos comprendido el verdadero sentido de la Cuaresma.
Pero también podemos recorrer los 40 días que nos preparan a la Pascua desde una perspectiva justa. Si los pensamos como un momento para orar, ayunar, servir, dar; si los vivimos como una invitación de Dios a la conversión, al arrepentimiento, al cambio de conducta; si los aprovechamos para dedicar más tiempo a la lectura de la Biblia… Entonces habremos hecho un buen uso de esos días tan particulares en el calendario cristiano.
La Cuaresma es un tiempo en el que Dios nos invita, nos llama, nos ofrece ocasiones maravillosas para redescubrir nuestra identidad cristiana. Es verdad que Dios actúa siempre, que no hay tiempos sin que nos busque y nos ofrezca su gracia. Pero también es verdad que, como seres humanos, necesitamos estímulos y ayudas concretas para afrontar con más intensidad y esfuerzo lo que deberían ser compromisos constantes de quienes hemos sido tocados por Cristo en el Bautismo.
Ya estamos en Cuaresma. Si la vivimos desde Dios, si la sentimos como un momento de gracia, de mayor compromiso, de lucha contra el mundo, el demonio y la carne, se convertirá en la mejor preparación para la gran fiesta de la Pascua. Entonces la noticia de la Muerte y de la Resurrección de Cristo llegará más dentro y más fuerte a nuestras vidas: nos permitirá vivir los días de Pascua y todo el resto del año como hombres y mujeres redimidos por la Sangre de Cristo, el Cordero inmolado porque amaba al Padre y a los hombres.
Consejos prácticos Para conservar su Fe Católica
Hay que ir con mucha cautela porque algunos hermanos evangélicos que no trepidan en recurrir a proselitismos desfasados para arrebatarles su fe Católica
Por: P. Paulo Dierckx y P. Miguel Jordá
Cuando un hermano evangélico le invite a orar o a conversar con seriedad sobre la Biblia, naturalmente usted lo puede hacer, siempre y cuando exista un clima de mutuo respeto y caridad. Pero sin polemizar ni tomar actitudes anticristianas.
Pero cuando lo inviten a orar o estudiar la Biblia y usted descubre que su intención no es ésta, sino arrebatarle su fe católica diga: No me interesa, porque usted lo que quiere no es orar o estudiar la Biblia conmigo, sino arrebatarme mi Fe.
Cuando los mormones les prometan dólares, viajes, o ayudas de cualquier tipo con tal que se cambien a su religión, digan: Con la Fe no se juega.
Cuando los Testigos de Jehová les digan: «Cuando yo era católico tomaba, le pegaba a mi señora y pasaba puro peleando…» contesten: Desde este mismo momento ya está usted mintiendo porque si hacía todo esto es que «no era un verdadero católico».
Decía un católico: «Los evangélicos se pasan la mitad de su vida despotricando contra los católicos… como si ellos fueran los únicos justos y perfectos. ¿Por qué en vez de mirar tanto la paja ajena no reflexionan un poco sobre la viga de su propio ojo?».
Ojalá que con motivo de este final de siglo se vayan afinando diferencias y lleguemos a una plena comunión de Fe y de Doctrina entre todos los seguidores de Cristo. Esto sería maravilloso. Pero, por mientras, hay que ir con mucha cautela porque algunos hermanos evangélicos que no trepidan en recurrir a proselitismos desfasados para arrebatarles su fe Católica.
9. Los dilemas de Jacinta: indecisa en su vocación
¿El convento o Facundo o el seminarista?
Por: P. Horacio Bojorge S.J. | Fuente: Clínica del Buen Amor
9.- JACINTA
TENTADA CONTRA EL NOVIO
Presento un proceso de tentación y salida de la tentación en el noviazgo que padece una joven, que llamaré Jacinta, de 24 años, fervorosa, de vida de oración intensa.
Una tentación de la que sale gracias al auxilio divino, la oración, la obediencia a los consejos, aún aquellos que tiene que ponerse a meditar para entenderlos.
Les adelanto algo que Jacinta no se atreve, por vergüenza, a decirme en sus primeros mails. El factor desencadenante de la tentación es un «enamoramiento» con un seminarista.
He visto con demasiada frecuencia, casi como un estilo generalizado, casos de seminaristas que en sus tiempos de «apostolado» coquetean o galantean con las chicas. Hacen con ello un daño inmenso, no sólo a ellas, sino a los varones de la parroquia o del grupo contra los cuales practican a veces una «competencia desleal», porque el carácter presuntamente «más espiritual» de los seminaristas es un fuerte factor de atracción para ellas.
Ya en mis tiempos de estudiante de teología en Holanda, se había introducido entre religiosos y religiosas una especie de galanteo amoroso no comprometido, al que se le llamaba la tercera vía para la afectividad. Se esgrimían como razones la madurez afectiva de quienes debían salir de pasadas represiones de la sexualidad y exageradas cautelas en el trato entre varón y mujer, aún consagrados. Un verdadero desastre que hoy veo instalado como elemento de la cultura de seminaristas y sacerdotes jóvenes en su «apostolado» con las jóvenes.
Jacinta me permite publicar el intercambio epistolar que mantuvimos por correo electrónico, guardando siempre el secreto del Blog sobre las personas.
«Si mi caso -dice – puede ser de ayuda para chicas o chicos que pasaron o pasan lo mismo que yo, ¡alabado sea el Señor! Tiene mi bendición con este trabajo… oremos juntos padrecito, para que dé los frutos que el Señor quiera. Encontré uno o dos correos suyos, con sus consejos ¿quiere que se los envíe? Muchas gracias, padre, por ser instrumento del Señor. María madre nuestra lo bendiga su hijita, Jacinta»
Primera consulta de Jacinta
En este primer mail, Jacinta cuenta que ha hecho un retiro espiritual donde ha tenido mucha consolación. Ha experimentado sanación espiritual, psicológica y física. Pero, al mismo tiempo, le ha pasado algo, que no se atreve a decirme de entrada. Sólo me dice: “mi alma está herida de muerte”. Y pregunta si estoy dispuesto a escucharla y aconsejarla. Le digo por mail que sí, que se anime a hablar. Ella responde en un segundo mail solamente que ha suspendido la fecha de compromiso que tenían fijada con su novio. Pero aún no se atreve a plantear cuál es su problema, cosa que hará en el tercer mail.
1. Hola, padrecito mío:
[…] ¡Cuántas cosas por entender, Padre! ¡Cuántas cosas que busco entender y no me corresponde saber! ¡Cómo puedo hacer para someter mi racionalidad mental a la racionalidad de mi corazón, que sólo busca a su Dios, con pasión, lo busca ardientemente como la Magdalena! pero como dice la Palabra: nada más tortuoso que el corazón del hombre.
En enero de este año, hice un retiro de silencio ignaciano pero con dinámica de sanación interior, de 7 días más o menos, en un pueblo antes de llegar a Santa Fe, dirigido por un sacerdote diocesano, asesor arquidiocesano de la Renovación Carismática.
Me cambió la vida, padre, la existencia, las enseñanzas calaron lo más profundo de mi corazón, y teníamos que hacer, mínimo, cuatro horas de Santísimo diarias para meditar enseñanzas y orar las citas bíblicas que nos daban los servidores o el Padre.
El Señor reveló muchísimas cosas, que nunca vi, sentí ni siquiera algo parecido.
Es tremendo experimentar cuánto nos ama Dios, y es un amor real, palpable, no es una nebulosa, me ama a mí, Jacinta Díaz, se entregó por mí, por mis faltas, cada una de ellas, por amarme, por mi amor… experimentar en carne esto… no se lo puede explicar: Cuando uno experimenta el amor del Señor, no se conforma con menos. Mi corazón se goza en el amor místico del Padre, de Jesús, del Santo Espíritu… es Trinitario, es algo que quiero vivir siempre.
En este momento no puedo expresarlo, padre, porque estoy pasando por un dolor particular, por eso le escribo ¡para recordarme lo que me ama Dios!
El Señor me regala un corazón para que lo adore diariamente, cada día me postro a sus pies para cubrirlo con mis perfumes más hermosos y que se sienta invitado a mi casa, a mi corazón bendecido por él. Aprendí a amarlo, padre, aprendí a amar a mis hermanos. El Señor resucitó en mi el AMOR: tenia muertos los sentimientos totalmente, todo me daba igual, nada me alegraba o me entristecía demasiado, mucho no me importaba mi vida siquiera, tenía una tremenda opción de muerte, auto-destrucción, me estaba matando de a poco con una bulimia que ni mi médico, nutricionista, y menos mi psicólogo podían combatirla, desde el día que ingresé al retiro no vomité mas, ni me di atracones. Después de años de lucha, se fue sola, quedando solo la tendencia lógicamente y un autoestima por sanar. Mi autoestima estaba destruida, nada más que morirme quería ¡Jesús murió por mi; valgo una gota de su Preciosísima Sangre, es bellísimo! ¡Valgo, padre, soy importante, estoy escrita en la palma de la mano de mi Dios!
Pero como siempre, me pasan cosas particulares, y me gustaría primero saber si está dispuesto a orar conmigo, si no es demasiado pedir, pero sabe, padrecito, que no tengo a quien recurrir, solo a Usted. Si responde afirmativamente, le voy a contar lo que me está pasando y me pasó, porque es muy complejo y solo el Señor, en su Misericordia podría revelarnos qué pasa acá.
¡Como llora mi corazón, padre! ¡Como sufre mi alma! tanto, que deseo que la hermana muerte me lleve consigo, porque ¡no se puede continuar! ¿Cómo continuar si mi alma esta herida de muerte?
Bueno, padrecito de mi corazón, me despido esperando pronta respuesta, y orando por Usted como siempre. María lo bendiga: su hija,
Jacinta
Mi respuesta
Le contesté un e-mail diciéndole que podía escribirme y con gusto trataría de aconsejarla. A lo que Jacinta contestó con otro en el que me confesaba que todavía no lograba sincerarse. Posteriormente logró plantear su problema en el correo electrónico que sigue más abajo. En un breve segundo e-mail que no reproduzco, Jacinta me cuenta solamente que ha suspendido la fecha de compromiso que tenían fijada con su novio. Pero aún no se atrevía a plantear cuál era su problema, cosa que hizo en este tercer e-mail.
Recién ahora Jacinta logra vencer la dificultad que tiene para expresarme cuál es el problema que la atormenta. Se ha implicado afectivamente con un chico que es seminarista. Y eso la ha llevado a una crisis en su relación con Facundo y a una mayor confusión interior, volviendo a dudar acerca de su vocación. No sabe si debe entrar a la vida religiosa o seguir con Facundo. Porque experimenta en su piedad religiosa consolaciones sensibles que no encuentra en su noviazgo con Facundo. Y encuentra en el seminarista afinidad al mismo tiempo religiosa y sensible. Todo un nudo. Jacinta se confunde porque no distingue entre voluntad y sensibilidad. Y piensa que allí donde su sensibilidad se conmueve más es donde Dios la llama.
2. Estimado padrecito mío:
Te voy a contar cómo viene la mano, aunque sea raro, y me dé vergüenza. Resulta que para abril habíamos quedado con Facundo, mi novio, que haríamos el compromiso formal con bendición y todo, y ver si en octubre del año que viene casarnos.
Facundo es hijo único, su padre falleció hace años y su mamá está inválida, por lo tanto se demoró nuestro matrimonio por esos temas. Bueno, para navidad, Facundo me regala este retiro de silencio, porque mi alma, padre, estaba en agonía, y si bien Facundo no entiende nada de nada de mis dudas vocacionales, en mis ojos siempre se notó la tristeza, un dolor profundo.
Siempre dudando si tengo vocación matrimonial o religiosa.
Voy al retiro el dos de enero al mediodía, entro en silencio ese día a las 19 horas. Apagué celular, apagué toda conexión con el mundo exterior, porque era mi oportunidad de reconciliarme con Dios, de encontrarlo, de reconocerlo como mi Padre amado, de sentirme amada. Facundo es frío, es buena persona, pero es como yo, un freezer total. Antes de ingresar al silencio, conozco un grupo de chicos jóvenes, como yo, algo más chicos, con una espiritualidad que es tremenda para su edad realmente (Padre, ya tengo 24 años)… dos chicos de un grupo de adoración eucarística, y un seminarista. Tomamos unos mates e intercambiamos experiencias rapidito. Con uno de ellos en seguida hablamos el mismo idioma, padre, y le pasé una poesía de San Juan de la Cruz que me gusta mucho, que es la Llama de Amor viva… Mis santos son Teresita del Niño Jesús, Teresa de Ávila y Juan de la Cruz, los amo, y tengo sus obras completas.
Cuestión que entramos al retiro, y si bien no me fue difícil el silencio interior ni exterior, y estábamos todo el día ocupados con actividades y orando, este chico me inspiraba ganas de rezar realmente, nos cruzamos un par de veces, y sin mirarnos porque corta el silencio, sentí una comunión hermosa con él…
Al finalizar el retiro él se me acerca y me dice lo mismo… que yo le inspiraba ganas de orar, y que sentía conmigo esa misma comunión, me resultó increíble ¿No? Así que esa noche rezamos toda la noche juntos y con los otros chicos, orando, cantando, alabando al Señor por tantas maravillas. Muy bonito. Esa mañana nos volvíamos a nuestras casas. Llegué siendo otra persona, pero no sabía por qué no tenía tanta necesidad de estar con Facundo , después de no verlo ni saber nada de él más de una semana. Casi no lo extrañaba… Llevamos dos años de novios.
Al retiro me fui llorando, porque me costaba separarme de él realmente, y a la vuelta casi nada… no tenía la misma necesidad… Y él se dio cuenta, Padre. ¡No sabes cómo sufrió! ¡Le rompí el corazón, sin darme cuenta! ¡Qué descarada! pero ¿qué ocurría en mi??? ¿Qué me pasaba? Me di cuenta de su frialdad, hasta malos tratos a veces, su acostumbramiento a mí, y que no tenía detalles ¡no era para él un suave pétalo, dulce, que lo hacía feliz y perfumaba su vida! No, no… Nada de eso. No me cuidaba más. Y ya parecíamos esos matrimonios de 80 mil años de casados que están como si fueran un mueble.
A la par de eso, no dejé de tener contacto con este chico, que estaba de vacaciones en su casa, de unas termas donde pensaba irme de vacaciones. Así que invité a mi hermano (porque Facundo no viaja nunca y no quiere por el tema de su mamá, así que nunca va de vacaciones) y nos fuimos con mi hermano a visitar a este chico, compañero mío de retiro, cambiando mi lugar de vacaciones ¿no? y sólo 5 días.
Hablábamos por teléfono todos los días, y orábamos juntos, y lógicamente como se lo debe imaginar, Padre, me enamoré de este muchacho, ¡que es seminarista! Y él, supuestamente, de mí también… pero su llamado al sacerdocio es especial, es muy místico, no sé explicarlo. Y tenía millones de problemas en su aceptación masculina, debido a un abuso sexual, así que eran sentimientos nuevos para él, y nuevos para mí, porque de ser siempre fría, comencé a sentir, sentir de todo, cosas increíbles, nunca tuve «ganas» de estar con alguien, de compartirle mis escritos (porque escribo, padre) o mi espiritualidad, y quería ofrecerle todo de mí, y compartimos todo, sé cosas de él que nadie sabe y él de mí…
Todo esto consciente de que caminaba a consagrarse, recién en segundo año de su seminario. Cuando fui a verlo a su casa, que nos invitó, en un momento en que quedamos solos, me regala un beso suyo, nunca amé así, padre, jamás. Pero ¿qué iba a pasar después de tener una experiencia sensible de un amor que yo era consciente que no lo iba a mantener? Siempre aspiré a amar sin poseer, siempre aspiré a ese amor místico, perfecto, trascendental, que llena, porque Cristo me regalaba un corazón de carne!
Pero estaba Facundo del otro lado, y no lo iba a dejar, así que volví, me confesé de mi infidelidad, pero seguía charlando por teléfono con este chico. Charlando de todo. No pasaba día que no rezara para que el Señor ordenara mis sentimientos, este chico ni siquiera calza dentro de mis parámetros humanos acerca de quién podría enamorarme.
Traté de ahogar mis sentimientos de todas formas, hasta que ingresó al seminario, y los curas le prohibieron acercarse a mí, pero cuando él les expuso todo lo bien que le hacía amar a alguien… Le dieron su bendición. Son muy ortodoxos allá. Pero como su gran herida está en el amor y es enfermizamente escrupuloso, él sí intentó y pudo ahogar todo amor, ahora soy una más en su vida, una amiga de tantas, y me resulta increíble por tanto que charlábamos, me siento usada, como si fuera descartable, y lo acepto, pero ¿Dios me usaría así para sanar un alma de desecharme? Y ya no parece él, es tan frío, distante, que me siento como si tuviera mi corazón partido en mil, aunque nunca quise más que una especial comunión con él, a causa de su llamado.
Ayer decidí alejar de mí todo recuerdo, sentimiento, lo que sea que me haga saberme enamorada, y postrarme ante mi Señor para que me purifique, y que me sea claro el «por qué» de esto. ¿Dios lo dio para sacarlo? ¿Es del demonio? Hablé esto con el sacerdote que nos guió a los dos en los ejercicios, pero se encuentra muy lejos como para que sea mi director espiritual, y me dijo que sentía que el Señor estaba detrás, por cómo venia la mano, pero que siga con mi vida, porque notaba mi alma exhausta, entre éste, Facundo y una posible vocación religiosa.
Entiéndame, padre, que así no puedo comprometerme, y este sacerdote me dijo que me tome mi tiempo, por eso le dije a Facundo de suspender el compromiso, y hablé con él ese tema vocacional, lo otro no, por consejo del mismo cura, y de nuevo le rompí el corazón, y ahora me pide que antes de retomar proyectos confirme. Facundito… al no poder hacer ejercicios en otro lado, los hace por Internet y lo guían sacerdotes por el mismo medio.
Acá tengo un sacerdote que empezó a guiarme, y cuando le conté un sueño rarísimo que tuve, me dijo: pedíle a María la luz, y rezá. Entonces le pedí que orara también conmigo, y me agregó: ¿Querés que te diga los despelotes que tengo yo también?? Así que a pesar de que también le pedí para hacer mi discernimiento con él, porque es el más espiritual de mi ciudad, encuentro puertas cerradas, sola totalmente, Padre… así que bueno.
Esa es la historia, padre, y estoy tentada en pensar que es mejor ser frío y calculador, por qué me siento traicionada, engañada… y bueno, ahora estoy en tratar de recuperar lo que eché a perder con Facundo y estemos bien, pero no entiendo por qué sufro tanto, tanto. Perdón por ser tan larga en contarle esto. María lo bendiga, Su hija
Jacinta
Mi respuesta
Querida Hija
Bien enredada está tu situación afectiva. Conviene al parecer, desensillar hasta que aclare. Tomarse tiempo. Pedírselo a Facundo sin explicar motivos. Pero cortar toda comunicación con el otro chico, que, al parecer no está claro consigo mismo.
He visto muy a menudo la conducta de algunos seminaristas que «coquetean» con chicas pero luego no se atreven a dar el paso de un compromiso firme con alguna y dan marcha atrás. En el galanteo se buscan a sí mismos y no advierten de lo que sus actitudes provocan en el alma y la sensibilidad femenina. O si lo advierten, lo toman más con cierta curiosidad que con compromiso amoroso efectivo, y no solamente afectivo. Ese seminarista no tiene nada real que ofrecerte, Es un espejismo. Y aunque no fuera seminarista no te recomendaría dejar a Facundo por otro.
En resumen: corta toda comunicación con aquél. Pídele un tiempo a Facundo para concretar el compromiso y explicándole que te sientes confundida desde ese retiro. Si él te espera, es porque él te ama. No importa lo frío que te parezca. Y la mujer que no sabe amar al que la ama, deja pasar de largo al que Dios le envía y al que Dios le confía como esposo, como le confió a Adán a Eva.
En el designio del principio, no es Adán para Eva, sino Eva para Adán. No es Facundo para ti, sino tú para Facundo. Y esto viene ordenado desde arriba así. Lo otro es el fruto prohibido que otra vez más ofrece Satanás a Eva.
Podría seguir explicando, pero ojalá que te baste esta explicación así esbozada, para comprender cuál es la verdadera situación espiritual y religiosa, que se ha oscurecido por la conmoción emocional de las pasiones y emociones tuyas y de ese joven.
Así ha nacido en tu corazón una acusación contra Facundo: es frío, no me manifiesta su simpatía ni su ternura. Creo que en ese joven todavía no bien definido, has encontrado un tipo de relación más cercana a la de una amiga que a la de un varón como Facundo.
Pero no está Facundo para cortejarte y halagar tus gustos. Ni para hacer las veces de amig-a tuya masculin-o. [Si bien es cierto que está bien, en el buen varón darle un trato de respeto y delicadeza a la mujer, como buen amigo]. Sino que estás tú, puesta como la esposa que Dios le ofrece a Facundo, para que le dé hijos por amor de esposa. Si él te ha respetado hasta ahora sin exigirte tener relaciones con él y si te ha pedido compromiso, eso es signo cierto de que te ama. Y si no amas a alguien que te ama, es tu corazón el que está mal. Se ha vuelto sobre ti misma. Te está engañando para que te ames más a ti misma que a Facundo. Eso es lo que intuyo que te está pasando. Un engaño con apariencia de bien. Todo bien demoníaco.
En esta cultura todo se ha puesto patas para arriba. Que el Señor te enderece el corazón
Jacinta: Eva fue creada para darle hijos a Adán como don de amor puro. Una mujer ama verdaderamente a un hombre, cuando es capaz de querer darle hijos como don de su amor. Ese amor puro, no es posible sin la gracia. Y la gracia viene por los sacramentos: Confesión, Eucaristía, matrimonio.
Al contrario, las mujeres de la cultura pagana, quieren un hombre para tener hijos que consideran propios y no para su esposo. Quieren un hombre para tener casa. Y ellos quieren casa para tener mujer. Ellas ponen a los hijos contra el padre y se alían con ellos contra el padre…
Y creo que el Padre que te ama, está empeñado en que no seas como ellas, sino como Él te soñó: más parecida a María que a Eva.
Tu padre
Cuarto correo de Jacinta
¡Un gran avance! Jacinta reconoce que el amor de Facundo y el del seminarista no son iguales
4. Padre mío:
El otro chico no me ama como Facundo, eso es una realidad que me di cuenta y lo sé. Pero eso es ahora, ya que al otro chico en su seminario lo apretaron bastante por el tema, y se anuló por completo ¿será de Dios? ¿Por qué, padrecito mío, porqué no puedo amarlo a Facundo como lo amaba antes? Yo no veía la hora de formar una santa familia… ¿Qué me ocurre? ¿Por qué no me llena ese amor? ¿Tan enferma estoy? Su hijita,
Jacinta
Mi respuesta
Hija mía
Lo tuyo no es enfermedad. Es tentación. Y una tentación que viene a caballo de una ignorancia acerca de la diferencia del amor [que es un acto de la voluntad] y de los sentimientos [que están en la sensibilidad]. Es sentimiento, emociones y pasiones que se imponen a tu razón y le ponen una venda a tus ojos para que no veas como amor el amor que te tiene Facundo y para que veas como amor el intercambio de sentimientos con ese chico. Tú, en todo este asunto de tu vocación, has tomado por guía tus propios sentimientos y deseos, y no la medida de la razón, que es la medida de la realidad.
La razón dice que las relaciones virtuosas y los vínculos, establecidos históricamente con un hombre que te quiere, es decir que quiere tu bien, es un asunto de fidelidad. Y que ante el deber de la fidelidad, la sensibilidad debe hacerse a un lado, y no manotearle el volante a la razón.
La razón permite ver la complejidad de los elementos y las personas en juego. Iluminada por la fe, discierne la voluntad de Dios. Y hasta es capaz de sufrir y sacrificar por ser fiel.
¿No será que tu amor a Facundo no estaba puro de egoísmo y necesita ser purificado? ¿Y no será que esta prueba la permite el Señor para que se purifique en el fuego de esta tribulación? A veces, sin darse cuenta, la hija de Eva puede hacerse “adicta” a sus sentimientos y sus emociones. No puede vivir sin ellos o sacrificarlos, de manera parecida a la del drogadicto.
Supongamos que tu amor no era puro, porque -no Facundo mientras te resultaba gratificante- sino el bien de Facundo no contaba, y me parece que aún no cuenta, verdaderamente para ti. Sino que lo que estaba en primer plano era tu amor a ti misma al nivel de tu auto-gratificación sentimental. Querías a Facundo como un bien para ti. Pero no querías – y quizás aún no quieres – el bien de Facundo como un bien para ti.
En este momento ¿puedes querer el bien de Facundo como un bien para ti? ¿Puedes entender que no tú, sino tu bien es un bien para Facundo? ¿Puedes entender que Facundo, no el bien de Facundo, era un bien para ti?
Y ahora te encuentras con otro más que resulta un bien para ti, que agita tu pasión y se presenta como un bien para sectores de tu alma, como la sensibilidad, la percepción estética, la gratificación en el trato, el halago de tu vanidad, etc.
Pero tampoco el bien de este X es un bien para ti. Sino que él mismo es un bien para ti. De hecho, no tiemblas ante la posibilidad de estar coqueteando con un seminarista, o permitiendo que un seminarista coquetee contigo. ¿Ése es el bien de X? ¿Será el bien que Dios quiere para él? ¿O será una tentación para mal de X? Sus formadores ¿te lo sacan a ti? ¿O convencidos de su vocación, defienden el bien de X viéndolo en peligro por una tentación tan común en el varón? ¿Eres capaz de tener en cuenta la posibilidad de que el bien de X no seas tú sino su vocación? ¿Y no tiemblas de estar echando mano como Eva al fruto prohibido, teniendo otro árbol en tu jardín?
A mi parecer, lo que te sucede es que no amabas bien a Facundo. Te parecía amarlo bien. Pero lo amabas bien solamente a medias. Amabas a Facundo con amor mezclado de concupiscencia y no con puro amor de amistad. Y de la misma manera amas ahora a ese chico, No con amor de amistad sino de concupiscencia.
El amor de amistad quiere el bien del otro como su propio bien. Y por eso puede sacrificarse por lograr el bien del otro, como cualquiera hace sacrificios por lograr bienes. Tú no estás siendo capaz de sacrificar-te por el bien de ninguno de los dos. Estás presa en tu incapacidad de amistad pura. Herida como hija de Eva por tu posesividad afectiva, quieres al otro para tu bien, aún a costa del otro.
¿Cómo distinguió Salomón a la verdadera madre del niño? Porque era la mujer capaz de renunciar a la posesión del niño, con tal de preservar el bien del niño. La otra mujer no era la verdadera madre, sino una ladrona de niños. Si Adán-Facundo ya no es un bien para ti, quieres ahora a Adán-X como bien para ti.
Pero y ¿el bien de ellos? ¿Es un bien para ti el bien de cada uno de ellos? No. Los quieres para ti. Porque, por lo visto, no te sabes ver a ti misma como estando en función del bien de otro, en función del bien de Adán F o X. Y lo mismo te pasaría con Adán Y o Z. Lo que tiene que cambiar es tu corazón. Esta prueba es para tu purificación.
¡No es Adán para Eva! ¡Eva es para Adán! Y Eva no será feliz si no se hace cargo del Adán al que Dios la destina. No es Eva la que reconoció a Adán. Es Adán el que reconoció a Eva: «Esta sí es carne de mi carne y hueso de mis huesos». Eva no se hizo a sí misma. Dios la construyó con un pedazo de aquél a quien estaba destinada. Sólo lo que Dios ha unido no lo ha de separar el hombre.
Volvamos pues a tu pregunta: «¿Por qué no puedo amarlo como antes a Facundo?». Voy a formular de nuevo mis hipótesis. Tú dirás si pueden ser verdaderas. A mi parecer, no lo puedes amar como antes, porque antes no lo amabas bien. Tu amor era todavía impuro. Mezclado de egoísmo. Facundo era el que te había rescatado de tu desesperación por tu soledad y del fantasma de la soltería para toda la vida. Te habías agarrado a él como a tu tabla de salvación. Había sido tu bote salvavidas.
Pero he aquí que ahora se presenta un yate que te parece mejor, más confortable, que satisface otras necesidades tuyas, que halaga otras partes de tu ser de Eva.
Entonces tu amor de antes a Facundo, ya no resiste la tentación, y la parte de egoísmo que había mezclada con aquél amor, como un remedio nuevo en paño viejo, tira de tu amor egoísta y lo desgarra.
La solución no está en dejar un amor egoísta por otro amor egoísta. La solución está en purificar de egoísmo el amor primero. Y eso se llama fidelidad. ¡No! No trates de volver a amar a Facundo como antes (como tú dices). Tienes que empezar a amarlo mejor. Con otro amor. Menos mal que a aquél amor que miras con añoranza indiscreta y te parece sano, empieza a madurarle el absceso y le revienta el pus.
Ahora es cuando puedes empezar a amar a Facundo como se debe y no con el amor posesivo y egoísta con que lo amabas antes. Amarlo porque te ama. Porque es el hombre de tu vida, el hombre que te envió el Padre, poniéndole a él en su corazón el amor a ti y el interés por ti. Naturalmente que también en Facundo podrá haber heridas del pecado original, propias del Adán pecador. También en él tendrán que reventar abscesos y padecerá las fiebres como te está pasando a ti ahora.
Eva sufre las penas de Eva. Y Adán las de Adán que son disimétricas. Tú ahora estás padeciendo las tuyas. La tentación de Eva es amarse a sí misma más que a aquellos a quien Dios la destina. Pero la felicidad a la que Dios la llama está en cuidar y procurar el bien de los que Dios le confía. Y no en apoderarse de los otros, poseerlos, y someterlos a sus intereses.
Medita esto y dime si te iluminó algo.
Tu padre
Quinto correo de Jacinta
Querido Padrecito:
Me sorprendió un poco su respuesta, pero estoy a ciegas y no puedo decirle que esto no es así, o al revés, solo que rezaré con especial atención a sus palabras, ya que como dice San Ignacio, en crisis no se puede tomar decisiones. Gracias por su respuesta, y por orar por mí en esta cruz que me consume, no dudo de que el Señor obrará en mí, porque mis oraciones son sinceras y puras, y solo quiero hacer su voluntad. ¡Que aleje al enemigo de mí! María, Madre lo bendiga
Su hijita
Mi respuesta
Jacinta: Las emociones fuertes ciegan la razón. Los bienes sensibles no siempre son bienes para la voluntad, la cual examinándolos con la razón, ve que no son del todo buenos y a veces son malos. Los afectos desordenados son ciegos. Por eso lo que te digo te sorprende. Pero lo que te digo es la verdad divina acerca del amor. Y fuera de esa verdad no hay verdadero amor.
El gusto, es decir, el sentimiento, determina la visión: «Gustad y mirad la bondad del Señor»; «Eva vio y probó, probó y vio»
Que Jesús te sane los sentimientos y la razón. Mejor que te haya pasado esto ahora y no después de casada. Intuyo que Facundo no es perfecto, pero dudo de que otro te quiera como él… aún sin conocerlo y por lo que me dices, es lo que siento. El Señor sabe si me equivoco. Y quizás tú misma lo puedes saber…
Bendiciones, tu padre en el Señor
La tentación vencida
El último correo de Jacinta: Se puede apreciar cómo ha aprendido a no guiarse por la sensibilidad halagada, sino por la lectura de los hechos objetivos, apreciándolos con su inteligencia y basando en ellos las decisiones de su voluntad. Ha visto por fin los hechos que demuestran el amor que Facundo le tiene, garantizado por el respeto, el perdón y la relación casta, en la que puede crecer un amor, fundado en la comunicación de bienes, en la amistad, y no en sentimientos pasajeros, o en el halago de la vanidad espiritual. Un conocimiento de sí misma que es gracia de Dios, le permite ponerse en guardia contra sus propias debilidades y los engaños del enemigo. ¡Gracias Padre, que has dado la victoria a tu hija sobre el enemigo de la mujer! Ella, como hija de María, le pisa ahora la cabeza.
Y de parte del varón, se muestra también en esta circunstancia que Dios había puesto en su corazón el amor por Jacinta, el deseo de su bien, el sufrimiento con su mal, y la comprensión para su debilidad de hija de Eva.
Para los que aman a dios todas las cosas cooperan para el bien. Aún las tentaciones. Ellas nos muestran nuestros puntos débiles, nuestros defectos, pero también el poder del auxilio del señor. Este es el «happy end» de los que viven en gracia.
6. ¡Hola Padrecito mío en Cristo!
Le cuento rápidamente mi vida después de su consejo. Lo razoné. De a poco las cosas se prestaron para que tomara una decisión. Así que bueno… empecé a mirar que el seminarista en cuestión solo me buscaba cuando necesitaba la contención que no tenía o no percibía y después desaparecía, ya sea espiritual o afectivamente, y de usar y apropiarse.
No sé si me explicaría bien con esta comparación, pero algo así como una garrapata espiritual, que terminaba asfixiándome y sacándome la libertad, y se aprovechó de mi condición de poca estabilidad en ese instante de mi vida… y yo, encontraba lo que la concupiscencia me demandaba: ¡halagos y palabras bonitas, sin enfrentar una realidad! ¿Me explico, padrecito mío??
Luego de su correo, empecé a verlo de otro modo, y después empecé a tomar distancia, pidiéndole que por favor no me moleste. Y retomar así con Facundo una relación casi rota, en total crisis y a punto de terminarse… supo recibirme con los brazos abiertos sin dejar de decirme la verdad: que me equivoqué realmente. Ese es el amor, padre, el amor siempre dice la verdad, espera y es paciente.
Y acá estamos, orando juntos, y en un buen momento en nuestro noviazgo, porque juntos, en un amor casto, queremos vivir en Él y para Él, que como Usted sabrá muy bien, hace Nuevas Todas Las Cosas.
En fin… esto es en resumidas cuentas… el dolor que me causó mi pecado fue enorme, pero lo entregué al Señor, porque hice sufrir más todavía a Facundo
Ahorita estoy en mi casa, padrecito, hoy me dan el alta porque me contagié de gripe A y estuve en tratamiento una semana y aislada sobre todo… pero ya estoy algo mejor, las pastillas son realmente fuertes, así que mi debilidad corporal es normal jeje!
¡Que María lo bendiga!
Lo quiere su hijita
Jacinta
Después que le envié a Jacinta en archivo nuestro intercambio de mensajes me respondió:
7. Querido padrecito:
He leído el archivo, es difícil el momento que pasé. Un corazón sano ama más y mejor, y estoy dando esos pasos en confiar en el Poder de Dios sobre mi… leyendo esto, me doy cuenta qué afortunada que fui al ser rescatada por las mismas Manos de Dios de semejante «lio» ¿no?
De ser por mí, allí mismo hubiera quedado tirada, caída en el enorme pozo de las tentaciones y en el río de la pasión, que corre llevándose todo a su paso…
Estoy bien, padre, algo herida, porque la sanidad viene en procesos… pero avanzando y es lo que importa. Mi Señor hace nuevas todas las cosas… y mi felicidad es una felicidad de lago… mansa, calma, bella… que me permite tener un corazón de Adoración. Amar a mi Cristo ya no me aleja de Facundo sino que me integra más a él.
Mañana con más serenidad lo voy a releer, pero así como está me parece bien claro y sobre todo fidedigno. Sé que a varias muchachas les ocurrió lo mismo que a mí.
Ah! Me gusta mi apodo, Jacinta, ja ja! es el nombre de mi mejor amiga en Cristo!
Un abrazo de hija a su corazón de padre… que María, madre nuestra lo bendiga
Su Hijita
Jacinta
Y meses después, superada la tormenta de la tentación, Jacinta me escribe contándome lo siguiente:
8. ¡Hola querido padre mío! ¿Cómo anda? ¿Qué me cuenta? ¡Lo tengo presente en mis Eucaristías diarias! Le estoy eternamente agradecida por ayudarme espiritualmente siempre, siempre, siempre que lo necesité. Rezo en especial en este año sacerdotal por Usted.
Le cuento que estoy bien, preparando mi trabajo final para recibirme y sigo con mi carrera. Estoy trabajando con Facundo, mi novio, que ya está recibido, y compartimos una oficina en la ciudad. Dicho sea de paso, ¡Será pronto la fiesta patronal! Bueno, padrecito, no le robo más de su valioso tiempo, hoy estuve escuchando unos audios suyos del blog del diácono Jorge Novoa, ¡muy hermosos por cierto! Un abrazo de hija a su corazón de padre. Unidos en cada Eucaristía.
Su hija, Jacinta
Cura Brochero, el santo gaucho
San José Gabriel del Rosario Brochero dedicó incansablemente su atención a enfermos y pobres en el tiempo de peste en Córdoba y en el Valle de Traslasierra
José Gabriel del Rosario Brochero, más conocido como el Cura Brochero, nació en Villa Rosa (Argentina) el 16 de marzo de 1840. Era el cuarto de diez hermanos. El 4 de noviembre de 1866 fue ordenado sacerdote y desde aquel momento desempeñó una ingente labor pastoral por toda Argentina.
En 1867, atendió a los enfermos y moribundos que sufrieron la peste en Córdoba.
De ser teniente-cura de la catedral de aquella ciudad pasó a ser vicario del actual Valle de Traslasierra, un vasto territorio lleno de personas que vivían en la miseria.
Se desplazaba a lomos de su mula “Malacara” y con sus propias manos ayudó a levantar iglesias, capillas y escuelas.
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El Cura Brochero era de trato inmensamente cercano, lo que hacía que compartiera todo con sus feligreses.
Esto provocó que ya anciano se contagiara de lepra, puesto que atendía a enfermos incurables. Quedó ciego y sordo por esta razón y en 1914 falleció.
San Juan Pablo II, al conocer su vida, dijo: «Entonces el cura Brochero sería el Cura de Ars de la Argentina». Fue canonizado por el papa Francisco el 16 de octubre de 2016.
Santo patrón
San José Gabriel del Rosario Brochero es patrono del clero argentino y, desde septiembre de 2020, patrono de la Fuerza Armada de Despliegue Rápido de Argentina.
Oración. Señor, de quien procede todo don perfecto:
Tú dispusiste que san José Gabriel del Rosario
fuese Pastor y guía de una porción de tu Iglesia,
y lo esclareciste por su celo misionero, su predicación evangélica
y una vida pobre y entregada:
te suplicamos que, por su intercesión,
alcancemos la gracia que humildemente te pedimos… (pedir la gracia).
Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén
Lo condenarán a muerte
Meditación al Evangelio 16 de marzo de 2022
Caminar hacia Jerusalén con Jesús siempre ha sido un riesgo. Será entregado en manos de los sumos sacerdotes y de los escribas, lo condenarán a muerte, se burlarán, lo azotarán y lo crucificarán… ¿Qué queda en el corazón de los discípulos cuando escuchan hablar así a Jesús? El desconcierto es evidente en muchas ocasiones y en ésta aparece más el contraste, porque mientras Jesús habla de cruz, la madre de los hijos del Zebedeo se acerca para pedirle privilegios.
Es una constante nuestra: rehuir el dolor, el compromiso y buscar los primeros lugares. La madre anhela las mejores oportunidades para sus hijos y pide a Jesús que le conceda ese privilegio. Como es natural, y como nos pasaría también a nosotros, los discípulos protestan y se enojan con quienes quieren estar por encima. A nosotros nos pasa lo mismo: cuando alguien quiere sobresalir, cuando alguien quiere estar por encima, nos enojamos y se suscitan los conflictos. Baste pensar en nuestras reuniones, nuestros grupos o aún en la misma familia. Son fuertes pleitos por ser quien más autoridad tiene, quien manda sobre los otros o quien saca más provecho de las situaciones.
A los listos de nuestro tiempo viene a decirles Jesús que su práctica tiene otros principios que van más allá de esa ley de la selva donde sobreviven los más fuertes, que su reino se basa en el servicio, en la búsqueda de encuentro con el otro, en asumir la cruz como escuela de donación y de entrega.
Es triste contemplar en nuestro ambiente todas las trampas y corrupciones que se dan en la búsqueda de los primeros puestos. Aunque se argumenta que se quiere servir al pueblo, la forma que se busca despiadadamente el poder, nos hace temer que no se entiende qué es el servicio, y que no se piensa al estilo de Jesús.
¿Qué le decimos hoy a Jesús? Es cierto tenemos miedo al servicio y a la cruz, pero Él nos ha dado ejemplo y nos asegura que no hay otro camino para darle vida al pueblo, sino el camino es que Él mismo ha elegido. Este día contemplémonos en nuestras diferentes situaciones y busquemos también nosotros imitar a Jesús que ha venido a servir y no a ser servido.
El Papa reza por Ucrania: Perdón por la guerra, detén la mano de Caín
Antoine Mekary | ALETEIA
La desgarradora súplica del Papa realizada durante la audiencia general del miércoles junto a los fieles y peregrinos de todo el mundo
“Perdónanos por la Guerra, Señor”, rezó el papa Francisco este miércoles 16 de marzo de 2022 en el aula Pablo VI del Vaticano.
El pontífice lanzó una súplica desgarradora a favor de la paz en Ucrania. “¡Detengan la mano de Caín!”.
«No contentos con los clavos con los que atravesamos tu mano, seguimos bebiendo la sangre de los muertos desgarrados por las armas”.
Así rezó el Sucesor de Pedro junto a los fieles y peregrinos de todo el mundo para pedir el final de la agresión de Rusa en territorio de Ucrania.
“Perdónanos si estas manos, que creaste para cuidar, se han convertido en instrumentos de muerte”, añadió.
También señala que la guerra es fratricida: «Y cuando hayas detenido la mano de Caín, ocúpate también de él. Es nuestro hermano».
El Papa denunció las duras repercusiones que tendrán que vivir los niños : «¡En nombre de Dios, deténganse!».
Muy recordado entre los fieles presentes en la Audiencia General, el llamamiento del Papa «¡Jamas la guerra! Piensen sobre todo en los niños, a quienes se les quita la esperanza de una vida digna».
Perdónanos por la Guerra, Señor
A continuación, la oración completa por la guerra en Ucrania escrita por el Arzobispo de Nápoles, Monseñor Mimmo Battaglia y recitada por el Papa en la audiencia de hoy:
Perdónanos por la Guerra, Señor. Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten piedad de nosotros, pecadores. Señor Jesús, nacido bajo las bombas de Kiev, ten piedad de nosotros. Señor Jesús, que murió en los brazos de su madre en un búnker de Kharkiv, ¡ten piedad de nosotros! Señor Jesús, enviado con veinte años al frente, ¡ten piedad de nosotros! Señor Jesús, que aún ves las manos armadas a la sombra de tu cruz, ¡ten piedad de nosotros! Perdónanos, Señor, si, no contentos con los clavos con los que atravesamos tu mano, seguimos bebiendo la sangre de los muertos desgarrados por las armas. Perdónanos, Señor, si estas manos, que creaste para cuidar, se han convertido en instrumentos de muerte.
Perdónanos, Señor, si seguimos matando a nuestro hermano, si seguimos como Caín sacando piedras de nuestro campo para matar a Abel. Perdónanos, Señor, si seguimos justificando la crueldad con nuestro cansancio, si con nuestro dolor legitimamos la crueldad de nuestros actos. Perdona la guerra, Señor.
Señor Jesucristo, Hijo de Dios, te lo imploramos. ¡Detengan la mano de Caín!
Ilumina nuestra conciencia, que no se haga nuestra voluntad, ¡no nos abandones a nuestras propias acciones! ¡Para todo, Señor, detennos!
Y cuando hayas detenido la mano de Caín, ocúpate también de él. Es nuestro hermano. ¡Oh, Señor, detén la violencia! ¡Detennos, Señor!